Julio Astillero.
Apenas
pasaron unos cuantos días, casi unas horas, de que dejó la clínica de la cárcel
en que pasó el último tramo de su reclusión no domiciliaria para acomodarse en
su departamento de Polanco en la Ciudad de México, la profesora Elba Esther
Gordillo reanudó el tejido de sus no tan abandonadas relaciones políticas y
sindicales e inició una estrategia de reposicionamiento con dos objetivos: la
creación de un nuevo partido personal (ya había perdido el Partido Nueva
Alianza, conocido como Panal, con su Elbeja Reina) y la restauración de su
fuerza en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pasando
este punto por la tentación o el amago de recolocarse ella misma, aunque fuera
de manera provisional pero reivindicatoria, en el máximo puesto de esta
poderosa organización de profesores.
Los
propósitos de Gordillo se han ido cumpliendo de manera dispareja, pero es
evidente que ha recompuesto su vida personal y política con rapidez, aunque
siempre con el dolor de la pérdida de una de sus hijas, Mónica Tzasna Arriola
Gordillo, senadora por el Panal al momento de su muerte. Con el equipo de
profesores y ciudadanos ajenos al SNTE que le apoyaron, ofreció ayuda al
obradorismo en una especialidad del profesorado partidista: el cuidado del
proceso electoral, en especial en cuanto al día de la jornada electoral y la
protección de las casillas y sus resultados. Lo hizo a través de lo que luego
se llamarían Redes Sociales Progresistas, con los gordillistas acreditados ante
las autoridades electorales a través del Partido del Trabajo.
Avanzó en la
confección de su nuevo partido (propósito en que se han cumplido los
requerimientos del Instituto Nacional Electoral, aunque falta su validación),
pero no en la reconquista del SNTE. O no hasta ahora o ya nunca, en enigma que
se irá resolviendo aunque todo apunta a la segunda opción. Según algunos de sus
cercanos, desde el alto mando nacional se hizo saber a Gordillo que no sería
bien vista su pretensión de colocar a un propio como nuevo dirigente sindical.
No sería bien visto, en los nuevos tiempos políticos del país, la reaparición de
una titiritera sindical de complicadas credenciales.
La postura
del presidente López Obrador, sin embargo, es de plena apertura a la contienda
auténtica en todas las organizaciones sindicales, conforme lo establecen las
reformas en materia laboral y la vigilancia estadunidense mediante inspectores
o agregados en la embajada en México. El dirigente actual del SNTE, Álvaro
Cepeda, contrario a la corriente gordillista, estableció ayer que la polémica
profesora tiene un notable rezago en el pago de sus cuotas sindicales y, por
tanto, no tendría oportunidad de competir personalmente.
Tal vez
Gordillo se quedará con su partido personal y familiar (lo dirigirán su yerno y
su nieto, en un desplazamiento sujeto a litigio de otro organizador original,
Juan Iván Peña Neder) y con una participación proporcional en el reparto de
carteras en el SNTE. Además, ha quedado absuelta de cargos y disfruta de su
amplia riqueza. Nada mal para alguien que a inicios del sexenio peñista parecía
destinada a la extinción política e incluso a una larga temporada en prisión y
a la disminución de su discutible fortuna económica.
Astillas
Este jueves
estará en la Ciudad de México el fiscal estadunidense de justicia, William
Barr. Se reunirá con el canciller Marcelo Ebrard y el fiscal mexicano,
Alejandro Gertz, más las audiencias que sean necesarias. En anterior visita, la
presencia del funcionario trumpista en suelo nacional fue anterior a la salida
del país del boliviano solicitante de asilo, Evo Morales. Luego, hubo
detenciones en la nación vecina como la del ex secretario calderonista de
Seguridad Pública, Genaro García Luna. ¿Qué novedades traerá ahora consigo el
visitante frecuente Barr?... Y, mientras hoy se reúnen con el presidente López
Obrador los gobernadores, entre ellos los panistas que están abiertamente
contra el Insabi.
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