Alfredo
Jalife-Rahme.
La renuncia
intempestiva, debido a su colitis ulcerativa crónica, del premier japonés,
Shinzo Abe, quien estuvo casi ocho años en el poder con el mayoritario partido
conservador (sic) Liberal (sic) Democrático –mezclado con una política
neoliberal y a su alianza con Trump–, provocó fuerte conmoción que comporta
enormes consecuencias en la geopolítica regional, no se diga a escala
neoeconómica, ya que Tokio ostenta el cuarto lugar, aunque en declive, del PIB
nominal mundial, muy detrás de China.
Japón exhibe
dos enormes vulnerabilidades estructurales: la mayor deuda del mundo frente a
su PIB (https://bit.ly/3gPlcnZ) y el mayor envejecimiento global: una sociedad
superanciana, la cuarta parte de su población. En Japón la demografía, más que
su geografía, es destino.
Abe será
recordado por haber ideado el concepto geoestratégico Indo-Pacífico para
contrarrestar el irresistible ascenso de China y sus tres Rutas de la Seda –si
hacemos caso a la versión del Wall Street Journal (https://on.wsj.com/3gRakWx).
No extraña
la amplia cobertura que proveyó al retiro de Abe el Financial Times (FT) –cuyo
control accionario es compartido por la banca Rothschild y el conglomerado
financiero nipón Nomura– donde resalta un artículo del israelí-británico Gideon
Rachman, quien abulta la lucha de Xi Jinping con el saliente premier nipón (
FT, 31/8/20). Rachman exulta que Abe no haya hecho concesión alguna en la
disputa por las islas Senkaku-Diaoyu y da a entender que su arribo al poder, un
mes después del mandarín Xi, tuvo como tarea principal (sic) fortalecer a Japón
para lidiar con una China cada vez más poderosa y autoritaria. El propagandista
de la banca Rothschild, Rachman, aduce que el dilema estratégico de Japón no
puede ser resuelto solamente por Tokio, cuyo destino (sic) puede depender de
los desarrollos políticos que se encuentran fuera de su control: en EU y en la
China de Xi. Rachman juzga que sería tentador para un gobierno nipón adoptar
una política de apaciguamiento cuando en China ponen en tela de juicio la
soberanía de Japón sobre Okinawa con una población de 1.4 millones donde se
encuentra la mayor base militar de EU en la región (sic). Concluye que la
respuesta al ascenso de China es un desafío generacional (sic) para Japón, que
navega en un futuro incierto (sic). ¿Está dispuesta la banca Rothschild a
arrojar debajo del autobús a Japón para congraciarse con China?
Global Times
comenta que las relaciones de China y Japón pueden retroceder debido al impacto
de EU: los lazos de China y Japón empeorarán cuando los difícilmente logros
diplomáticos se evanescerán, ya que “la reciente interacción entre Japón y EU
en defensa militar aumenta las preocupaciones (https://bit.ly/31LFp9I)”. El
portal chino refiere el encuentro en Guam entre Mark Esper, secretario del
Pentágono, y su homólogo nipón, Taro Kono, con el fin de impedir la soberanía
china en las islas Diaoyu, que los japoneses llaman Senkaku. A juicio de Da
Zhigang, bajo la presión de EU y las fuerzas conservadoras domésticas, el
próximo premier japonés podría sumarse a la Alianza de los Cinco Ojos,
encabezada por EU, y convertirse en el sexto ojo para vigilar a China. La
Alianza de los Cinco Ojos está formada por la anglósfera de EU/Canadá/Gran
Bretaña/Australia/Nueva Zelanda (https://bit.ly/3hVzfK4).
Más allá de
la diatriba de Koichi Nakano, politólogo de la Universidad Sofía en Tokio, en
el NYT, que no le perdona al saliente Abe sus estrechos lazos con Trump
(https://nyti.ms/3bjhl1m), WSJ, cercano a Trump, adelanta que Yoshihide Suga,
jefe de gabinete del premier saliente, emergió como favorito cuando los
acuerdos militares y la coordinación en referencia a China serán sus pruebas
tempranas. WSJ concluye que Suga es la opción de la continuidad. Un escollo de
las cálidas relaciones de Japón con Trump será el financiamiento de los 54 mil
soldados de EU en Japón. Por cierto, el grupo de Abe se encuentra nervioso ante
un escenario de que triunfe Biden, quien es más favorable a China.
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