Javier Risco.
¿Vale la
pena detenernos otra vez en señalar los excesos del Presidente cuando los hace
tres veces a la semana? ¿Caemos en un circuito sin fin donde levantamos la voz,
pedimos que gobierne para todos y ni siquiera le importa? ¿Es una forma de
gobernar a la cual nos tenemos que acostumbrar? Oootra vez el presidente Andrés
Manuel López Obrador hizo una declaración que en voz de cualquier otro
presidente hubiera causado la indignación nacional.
La historia
es la siguiente: El colectivo #NoMásDerroches, conformado por diversas
organizaciones (Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, Causa en Común y
Coparmex), despachos de abogados y al menos un centenar de ciudadanos que son
usuarios del aeropuerto, pilotos aviadores y pobladores de Texcoco y Santa
Lucía, interpuso 147 juicios de amparo para detener las obras del Nuevo
Aeropuerto de Santa Lucía. El 12 de junio, un Tribunal Colegiado de Circuito
les dio la razón y ordenó suspender de manera provisional la construcción del
aeropuerto hasta que no se cuente con todos los estudios de seguridad aérea, y
obligó a conservar las obras ya realizadas en el Aeropuerto Internacional de
México en Texcoco (NAIM): “se ordena que se mantengan las obras del NAIM, sin
que sean destruidas, hasta que se revisen a fondo por parte del juez de
Distrito, todos los elementos de prueba del expediente”, señaló el Tribunal.
Previamente, el 7 de junio pasado, un juez federal ordenó la suspensión
definitiva de la construcción de Santa Lucía “hasta que existan las
autorizaciones necesarias que aseguren que dicho proyecto no perjudicará al
medio ambiente ni atentará contra el patrimonio cultural” de la región. En
total, de acuerdo con la organización #NoMásDerroches, son cuatro los amparos
obtenidos hasta el momento. El colectivo en voz de Gerardo Carrasco, abogado
litigante y director de Litigio Estratégico en Mexicanos Contra la Corrupción y
la Impunidad, señala que es viable jurídicamente que los jueces de amparo en
una sentencia definitiva ordenen, por un lado, la cancelación del Aeropuerto de
Santa Lucía y la reanudación de los trabajos de Texcoco, para que éste sea
terminado al 100 por ciento.
La reacción
del Presidente ha sido la esperada, al menos por los que vemos una tendencia de
confrontación en sus palabras en lo que van de sus seis meses de gobierno: “si
eso lo lograran (la cancelación del aeropuerto de Santa Lucía), yo tendría aquí
que informar por qué se detiene y quiénes son los responsables; o sea, no iban
a quedar en el anonimato: A ver, este señor que tiene estos intereses presentó
un amparo y este juez se lo otorgó, y nosotros consideramos que es injusto”.
Así el Presidente. Detengámonos en “este señor que tiene estos intereses
presentó un amparo y este juez se lo otorgó”. ¿A qué le suena? Se necesita ser
muy ingenuo para no ver un amago, una amenaza a los que el Presidente otra vez
llama “adversarios”.
¿Qué hay que
hacer ante esta declaración? ¿Ante la amenaza del Presidente? Hasta el momento,
nada, sus seguidores ven a la “tenebrosa oligarquía” detrás de estos ciudadanos
que detienen el “progreso” de la 4T. Otra vez estamos en medio de una guerra de
dichos que sinceramente comienzan a desgastar el debate y la acción colectiva.
No se trata de ciudadanos que les parece ridículo que se construya un
aeropuerto en Santa Lucía, cuando no hay absolutamente nada que sustente el
proyecto; no, se trata de ciudadanos que quieren acabar con la presidencia y el
México que ve López Obrador. A los que defienden Santa Lucía no les cabe en la
cabeza que simplemente se les exige a las autoridades un estudio serio sobre
una de las obras más importantes del sexenio, nada más. La presentación de un
proyecto ejecutivo bien sustentado y estudiado, tiempos reales de construcción,
un proyecto de impacto ambiental serio, lo mínimo.
En fin,
López Obrador amenaza ante el triunfo de algunos contrapesos, y lo seguirá
haciendo, ¿cuánto aguantarán los ciudadanos y colectivos organizados? Ojalá que
cinco años más, hasta el momento son los únicos que al menos merecen unas
palabras del Ejecutivo en sus mañaneras, porque la oposición política está más
que derrumbada.
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