Enrique Quintana.
Tal vez en los nuevos tiempos no se perciba la importancia de
mantener la inflación en niveles bajos. Muchos imaginan que es algo natural.
Sin embargo, quienes vivimos etapas inflacionarias con
incrementos de precios de más de 100 por ciento anual, sabemos la relevancia de
este hecho.
El Inegi dio a conocer, el día de ayer, que la inflación
durante 2019 fue la segunda más baja desde que se lleva registro. Esa
contabilidad comenzó en 1970.
Sólo en 2015 hubo un nivel de inflación por abajo del
registrado el año pasado. Esto significa que el crecimiento promedio de los
precios durante 2019 permitió un incremento sensible en el poder de compra de
los salarios, que subieron alrededor de 6 por ciento en promedio.
A veces se desestima la relevancia que tiene para el ambiente
económico general la estabilidad de los precios.
Hay quien argumenta que la razón por la cual estamos
alcanzando niveles tan bajos de inflación es fundamentalmente porque no hay
crecimiento económico.
Pero, si observamos lo que pasó en 2009, podemos encontrar
que, por lo menos, el argumento es parcial.
En aquella crisis, el PIB descendió más de 6 por ciento, y
sin embargo, la inflación registrada ese año fue de 3.6 por ciento, contra 2.8
por ciento de este fin de año.
Es decir, no todo el desempeño en materia de inflación
deriva del ritmo de crecimiento de la economía. La menor demanda puede ser un
factor que influya en el comportamiento de los precios, pero está lejos de ser
el único.
Otros argumentos apuntan a que si bien el crecimiento general
de los precios ha bajado, cuando se analiza la llamada 'inflación subyacente',
el resultado no es el mismo.
En efecto, este indicador, al final de 2018 fue de 3.68 por
ciento, y al término de 2019 fue de 3.58 por ciento, un descenso de apenas una
décima de punto porcentual.
Un subgobernador de Banxico me comentaba alguna vez que, al
final de cuentas, subyacente o no, lo que la gente registra es el
comportamiento general de los precios.
En la llamada 'inflación no subyacente' hay a veces factores
circunstanciales, ajenos al manejo de las políticas monetaria o fiscal.
El propio López Obrador, en muy diferentes ocasiones, ha
señalado que uno de los factores que influyen más en el ambiente político es la
suerte.
En este caso, la coyuntura externa, que ha determinado
precios de las materias primas y productos agropecuarios a la baja, ha influido
positivamente en el comportamiento general de los precios.
La clave ahora es preguntarse si este buen desempeño de la
inflación se puede extrapolar a 2020.
Todos los indicios disponibles hasta ahora permiten señalar
que el crecimiento de los precios este año seguirá relativamente bajo.
Tal vez lo que ha ocurrido en este mes de enero podría
generar una percepción distinta. Hemos visto revisiones tanto en precios
administrados, por ejemplo,
fijados por los gobiernos, así como en precios libres determinados
exclusivamente por las empresas.
Sin embargo, hay elementos que nos permiten pensar que ese
no será el comportamiento regular en el curso de este año.
Así que, no parece nada exagerado pensar en un nivel
inflacionario cercano al 3 por ciento para este 2020.
Si ese fuera el caso, nuevamente tendríamos un crecimiento
significativo en el poder adquisitivo de los salarios.
Y luego hay quienes se preguntan por qué se mantiene la
popularidad de AMLO.
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