Enrique
Quintana.
Las
cifras de empleo del mes de diciembre cada año generan controversia por la
estacionalidad que existe.
Sucede
que, independientemente de que la economía se encuentre creciendo, siempre hay
una baja en el nivel de empleo del último mes del año.
Le pongo el
ejemplo de 2014. El último trimestre de ese año el PIB creció en 3.4 por
ciento y se perdieron 235 mil 490 puestos de trabajo en ese mes.
Y en un año
como 2019, en el que la economía está estancada, era imposible que no hubiese
dicha estacionalidad.
El mes
pasado, el nivel de empleo descendió en 382 mil 210 personas. Sin embargo, si
hacemos la comparación anual para evitar esa estacionalidad, el crecimiento fue
de 1.7 por ciento.
La
controversia va a producirse porque quienes cuestionan los resultados de las
políticas del actual gobierno van a poner énfasis en la caída de los puestos de
trabajo durante diciembre. En sentido contrario, quienes pretendan defender la
gestión económica en materia de empleo van a poner énfasis en que hay un
crecimiento de 1.7 por ciento a pesar del estancamiento de la economía.
La tasa
de crecimiento con la cual cerró el empleo al final del año pasado es igual a
la que existía en el mes de noviembre y apenas ligeramente por abajo del 1.8
por ciento que se dio en el mes de septiembre, es decir, pareciera haber llegado
a un piso.
Las
empresas no despidieron trabajadores en términos netos, a pesar de que en
algunos sectores hay una caída en la actividad productiva y en el gran promedio
hubo un estancamiento.
Los datos
del Seguro Social igualmente refieren que, al cierre del año, el crecimiento
nominal del salario con el cual se cotiza en promedio fue de 6.7 por ciento.
Con una
inflación de 2.83 por ciento, esto significa un crecimiento real de 3.8 por
ciento, algo que no se había visto desde la década de los 70 del siglo pasado.
La
llamada “masa salarial real”, que integra el crecimiento del empleo y el
crecimiento del salario real, tuvo un alza de 5.5 por ciento, a pesar de que el
ritmo de creación de empleo fue el más bajo en una década.
Esto
significa que aunque no se está generando empleo al ritmo al que se generó en
años anteriores, la capacidad de compra de los ingresos en los hogares ha
seguido aumentando.
Los
críticos de este gobierno no van a considerar este ángulo seguramente, sino
sólo el relativo al bajo ritmo de creación de empleo.
En
contraste, los defensores de las políticas actuales van a hablar de
programas sociales que llevan dinero a los hogares, aunque no se reflejen en
las cifras del empleo formal.
Los dos
tiene parte de razón.
Es un
hecho que las ventas de los establecimientos en autoservicios, en donde hacemos
las compras de los bienes indispensables, tuvieron un mayor dinamismo que otros
giros comerciales.
De
acuerdo con los datos de la ANTAD, a noviembre crecían a tasa anual nominal de
5.7 por ciento a tiendas comparables y en el caso de Walmart, reportó un
crecimiento promedio para todo el año de 4.4 por ciento nominal.
Es claro
que, en cualquier caso, el crecimiento del consumo es bajo, pero también lo
es que no va para atrás, como sí sucede con la inversión.
Y un
factor esencial para explicarlo es la combinación de un empleo poco dinámico,
pero que mantiene tendencia positiva y un salario real que sigue para arriba.
¿Por cuánto
tiempo podría mantenerse esta tendencia? Eso será materia de un próximo
comentario.
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