Salvador
Camarena.
Un buen amigo
me recomendó un libro para lidiar con las varias esperas en los aeropuertos de
un viaje realizado esta semana.
El volumen
se llama La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez (Tusquets, 2018).
Con esta novela el autor, de 45 años de edad, se hizo acreedor hace dos años al
Premio Renaudot de su natal Francia, y los críticos comparan este libro con
otro de gran éxito y también sobre un nazi: HHhH, de Laurent Binet.
El libro es
sobre ese gran criminal que fue Mengele, pero entre uno y otro aeropuerto a mí
me capturaron algunos párrafos, que comparto en este viernes. Son sobre Juan
Domingo Perón, su esposa Evita y la Argentina. Aunque se trata de fragmentos,
los cito sin alterar el orden en que aparecen en el relato.
“La gente
profesa un auténtico culto al líder de la nación, un dúo, un oso con un
uniforme de opereta y un gorrión engastado en joyas. El redentor y la oprimida:
Juan y Evita Perón se exhiben triunfalmente en todos los muros de la capital”.
“Provincianos,
ambiciosos y revanchistas, Evita y Perón se parecen”.
“(Como joven
soldado, Perón) explora las vísceras de Argentina en cada uno de sus destinos y
descubre a peones reventados de trabajo, a los obreros de los mataderos de
Buenos Aires peor tratados que los animales que llevan allí a degollar”.
“Las
desigualdades de un país rico, principal proveedor de materias primas a
Inglaterra, que, a su vez, dicta su ley: los ingleses controlan la red
ferroviaria, los bancos explotan los tesoros de la pampa e inmensos bosques de
quebrachos rojos cuyo tanino extraen. Los grandes terratenientes acaparan el
poder y celebran suntuosas fiestas. En Buenos Aires se dan la mano palacios y
cuchitriles, el teatro Colón y los burdeles de La Boca”.
“A Perón se
le agota la paciencia. Indiferentes a las desdichas de los ciudadanos, los
dirigentes corruptos organizan la penuria, predican la democracia pero cometen
fraude en las elecciones”.
“La década
de 1930: fumaderos de opio, escándalos financieros, éter y cocaína, un robo a
mano armada. A mediados del infame decenio, Evita, adolescente, desembarca en
Buenos Aires para convertirse en actriz.
“A la
cándida y frágil muchacha la engañan productores sin escrúpulos. Evita se
subleva: jamás olvida ni perdona nada. Sueña con sacar violentamente a los
traidores de sus inmundas guaridas, con decapitar a los barones del azúcar y de
la ganadería conchabados con los capitalistas extranjeros que pisotean a los
humildes como ella. Evita es más fanática y apasionada que Perón”.
“En 1946 se
han hecho los dueños de Argentina, con el apoyo de la Iglesia, los militares,
los nacionalistas y los proletarios: la hora de la espada ha llegado”.
“Los Perón
quieren emancipar Argentina y anuncian una revolución estética e industrial, un
régimen plebeyo”.
“Perón es el
primer político que sacude a la vetusta sociedad colonial argentina”.
“Los Perón,
mediadores del pueblo y de la voluntad divina, consolidan el orden nuevo,
nacionalista y autoritario. Purgan la universidad, la justicia, la prensa, la
administración; triplican los efectivos de los servicios secretos, hombres de
gabardina beis y traje oscuro. Perón vocifera: ‘Alpargatas sí; libros no!’:
despedido de su puesto en la biblioteca municipal de Buenos Aires, Jorge Luis
Borges es ascendido a inspector nacional de aves de corral y conejos”.
“Es un
catecismo simple y popular que ofrece un compromiso inédito entre el cuerpo y
el alma, el monasterio y el supermercado”.
Esta es
parte de la lectura de Perón y el peronismo hecha por Olivier Guez en 2017.
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