Por Daniela
Barragán.
La
alfombra de pasto sintético está rota, el techo ya está visiblemente afectado
por el sol, unas telas rojas decorativas ya están deterioradas y algo que
pretendía ser unas escaleras o más espacio para pasto sintético es solo tierra
y piedra.
Así luce
hoy la “obra cultural” más importante del Estado de México, según lo dijo en
2017 el entonces Gobernador de la entidad, Eruviel Ávila Villegas, hoy Senador
de a República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El
Auditorio Metropolitano de Tecámac nunca fue ni lo más cercano a eso que se
prometió. Funcionó para albergar mítines de Enrique Peña Nieto previo a la
elección de Gobernador -en la que terminó victorioso Alfredo del Mazo Maza-,
luego se rentó para eventos privados, se hicieron algunos conciertos y luego,
sin más, ocho meses después de inaugurado, se cerró de manera indefinida.
Tras la
toma de protesta de Del Mazo, se dio a conocer que ese nuevo Gobierno lo
pondría en venta porque mantenerlo no era rentable, ya que necesita de dinero y
cuidados similares a los del Auditorio Nacional, según reveló una fuente al
interior de la administración priista. En enero del año pasado, las autoridades
informaron que estaban en vías de preparar un concurso para concesionar el
recinto, pero hasta el momento no se ha anunciado algo al respecto.
Fue una
decisión explícita del propio Gobernador y de su equipo no destinar recursos al
mantenimiento del Auditorio, ya que se necesita dinero para el mantenimiento,
para concluir la obra y para financiarlo, justo como funcionan los centros de
espectáculos en otras partes del país y del mundo.
Son 600
millones de pesos los que están ahí invertidos en un inmueble que no se
utiliza. Ahí, en medio de los olores fétidos, de avenidas en las que los
semáforos no funcionan y con terrenos abandonados.
La Auditoría
Superior de la Federación (ASF) detectó que en un inicio la obra se proyectó
con un costo de 430 millones de pesos y sería construida en 307 días, pero el
monto aumentó 169 millones 929 pesos, ya que el costo final fue de 600 millones
de pesos, un incremento del 39.5 por ciento; los días de construcción pasaron
de 307 a 553 días y faltó por comprobar el uso de 34 millones 999 mil pesos.
En la Cuenta
Pública de 2015, la ASF concluyó que la tardanza se debió, de inicio, a una
“deficiente planeación del proyecto”; razón por la que la empresa constructora
decidió implementar cambios porque el lugar no cumplía con las normas para
espacios públicos de uso masivo, además de que el predio ni siquiera era
adecuado.
“Debido a
que se ejecutaron conceptos no considerados en el catálogo original del
contrato y por adecuaciones al proyecto ejecutivo, tales como “que el proyecto
no satisface a cabalidad las necesidades de capacidad o aforo de usuarios; no
está adecuado a las características del predio ni del contexto inmediato y no
cumple con la normativa vigente para espacios públicos de uso masivo”, con lo
que se constató una deficiente planeación del proyecto en cuestión”, se lee en el documento de la ASF.
Ese 10 de
marzo cuando el gobernador Eruviel Ávila Villegas tomó la palabra en la inauguración,
preguntó a los presentes quiénes de ellos habían estado en el Auditorio
Nacional disfrutando de algún evento y criticó que “sólo la gente pudiente”,
era la que podía estar en lugares de recreación, de cultura, de exposiciones.
Y agregó:
“aquí, en Tecámac, en Ecatepec, en Zumpango, en toda esta región tal vez
seremos de pocos recursos, sí, pero de mucho corazón y de muchos principios”.
Sin embargo,
el hoy Senador, no ha dado explicaciones sobre el sobreprecio y el retraso
de esta obra que se hizo sin estudio ni proyecto ni normas de calidad y con
pagos que no se tenían contemplados.
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