Enrique
Galván Ochoa.
Le
preguntaron a López Obrador en la mañanera de ayer si considera que el episodio
de Culiacán fue un cuatro. Contestó que, suponiendo sin conceder, si eso
hubiera sucedido, nos hizo lo que el viento a Juárez. La oposición ha hecho
todo lo posible para magnificar el suceso –ciertamente grave–, inclusive hay
fuego amigo. Vale analizar lo que está ocurriendo. Se percibe un cierto interés
en distanciar a las fuerzas armadas del Presidente. Hacer creer a la opinión
pública que los altos mandos no coinciden con la filosofía humanista de no
responder a la violencia con más violencia. Sin embargo, si el suceso en tierra
sinaloense hubiera terminado en una masacre, con el capo capturado, muerto o
prófugo, la crítica sería que detenerlo no valía la muerte de tantas personas.
Y acusarían a las tropas de haberse excedido y violado derechos humanos y al
Presidente de ser un sujeto sanguinario como Felipe Calderón, es decir, también
estarían intrigando. Hay que recordar cómo fue que el presidente López Obrador
designó al secretario de la Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, y al de
la Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán. No fue por recomendación de los
mandos que se fueron, tampoco de Peña Nieto ni por escalafón. Ha dicho que
atendió, en primer lugar, que no fueran corruptos y que fueran leales a México.
Hay una relación fuerte, de mucho respeto con el Comandante Supremo. Va a estar
difícil que prosperen las intrigas.
El cuatro.
Si fue
cuatro o fue un error sin intenciones perversas, lo esclarecerá la
investigación que echó a andar el fiscal general, Alejandro Gertz Manero. En
conferencia de prensa, Gertz deslindó al Presidente de cualquier
responsabilidad en el operativo cuyo resultado fue la liberación de El chapito
Ovidio Guzmán. No es un asunto fácil, pero es un tema que nosotros en la
Fiscalía asumimos plenamente, aseguró. Circulan varias versiones de los hechos,
pero todavía no hay una que satisfaga a los ciudadanos. Tan fácil como decir la
verdad. La diferencia entre lo que sucedió y lo que pudo haber pasado, haya
sido o no un cuatro, es que la gente en Culiacán está viva, disfrutando de un
balde de cerveza como sólo allá saben enfriarla y unos buenos tacos de camarón.
¿Oreja?
El director
general del Infonavit, el itamita Carlos Martínez Velázquez mantiene una
relación de tiempo atrás con el consejo editorial de un diario al que se
atribuyen tendencias conservadoras. Bienvenida la crítica de todos, le hace
falta al país. Sin embargo, no falta quien sospecha que es una oreja que se
coló en la 4T y eso no se vale. En todo caso es un funcionario al que le falta
sensibilidad para atender los problemas de los derecho-habientes. Recientemente
publicó esta sección una denuncia del señor Pablo Cervantes Mijares, de
Guadalajara. Su madre, Norma Eugenia Mijares, médico especialista de cuidados
críticos y terapia intensiva de la clínica 45 del IMSS, fue víctima de fraude y
suplantación de identidad. Al cobrar su quincena se percató de un descuento por
8 mil pesos y al investigar le informaron que el descuento corresponde a un
crédito de remodelación del Infonavit. Y son varias víctimas. ¿Cómo es tan
fácil suplantar la identidad si hay varios filtros? Pero el director del
Infonavit ocupado en sus tareas de asesor editorial parece ignorarlo.
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