Por Ricardo
Raphael.
En el verano del 2016 Édgar Elías Azar,
entonces presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México,
presentó una demanda de amparo contra la Ley 3 de 3 porque, a su juicio, de
darse a conocer públicamente su patrimonio vería afectadas su independencia y
autonomía como juzgador.
Tres años
después nos enteramos de que este exfuncionario público cuenta con un
patrimonio inmobiliario cuyas rentas anuales rondan los 78 millones de pesos:
ahora sí conocimos las verdaderas razones que motivaron aquel amparo.
Édgar Elías
Azar no quería que se hiciera público cuán millonario se volvió durante los
38 años en que fungió como funcionario.
El
expresidente del Tribunal Superior de la capital comenzó su vida profesional
como intendente –sacudiendo libros en una biblioteca, según sus propias
palabras–; fue mecanógrafo, archivista, taquígrafo y un día logró hacerse juez
de paz.
Sus bisabuelos
fueron sirios y sus abuelos libaneses; el padre nació en un barco y él creció
en la ciudad de Acapulco. Es descendiente de migrantes que llegaron con una
mano atrás y otra adelante, así que no puede presumir haber recibido su
millonaria riqueza por vía heredada.
Tampoco
hay nada en su currícula que lleve a suponer una actividad empresarial capaz de
proporcionarle tal patrimonio. La robusta masa financiera que ostenta no la
obtuvo vendiendo alfombras persas, importando vino francés ni montando una fábrica
de pantallas planas.
El origen
de su riqueza fueron las conexiones personales que le entregó la diosa fortuna:
Édgar Elías Azar tuvo como compañero de clase a un político que llegó a ser
enormemente poderoso durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, José
Francisco Ruiz Massieu, el influyente excuñado que murió asesinado a plena luz
del día.
No podría
explicarse la exitosísima carrera de Elías Azar sin este dato biográfico
fundamental. Cuando Ruiz Massieu fue gobernador de Guerrero, Elías Azar ocupó
la cartera de secretario de Finanzas. Por aquellos años Acapulco vio pasar
inversiones inmobiliarias muy grandes, sobre todo en la zona conocida como
Punta Diamante.
Las crisis
que deja el magistrado Elías Azar.
Con la
muerte de su amigo y mentor, Elías Azar regresó a la carrera judicial,
obtuvo un puesto como juez civil, luego como magistrado del TSJDF y finalmente,
en 2008, se hizo de la presidencia de ese órgano, a la cuál se aferró durante
casi una década. En tono de broma sus colegas lo llamaban el Porfirio Díaz del
Poder Judicial.
Durante
su mandato, este Tribunal padeció una severa crisis de legitimidad. Los rumores
fueron creciendo y decían que ahí dentro la justicia se vendía al mejor postor
porque los jueces perdieron autonomía, ya que, desde la presidencia, Elías
instruía el sentido que debía darse a las sentencias.
Suman
muchas decenas las víctimas de su presunto comportamiento corrupto. Encabezan
la lista Paola Cusi, última esposa de Emilio Azcárraga Milmo; la empresa Yahoo!
Inc, que denunció la corrupción del Tribunal ante autoridades estadunidenses;
los herederos de Ramón Ferrant Sola, la colombiana Stephanie Magón Ramírez, la
abogada Ana Katiria Suárez, quien lo acusó por acoso sexual; y así un largo
etcétera de personas agraviadas que estaban aguardando la oportunidad para
hacerse escuchar.
Para
obtener ingresos anuales de 78 millones de pesos, derivados de rentas
inmobiliarias, es necesario contar con un patrimonio, al menos, 10 veces
superior. ¿Cómo explicar que un funcionario público honrado haya amasado tan
cuantiosa fortuna?
Aquí es
donde los rumores entran en auxilio de lo inexplicable. Según denuncia
presentada en Estados Unidos ante la SEC (Securities and Exchanges Commission)
–a propósito de un caso en el que estuvo involucrada la empresa internacional
Yahoo! Inc–, desde la presidencia del TSJDF Édgar Elías Azar encabezó una red
de corrupción y tráfico de influencias para torcer los renglones de la justicia
capitalina.
Durante
octubre y noviembre de 2013 el periodista Miguel Badillo reportó la
existencia de grabaciones, documentos y testimonios que corroborarían
acusaciones muy graves (Contra Réplica).
También
se le señaló por prevaricación –delito en el que pueden caer los jueces cuando
dictan resoluciones arbitrarias a sabiendas de que dicha decisión es injusta y
contraria a la ley.
Elías Azar multiplicó
el número de sus enemigos cuando decidió, contrario a las costumbres del
Tribunal capitalino, mantenerse en el puesto durante tres mandatos
consecutivos; al parecer no fue por popular que obtuvo lo que quería, sino
gracias a que una maquinaria de apoyos inconfesables abrazó su causa.
Para
aderezar una reputación muy cuestionada dos mujeres presentaron también en
su contra denuncias por acoso sexual: la abogada Ana Katiria Suárez y una
periodista cuyo nombre permanece protegido.
La
Fiscalía General de la República no ha proporcionado más información sobre la
presunta denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera de la
secretaría de Hacienda en contra de Édgar Elías Azar por enriquecimiento
ilícito y lavado de dinero.
Sin embargo,
de algo hay ya evidencia más que palmaria: el expresidente del Tribunal
Superior de Justicia de la CDMX no es más un hombre arropado por el manto de la
impunidad. Y sin esa protección, son muchos quienes querrán hablar, reclamar y
denunciar por las decisiones tomadas durante la época más penosa en la historia
de la justicia capitalina.
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