Julio Astillero.
El primer
día de la Caminata por la Paz reiteró las posturas declarativas de sus
principales dirigentes, Javier Sicilia y Julián LeBarón: el diagnóstico duro de
la realidad que se vive en un país con amplias regiones y múltiples actividades
afectadas por el poder del crimen organizado y la insuficiencia de las medidas
de los diversos niveles de gobierno para enfrentar tales poderes criminales.
A pesar de
tal realidad y tal insuficiencia, no ha concitado tal caminata una gran cuantía
participativa. A semejanza de otras convocatorias que en uno u otro tono
pretenden urgir al gobierno obradorista a tomar determinado rumbo o a corregir
determinadas rutas (en particular, ahora se ha insistido en que no es una
manifestación contraria a López Obrador), la marcha en mención ha sido
particularmente efectiva en producción de material para consumo de los medios
de comunicación.
Cierto es
que la atracción mediática hace que la atención se centre en los dos personajes
principales, Sicilia y LeBarón, pero ha de decirse que también participan otros
ciudadanos respetables y representantes de legítimas organizaciones de defensa
de derechos humanos y de búsqueda de desaparecidos. También se han asomado
algunos personajes con historiales polémicos o francamente descalificados.
La marcha
habrá de llegar a Palacio Nacional en busca de una audiencia que el Presidente
de la República ha adelantado que no será personalmente con él sino con
miembros del gabinete de seguridad. Ya se verá si, como nueve años atrás,
cuando emprendió una caminata similar en propósitos, pero no en número de
asistentes ni expectativa nacional, el nuevo esfuerzo de Sicilia y LeBarón
queda en una expresión simbólica de desahogo o alcanza niveles de organización
cívica persistente y de eventuales derivaciones de políticas mayores.
Es de
suponerse que Morena habrá terminado ayer de salirse del corazón anímico del
pluripartidista multilaboral Porfirio Muñoz Ledo, diputado federal, a quien los
compañeros de su mismo partido actual le aplicaron este miércoles una
aplanadora de votos para impedir que presentara a la presidenta de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, un video que mostraba el
salvajismo utilizado en la frontera sur mexicana por miembros de la Guardia
Nacional.
Corazón
plenamente salido ha de ser, pues a los hechos originalmente denunciados por
Muñoz Ledo se sumó ayer otra jornada violenta de militares mexicanos contra
viajeros centroamericanos. En un intento más por adentrarse en territorio
mexicano, migrantes sufrieron golpes, maltratos y gases lacrimógenos por parte
de las fuerzas federales encargadas de contenerlos. El corazoncito retórico de
Muñoz Ledo había calificado hechos de esa índole como salvaje represión de
migrantes.
Otros
morenistas también experimentan pulso político acelerado, pues está
predestinada al litigio judicial la reunión que este domingo tendrá una facción
del partido en el poder para tratar de deshacerse de Yeidckol Polevnsky. Ya el
tribunal electoral federal ha emitido una resolución unánime que se ha
interpretado como invalidación de este congreso nacional extraordinario, pero
la sección que apoya a Bertha Luján habrá de realizarlo.
El juez
Felipe de Jesús Delgadillo Padierna dejará de estar enmedio de habladurías y
señalamientos políticos a causa de su segundo apellido. Ya no tendrá bajo su
responsabilidad el expediente de Rosario Robles Berlanga, la ex secretaria del
gobierno peñista que años atrás fue compañera sentimental del empresario
argentino Carlos Ahumada, quien aportó a políticos opositores a Andrés Manuel
López Obrador el material grabado que dio pie a los videoescándalos en que fue
captado René Bejarano recibiendo fajos de dinero. Siendo su tía Dolores Padierna,
compañera de Bejarano, mucho se ha hablado del posible conflicto de interés del
citado juez, quien ahora pasará a otro encargo dentro del propio poder
judicial, como juez administrador del Centro de Justicia Penal Federal en el
Reclusorio Sur.
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