Javier Risco.
Es difícil
llevarle el paso al Presidente. Ha dicho tanto en menos de un semestre de
gobierno, que, si sigue así, al final del sexenio habrá hablado más ante la
prensa que todos los presidentes estadounidenses juntos. Así de brutal es su
exposición ante las cámaras. Así que, apelando a mi memoria, creo que fueron un
par de adjetivos los que utilizó para describir a la oposición hace algunos
meses: fue “ternuritas” y “ridículos”. Lo dijo cuando trascendió en distintos
medios que se estaba formando un grupo con diversos actores políticos llamado
“Yo sí quiero contrapesos”. Los acabó con esa declaración, no se supo más del
“colectivo”, varios se deslindaron y se diluyó a los pocos días. Sin embargo,
retomo sus adjetivos. Sé que no debemos caer en la polarización y que no son
los mejores acompañantes para la crítica, pero lo que sucedió ayer en el PRI es
“ridículo” y cae en la “ternura”.
En un
proceso de reconstrucción, después de un 2018 para el olvido, el tricolor
presumía su proceso interno para un nuevo comienzo: “Hoy, el PRI acredita que
es un partido lleno de energía, con visión de futuro y ánimo democrático”,
decía en febrero pasado Claudia Ruiz Massieu… y pues no.
Ayer, tras
una militancia de más de 46 años, José Narro, exrector de la Universidad
Nacional Autónoma de México y uno de los que había levantado la mano para
dirigir al PRI en esta “nueva etapa”, informó su renuncia al partido.
¿Por qué?
“Hoy hago pública mi decisión de renunciar a formar parte de la simulación en
el proceso de elección de la nueva dirigencia de mi partido, pero también mi
renuncia al PRI Oficial México, partido en el que milité por más de 46 años”,
así lo tuiteó y, después, a través de un video en redes sociales, señaló: “Son
groseros los indicios de intervención del gobierno federal en la misma
dirección”.
Narro, con
una declaración, desnudó al PRI que sólo él creyó que había cambiado. “El
partido volvió a formas centralistas y autoritarias que se creían superadas”,
otra vez… pues no. El PRI sigue fiel a sus principios y todo indica que el
dedazo se impondrá en la elección del nuevo presidente.
Otra de las
voces críticas en el Revolucionario Institucional es la exgobernadora Ivonne
Ortega. A través de su Twitter dijo coincidir con la decisión y las razones de
José Narro, pero señaló que no puede ganar la cúpula y no se va a rendir para
recuperar el partido.
Por este
tipo de grietas dentro de la oposición es que el Presidente, dedicándoles
treinta segundos en su mañanera y dos adjetivos contundentes, hace que se
vuelvan a desmoronar. Nunca he votado por el PRI, pero sé que millones de
mexicanos lo han hecho, que ven incluso en este partido una buena opción para
las próximas elecciones (no sé si millones hoy en día, pero sí cientos de
miles, en fin). Tienen una base fiel por la simple razón de estar en el poder
por más de siete décadas, viven por su tradición política pero sufren su
realidad partida y sin rumbo.
No se puede
articular una oposición desde las ruinas, no fueron capaces ni siquiera de
operar la unidad en una contienda interna en la que sinceramente no se ganaba
nada. Esta columna no es grito desesperado ni mucho menos, es una confirmación
de los dos adjetivos usados por el Presidente. Con días como ayer, al menos el
PRI se ve como eso, como un partido “ridículo” lleno de “ternuritas”.
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