Raymundo
Riva Palacio.
Las tres
primeras preguntas de la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel
López Obrador el viernes pasado en Oaxaca, formuladas por el reportero Alberto
Morales, de El Universal, fueron puntuales y provocaron una respuesta de
consecuencias no vistas. Morales preguntó su evaluación sobre los eventos en
Culiacán, cómo le informó el gabinete de seguridad, quién tomó la decisión para
liberar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, y qué se valoró
para liberarlo. Las respuestas merecen se transcritas:
“A mí me
informaron por la tarde. (El viernes) van a dar el relato sobre los acontecimientos
en el tiempo… Comenzó alrededor de las tres de la tarde, un poco más. De
inmediato se reunieron los integrantes del Gabinete de Seguridad para darle
seguimiento a todo este asunto. El secretario de la Defensa, el secretario de
Marina, el secretario de Seguridad, se concentraron, se reunieron y le dieron
seguimiento al problema, y tomaron decisiones que yo respaldo, que yo avalo,
porque se tornó muy difícil la situación.
“Y estaban
en riesgo muchos ciudadanos, muchas personas, muchos seres humanos, y se
decidió proteger la vida de las personas. Y yo estuve de acuerdo con eso,
porque no se trata de masacres, ya eso ya se terminó. No puede valer más la
captura de un delincuente que las vidas de las personas. Ellos tomaron esa
decisión y yo la respaldé. También decirles que se trató de un operativo que
llevó a cabo el Ejército a partir de una orden de aprehensión de un presunto
delincuente; pero, como ya lo expliqué, hubo una reacción muy violenta y se
ponía en riesgo la vida de mucha gente”.
La respuesta
del Presidente es moral, pero políticamente equívoca y legalmente una
aberración. López Obrador mostró:
1.- Que la
ley, para él, es discresional.
2.- Viola el
artículo 16 de la Constitución, en cuyo párrafo cuatro establece: “La autoridad
que ejecute una orden judicial de aprehensión, deberá poner al inculpado a
disposición del juez, sin dilación alguna y bajo su más estricta
responsabilidad. La contravención a lo anterior será sancionada por la ley
penal”.
3.- Él no
tenía atribuciones legales para liberar a Guzmán López. La Fiscalía General es
quien las tiene.
4.- Las
declaraciones del Presidente lo hace un delincuente confeso, al violar el
artículo 150 del Código Penal Federal, que establece:
“Se
aplicarán de seis meses a nueve años de prisión al que favoreciere la evasión
de algún detenido, procesado o condenado. Si el detenido o procesado estuviese
inculpado por delito o delitos contra la salud, a la persona que favoreciere su
evasión se le impondrán de siete a quince años de prisión, o bien, tratándose
de la evasión de un condenado, se aumentarán hasta veinte años de prisión.
“Si quien
propicie la evasión fuese servidor público, se le incrementará la pena en una
tercera parte de las penas señaladas en este artículo, según corresponda.
Además será destituido de su empleo y se le inhabilitará para obtener otro
durante un período de ocho a doce años”.
5.- Violó
convenios internacionales suscritos por México, como el Estatuto de Roma, de la
Corte Penal Internacional, que establece en su artículo 28:
“El jefe
militar o el que actúe efectivamente como jefe militar, será penalmente
responsable por los crímenes de la competencia de la Corte que hubieren sido
cometidos por fuerzas bajo su mando y control efectivo, o su autoridad y
control efectivo, según sea el caso, en razón de no haber ejercido un control
apropiado sobre esas fuerzas cuando:
1.- i)
Hubiere sabido o, en razón de las circunstancias del momento, hubiere debido
saber que las fuerzas estaban cometiendo esos crímenes o se proponían
cometerlos; y
2.- ii) No
hubiere adoptado todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para
prevenir o reprimir su comisión o para poner el asunto en conocimiento de las
autoridades competentes a los efectos de investigación y enjuiciamiento”.
6.- Violó
tres convenciones de Naciones Unidas, sobre Prevención del Delito y Justicia
Penal, Contra la Delincuencia Organizada Transacional, y Contra la Corrupción.
Las
declaraciones del Presidente no dan lugar a duda sobre la violación en la que
incurrieron el gabinete de seguridad y él mismo. Aceptar un chantaje del crimen
organizado lo desnuda como un Presidente débil al frente de un Estado débil, y
sometido por acciones terroristas. El argumento moral sólo se sostiene en
términos religiosos, no en el mandato de la Constitución. Esta discusión es
sensible porque quienes apoyan la decisión de López Obrador lo ubican en la
coyuntura del jueves, sin considerar los mensajes previos de claudicación ante
el crimen organizado –amnistía o no confrontarlos–, ni lo que vendrá después.
Las primeras
planas de la prensa nacional e internacional sobre los sucesos en Culiacán tenían
como común denominador el énfasis de que se capturó a Guzmán López y luego se
le dejó en libertad. Lo que resaltaron fue la capitulación del Estado de
derecho y la oficialización de un país sin leyes. Esto tiene consecuencias
inmediatas. El mensaje es el de la Pax Narca, donde las organizaciones
criminales deciden la suerte de la nación. Este interlineado llevará a
inversionistas a considerar si sus inversiones en México, actuales o en
planeación, son una buena idea. Adicionalmente, refuerza el viejo argumento del
presidente Donald Trump, de que si las Fuerzas Armadas no pueden con los
cárteles de la droga, el Pentágono se encargará de ello.
Todo esto no
es una hipótesis. Desde el jueves ya hay preguntas de inversionistas en ese
sentido y señales desde Estados Unidos sobre este país sin Estado de derecho,
por decisión del presidente López Obrador, y mensajes de la familia Trump de
que México es un país sin leyes.
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