Enrique
Galván Ochoa.
México
mejoró su calificación en el Índice de Corrupción de la organización
Transparencia Internacional. Mejoró en cuanto a la posición que ocupa en la
lista de 180 países; ahora se encuentra en el lugar número 130, con un avance
de ocho lugares. Sin embargo, en cuanto a calificación en materia de probidad
sólo mejoró un punto. Transparencia le asignó 29 puntos en una escala en que
100 es la máxima. Ningún país, por cierto, alcanza 100. ¿Cuál es el mérito de
esta mejoría mínima en el primer año de gobierno de López Obrador? Ha hecho su
divisa, su mantra, abatir la corrupción; incluso ha declarado que ya no hay
corrupción en su gobierno. El mérito consiste en que detuvo la caída; el
prianismo dejó a México en ruta a quedar como el más corrupto del planeta. No
obstante, un punto no hace justicia a lo que ha logrado hasta ahora la 4T. Por
primera vez en la historia hay pollos gordos en la cárcel. Probablemente la
falta de reconocimiento se debe a Transparencia Mexicana, el capítulo local de
Transparencia Internacional, que no está transmitiendo la información completa.
El organismo fue creado en el foxismo por Federico Reyes Heroles. Se suponía
que ayudaría a disminuir la corrupción. Sin embargo, tomó un camino sui
generis. Comenzó a vender servicios al gobierno como ‘testigo social’ en la
celebración de contratos. Facturó mucho dinero. Con el nuevo gobierno no le ha
ido tan bien como antes.
Huachicoleros
de la medicina.
En los
años del prianismo se creó un poderoso monopolio de medicinas. La historia la
cuentan así quienes la conocen desde su origen: los laboratorios
internacionales optaron por vender sus productos al sector salud del gobierno
por conducto de terceros para evitarse problemas. Las mordidas las pagaban las
comercializadoras a los funcionarios de IMSS, Issste, Secretaría de Salud,
etcétera, sin verse (los laboratorios) involucrados directamente en esquemas de
corrupción que podrían crearles problemas en sus países de origen, en los que
existen regulaciones muy severas. Así nació el huachicoleo farmacéutico. El
presidente López Obrador lo explica de este modo: Había empresas que
concentraban la venta de medicamentos, de materiales de curación; grandes
monopolios que hacían jugosos negocios. Había y sigue existiendo complicidad
con directivos de hospitales que obtenían las cuotas de recuperación. En el
caso de las quimioterapias para los niños con cáncer, Gustavo Reyes Terán,
titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud, explicó
que la Secretaría de Salud adquirió desde el año pasado los medicamentos
necesarios y se informó al director del Hospital Infantil, Jaime Nieto Zermeño,
que se entregarían el 22 de enero, pero, al parecer, él no lo informó a los
padres de familia, y por eso se originó la protesta en el aeropuerto. Está bajo
investigación. La compañía Pisa tenía el monopolio de los medicamentos para la
atención del cáncer infantil y fue la responsable de la crisis por el desabasto
de estos insumos en 2019.Concentraba las ventas y en 2018 recibió contratos por
alrededor de 90 mil millones de pesos. Además, la firma podría estar coludida
con el director del Hospital Infantil. A su vez, Hugo López-Gatell Ramírez,
subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, informó que por
irregularidades, a Pisa le cerraron diversas plantas en 2019 y, en reacción, la
empresa retuvo 36 mil frascos de metotrexato.
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