Ricardo Ravelo.
Justo cuando muchos países –China, Islandia, entre otros
–están apostando por la desaparición de los bancos y el desecho de los cajeros
automáticos, por obsoletos, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en una
acelerada carrera hacia atrás, anunció la creación del Banco del Bienestar y se
propone construir 2 mil 700 sucursales que costarán unos 10 mil millones de
pesos en los próximos diez años.
El Banco del Bienestar –institución financiera que será la
dispensadora de recursos para programas sociales más gran del país – será una
entidad del Estado porque, según el Presidente, en manos privadas no habría
garantías de que los servicios llegasen a los más apartados rincones del país.
Y puso como ejemplo a la Comisión Federal de Electricidad, sin cuya labor,
dijo, México no tendría electricidad en las zonas más apartadas. Algo que parece
exagerado, pues otros Estados democráticos han aligerado sus cargas: Austria
privatizó sus bosques y están mejor cuidados que antes; los servicios funcionan
como país de primer mundo en manos privadas. Un Estado paternalista ya no
funciona en el planeta. Seguir pensando que el Estado lo va a resolver todo es
someter a la sociedad a una atrofia, como ocurrió en Cuba durante la era de los
Castro: muchas generaciones se acostumbraron a vivir de las bondades del Estado
y terminaron con las manos atadas.
Otros países se preparan para encarar el futuro preparando a
sus respectivas sociedades, no arrullándolas en el más profundo sueño de la
inconsciencia, como ocurre en México con el Presidente Andrés Manuel López
Obrador, quien en el terreno social da pasos hacia atrás. Quiere que la gente
lo venere como un benefactor, signo enfermizo del populismo. Y quien lo critica
se vuelve enemigo del régimen. En todo ven la mano del imperialismo o de los
conservadores.
En China, Islandia, Alemania, Austria –por citar sólo algunos
países –muchas empresas ya se preparan para enfrentar la desaparición del
dinero tal cual lo conocemos, en billetes y monedas, para abrir paso al dinero
electrónico que, como formas de pago, ya opera y facilita la vida.
Este giro ha hecho posible que en Islandia, por ejemplo, los
bancos ya empiecen a ser vistos como museos y los cajeros automáticos, antes
una novedad, ahora estén en la basura, tal y como ocurrió en México con
millones de casetas telefónicas instaladas en cada esquina y a lo largo y ancho
del país que funcionaban con una moneda o bien con una tarjeta (Ladatel).
Localizado al extremo norte de Europa, Islandia es el ejemplo
en cuanto al avance tecnológico y las formas de pago: el dinero está
despareciendo y sus habitantes, distribuidos en 103 mil kilómetros cuadrados de
territorio, ahora utilizan un Ship, puede portarse en la piel, el cual contiene
todos sus datos financieros –cuentas, saldos, movimientos –y con éste
dispositivo pagan servicios como gasolina, transporte, colegiaturas, el
supermercado, los dispensadores de refrescos, cafés y comida. Es decir, la vida
en Islandia no depende bancos ni de cajeros automáticos, menos de las tarjetas
de débito y/o crédito. Otro medio de pago es el teléfono celular y, al igual
que en otros países europeos, pueden pagar sus servicios con una modalidad
conocida como E-voucher: se pone la suma a pagar y en una tienda se cubre el
monto. A veces no es necesario ir a la tienda salvo para pasar por la mercancía
o bien ésta, si se solicita, es llevada a casa por el propio negocio que la
vendió. Si el producto no funciona o no llena las expectativas del cliente, se
cambia y se devuelve el pago. Lo primero es el cliente, siempre y en todo
momento.
Recientemente Facebook anunció el lanzamiento de su criptomoneda
–Libra –y sus clientes potenciales son sus propios usuarios. La novedad es que
esta forma de pago no necesita bancos.
La conectividad ha facilitado la vida en China, donde hasta
los lustradores de calzado cobran por un medio electrónico; el país asiático
también fue de los primeros en digitalizar su economía, simplificando la vida y
desechando bancos y largas colas en sucursales bancarias. Este modelo ya es
totalmente obsoleto.
En Europa la digitalización económica y la nueva dinámica
adquirida a través de la conectividad ha hecho posible el surgimiento de
empresas como My World, una compañía que desde hace 15 años opera un programa
de lealtad único en el mundo que consiste en ganar dinero mediante el consumo.
Su éxito está probado en 50 países.
Es muy fácil el esquema: una tienda se afilia a My World a
través de un recomendador o Marketers; el negocio fideliza a sus clientes: les
otorga una tarjeta en la que siempre que compren algo la mostrarán: My World
les otorga puntos y dinero en efectivo por cada compra. Los puntos van a la
tarjeta, el dinero a la cuenta bancaria. El cliente se entera del beneficio
cinco segundos después de que pagó su consumo, mediante un mensaje de texto
enviado a su celular.
El cliente consumidor puede cambiar sus puntos –llamados
“Shoping Point” –en los negocios registrados en la red alrededor de cincuenta
países, tanto en compras presenciales como en línea y disponer de su dinero
ganado –llamado Cashback — en cada compra a la hora que guste. Siempre está
disponible en su cuenta. A su vez, el Marketers o recomendador realiza una
carrera empresarial dentro de My World y gana con todo el consumo de los
clientes. Este esquema ha hecho posible que millones de Pymes hayan evitado la
quiebra, pues con las ganancias obtenidas a través del consumo de sus clientes
en todo el mundo pueden pagar luz, agua, nómina, insumos y cubrir otras
necesidades.
El negocio está operando en cincuenta países. My World sólo
cuenta con una oficina en cada país y el resto de las operaciones se realizan
en línea. No se necesitan bancos ni infraestructura costosa. Su sistema
electrónico es uno de los más seguros del mundo. Su oficina matriz está en
Graz, Austria.
Este esquema se le propuso al Gobierno de Andrés Manuel López
Obrador, a principios del 2018, a través de una charla sostenida con Jesús
Ramírez, su vocero. Se le dijo que en varios países este proyecto ha permitido
financiar muchos programas sociales a través del consumo de la gente y todos
ganan: las Pymes, los consumidores y la gente necesitada, pues no existe margen
para el error debido a que el negocio depende del consumo y éste jamás se
detiene.
Le entregué a Jesús Ramírez una propuesta documentada,
bastante viable, sobre todo por la austeridad del Gobierno y la necesidad de
apoyar a la gente necesitada a través de programas sociales. Si el Presidente
analiza esta propuesta –le dije –le va a interesar. Hay millones de Pymes en
México y de consumidores. My World podría apoyar con su programa único en el
mundo todos los programas sociales y de forma permanente, sin el riesgo de que
cambien de un sexenio a otro.
El planteamiento fue sencillo: se incorporan a My World una
red de Pymes en el país y todas las ganancias del consumo se canalizan a las
instituciones de beneficio social, mediante un Fideicomiso mixto: público y
privado. Se establece un proyecto permanente, independiente del Gobierno, que
opere todo el tiempo.
“Está muy interesante”, dijo. Ofreció tratar el tema con la
Secretaría de Economía o incluso con el Presidente. “Yo te llamo”, propuso.
Pero jamás hubo comunicación. Le marqué a su celular unas diez veces, a lo
largo de varios meses, y nunca contestó. Tampoco su asistente, Ana Duarte,
quien ni siquiera respondió los mensajes de WhatsApp, no obstante que habíamos
acordado una nueva cita.
Ahora el Gobierno impulsa el Banco del Bienestar, una
institución que se propone superar a todos los bancos del país en presencia con
una amplia red de sucursales: 2 mil 700, según se anunció.
Es cuestionable que en los tiempos en que la Internet y la
conectividad ofrecen ventajas para facilitar la vida, el Gobierno apueste por
un banco cuando bien podría aprovechar la red que ya existe con la banca
comercial. Ya que el presidente habla de ahorros y de no tirar el dinero, pues
ahí están los casi 20 mil Oxxos que operan en el país, la multiplicidad de
tiendas de autoservicio y la red telefónica móvil para que le gente más
necesitada crezca y aprenda a desarrollar su vida sin mayores cargas
burocráticas y pérdidas de tiempo. Esto permitiría ahorrar diez mil millones en
la construcción de las sucursales, un sinsentido sexenal.
Si el Estado asume una postura paternalista –nada más
enfermizo para una sociedad –la gente no podrá dar el salto en el uso de las
nuevas tecnologías. En China hasta los lustradores de calzado cobran por medios
electrónicos. También lo pueden hacer los pobres de las zonas más apartadas del
país disponiendo de conectividad, algo con lo que debe contarse. En las
comunidades más apartadas, con las ventajas de la conectividad, también será
posible que los beneficios sociales lleguen a través de las cuentas bancarias
registradas y se dispongan directamente en sucursales ya existentes o bien se
realicen pagos desde un dispositivo móvil. Este simple detalle es un gran salto
para la sociedad mexicana. El paternalismo asfixia. Ya lo dice una máxima: no
le des pescado a la gente, enséñale a pescar. López Obrador atiende el problema
de la pobreza como si los pobres fueran inválidos.
¡Qué ofensa!
GARCÍA LUNA: AHORA DELATOR
Acusado de proteger los intereses del Cártel de Sinaloa,
Genaro García Luna decidió volverse delator y, así, recibir los beneficios de
ley a la hora en que sea sentenciado.
Al principio, el policía mexicano se había mostrado renuente:
se declaró no culpable de los delitos de los que se le acusa, en abierto
desafío a la autoridad estadunidense. “Prueben sus acusaciones”, parece haber
dicho el ex Secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón.
Pero no pasó mucho tiempo para que García Luna buscara llegar
a un acuerdo con la justicia estadunidense. Si no fuera culpable, no tendría
ninguna necesidad de buscar una negociación. En el fondo García Luna sabe que
es responsable. Ahora el punto central es qué va a decir ante las autoridades
estadunidenses sobre los vínculos de políticos mexicanos con el narcotráfico,
de cómo su exjefe –Felipe Calderón –se benefició de la protección al cártel de
Sinaloa y de su poderoso jefe, Joaquín “El Chapo” Guzmán.
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