Luego de cinco años de desaparecidos,
los cuerpos de los hermanos chiapanecos Andrés y Mauricio Reyes López fueron
por fin devueltos a sus familiares, luego de haber desaparecido en julio de
2012 y ser inhumados clandestinamente en las fosas de la Fiscalía de Morelos, en
marzo de 2014.
Esta mañana,
personal de la Fiscalía local, familiares de víctimas y peritos de la
Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) realizaron la diligencia para
entregar los cuerpos de los dos jóvenes, quienes en julio de 2012 se encontraban
en tránsito por la entidad y cuyos cuerpos fueron localizados días después de
su desaparición en el municipio de Jantetelco, en la zona oriente del estado.
Los restos de ambos hermanos fueron
entregados a su padre, Ángel Reyes, quien viajó en compañía de otra de sus
hijas hasta Cuautla para recuperarlos, luego de buscarlos por cinco años en los
estados de Veracruz, Oaxaca, Puebla y Morelos.
“Estamos muy tristes. Estos cinco
años hemos estado muertos en vida. Más que nada caminando por ahí, porque no los
encuentra uno. No sabe uno nada, absolutamente nada, no sabe uno si están
muertos o están vivos. No sabe uno si los tienen esclavizados, se pone uno a
pensar muchas cosas”,
relató.
“Lo que siento es una tristeza muy grande,
porque no esperaba que fueran cadáveres. Pero ya se tranquiliza uno, porque
cuando menos ya sabe uno dónde se le va a poner una veladora y así”, dijo Ángel Reyes, padre de las
víctimas, en entrevista posterior a recibir los cuerpos de sus dos hijos.
El 20 de julio de 2012 los dos
hermanos salieron de Jitotol, comunidad chiapaneca, con rumbo al norte del
país. Cinco días después tuvieron su última comunicación con su familia. Por
separado, uno de ellos comentó que estaba en Oaxaca y el otro en Puebla.
Después de eso ya no supieron nunca de ellos.
Pero sí recibieron varias llamadas en
las que exigían a la familia el pago de dinero a cambio de la liberación de sus
dos hijos. Cuenta don Ángel Reyes: “Me hablaron varias veces. Me habló una
persona con voz fuerte. Me dijo que mis hijos estaban vivos, pero que no
estuviera hablando más. Que no estuviera llamando, porque a uno de mis hijos lo
tenían amarrado y que ya no hablara. Como a las 15 minutos mi hijo me habló y
me dijo que ya no le hablara, que él se iba a comunicar”, pero ya nunca supo de ellos.
La familia inició las denuncias
penales por desaparición tanto en Oaxaca como en Puebla. En ese momento a las
familias se les tomaron muestras biológicas para llevar a cabo el proceso de
identificación.
Los cuerpos de Mauricio y Andrés
fueron encontrados el 26 de julio de 2012, seis días después de que salieron de
su comunidad. Los hallaron a un lado del camino a San Marcos, en el rancho El
Cazahuate, en el municipio de Jantetelco, al oriente de Morelos.
Luego, sin que las autoridades
locales realizaran la toma de muestras genéticas, ambos cuerpos fueron depositados,
el 28 de marzo de 2014, en las fosas clandestinas de Tetelcingo, a pesar de que
sus familiares llevaban para entonces dos años buscando a los jóvenes.
Como Andrés y Mauricio, 119 víctimas
fueron depositadas en las fosas en 2014. En diciembre de ese mismo año la familia de Oliver Wenceslao
Navarrete Hernández obligó a las autoridades a exhumar todos los cuerpos hasta
encontrar el de su familiar. Esta acción fue grabada en video y su divulgación,
a finales de 2015, hizo posible que en mayo de 2016 los cuerpos fueran
exhumados y se les tomaran muestras genéticas para su identificación.
La
identificación de los cuerpos de Andrés y Mauricio ocurrió a partir de la
confronta de los perfiles genéticos de estos cuerpos y de sus familiares,
quienes llevan cinco años buscando a Andrés y Mauricio, de 30 y 27 años,
respectivamente.
Con estos dos cuerpos suman ocho los
que fueron exhumados de las fosas clandestinas de la Fiscalía en Tetelcingo.
Primero fueron entregados los cuerpos de Oliver Wenceslao y el de una maestra
cuya identidad permanece en el anonimato. Más tarde se entregó el cuerpo del
joven Israel Hernández, materialista de Cuernavaca; después se entregó el de
María Dolores Juárez, originaria del Estado de México.
Además, se entregaron los cuerpos de
Apolinar Delgado, quien murió atropellado en Cuernavaca en 2013, y el de Arturo
Adame, asesinado en 2011 en Cuautla. La coincidencia es que todos estos cuerpos
eran buscados por sus familias, algunos de ellos claramente identificados por
sus parientes, como los de Oliver, la maestra, Apolinar y Arturo y, a pesar de
ello, fueron inhumados clandestinamente en las fosas de Tetelcingo.
Desde el 21
de marzo pasado se lleva a cabo un proceso similar en otras fosas de la
Fiscalía, éstas ubicadas en Jojutla. Se
pensaba en un inicio que se encontrarían entre 35 y 38 cuerpos, sin embargo, en
la primera semana se exhumaron 45 cuerpos y desde entonces no dejan de salir.
Al viernes 7 el número ya superaba
los 60. Esta semana
se llevará a cabo una reunión en la Secretaría de Gobernación para determinar
cuándo se continúan los trabajos suspendidos por la Semana Santa.
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