Por Áxel
Chávez.
El
presidente del Patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
(UAEH), Gerardo Sosa Castelán, fue vinculado a proceso por su presunta
responsabilidad en los delitos de operaciones con recursos de procedencia
ilícita y lavado de dinero por 58 millones 245 mil 948 pesos.
Tras
escuchar los argumentos de las partes en la continuación de la audiencia
inicial en la causa penal 263/2020, que duró 11 horas con 55 minutos, el
juez de control con sede en el Centro de Justicia Penal Federal del Altiplano
fijó tres meses para la investigación complementaria, lapso en el que los
implicados permanecerán en prisión, que culmina el 1 de diciembre de 2020.
En calidad
de coacusados, también fueron vinculados a proceso Juan Manuel Hernández
Gayosso, María Luisa Montalvo Sierra y María Cruz Campos Álvarez, presuntos
operadores del también exdiputado federal priista.
Los dos
hombres –Gerardo, cabeza de la presunta asociación criminal, según la
imputación– son señalados por adquirir y ocultar recursos de procedencia
ilícita, mientras que a las dos coacusadas acusan de recibir y trasferir el
dinero.
La Fiscalía
General de la República (FGR) imputó a Sosa Castelán ser la cabeza de una
maquinaria de corrupción para sustraer recursos de la casa de estudios. El
también exrector mantiene el control político de la institución desde 1979,
cuando, tras emanar de la extinta organización porril Federación de Estudiantes
Universitarios de Hidalgo, se erigió como el líder fáctico.
La Unidad de
Inteligencia Financiera (UIF), que realizó la investigación en la que se
basan las imputaciones de la FGR, acusó que Sosa Castelán creó un esquema para
beneficiarse de los recursos de la UAEH, los cuales, mediante una empresa
fachada, Contabilidad del Siglo XXI, dispersó los 58 millones de pesos de 2011
a 2018, a cuentas de personas físicas y morales allegadas a él.
La audiencia
virtual enlazó a Gerardo Sosa y a Juan Manuel Hernández Gayosso, que están
recluidos en el Altiplano, y a María Luisa Montalvo Sierra y María Cruz Campos
Álvarez, en Centro Federal de Readaptación Social 16, en Morelos, así como a
sus defensores, a dos representantes de la FGR y al juez.
La
defensa del también expresidente del Comité Directivo Estatal del PRI en
Hidalgo, integrada por seis abogados, pretendió refutar la acusación con dos argumentos: los
recursos observados son de procedencia lícita, porque, insistió, proviene de
fondos federales, estatales y propios de la universidad –aunque su tesis no
considera el destino–, y que no se aprecia la organización delictiva porque no
hay un dato que permita inferir que todos los que están imputados se reunieron
para acordar las operaciones.
“Si su
destino le causa duda, investiguen, pero eso no cambia el origen de los
fondos”, argumentó uno de los abogados, quien mencionó que las acusaciones “son
tanto como afirmar que la UAEH es una institución delictiva per se”.
Una de
las representantes de la fiscalía refutó que, en lo relativo a la acusación de
la delincuencia organizada, se señala al sujeto por ostentar una determinada
posesión en la organización criminal, y que ésta fue organizada para cometer
delitos.
Añadió
que, al ser presidente del patronato, Gerardo Sosa conocía que los recursos de
la UAEH debían utilizarse en beneficio de la sociedad estudiantil, pero
“maquinó” todo para que sus hijas y él recibieran este dinero.
La fiscalía también
presentó como prueba del “control patrimonial de la universidad” que
Inmobiliaria, Constructora, Arrendadora Yolo, controlada por Sosa, compró
inmuebles a través de créditos y que la garantía de esos créditos vino
directamente de recursos de la Autónoma de Hidalgo.
Además, refutó
que “lo que les quita” la licitud de los recursos “es el uso que se les da”,
porque, insistió, “no había justificación para transferirlos a una organización
fachada”.
Los abogados
igualmente intentaron probar que Gerardo Sosa no es la cabeza de la
universidad, y que no tiene el control operativo, porque existen órganos que,
dijeron, son colegiados y no podían seguir las órdenes del “licenciado Sosa”.
Al juez
enviaron documentos que establecen que en el periodo 2011 a 2016 –parte del
que, según la UIF, se operó la maquinaria para sustraer dinero– su cliente
tenía nombramiento de profesor de tiempo completo, por lo que no podía disponer
de recursos, ni ordenar la operación del presupuesto, porque no estaba entre
sus facultades.
Insistieron:
no existía el Patronato en ese momento.
La
defensa refutó que el Patronato Universitario opera desde 2009 con la figura de
asociación civil, mediante el cual realizaban los movimientos ordenados por el
detenido, pero, además, precisaron que las operaciones que se imputan son de
2017 y 2018, aunque, mencionaron, el supuesto esquema de corrupción sí data
desde 2011.
Para
probar la existencia del Patronato desde el 2 de octubre de 2009, cuando Sosa
tomó protesta, la fiscalía presentó el número 78, año 3, de la Garceta –órgano
oficial de la UAEH–, que tiene fecha del 15 de octubre de 2009, y dice: “luego
de rendir protesta, Gerardo Sosa conoció y agradeció al honorable Consejo
Universitario por la confianza depositada en la creación de este organismo –el
Patronato–”.
Asimismo, estableció
que existe una relación directa con uno de los principales imputados, Francisco
Natalio Zamudio Isbaile –prófugo en este momento–, porque era operador
financiero de las empresas de Gerardo Sosa, mediante las cuales operaron la
sustracción de recursos.
Con el
uniforme color caqui de reo de penal federal, Sosa observó la audiencia desde
el área de cabinas de audiencias de la cárcel de máxima seguridad del
Altiplano. Portaba un cubrebocas N95 y, por momentos, pasaba sus dedos entre el
cabello mientras escuchaba los argumentos de su defensa y la parte acusadora.
La fachada.
La FGR
imputa a los cuatro detenidos, Sosa –Juan Manuel Hernández Gayosso, María Luisa
Montalvo Sierra y María Cruz Campos Álvarez, estas últimas recluidas en Centro
Federal de Readaptación Social 16, en Morelos–, que por lo menos desde 2011
crearon un esquema de lavado de dinero, mediante la sociedad Contabilidad Siglo
XXI, que carecía de personal, infraestructura y mobiliario indispensable para
la prestación de servicios.
María
Luisa y María Cruz son las accionistas de esta empresa constituida el 18 de
enero de 2001, y recibieron los depósitos de dinero que era de la UAEH.
Según la
investigación de la UIF, 10 proveedores –que tienen vínculos estrechos con
los destinatarios finales– transfirieron el dinero de la UAEH a esta
organización presuntamente fachada, y ésta, a su vez, a los Sosa.
Entre sus
argumentos está que Contabilidad Siglo XXI, con domicilio fiscal en Pachuca, no
presentó declaraciones anuales ni emitió comprobantes fiscales. “¿Cómo una
empresa que no existe va a recibir cantidades millonarias?”, cuestionó.
Insistió: no
tiene una factura ni una declaración que justifique la recepción de los
recursos. Además, señaló que su infraestructura es una casa habitación que
pertenece a Natalio Zamudio, operador de político hidalguense.
La
defensa de María Luisa –que no es la misma que la de Sosa Castelán– insistió en
la procedencia de los recursos que, dijo, la propia fiscalía acredita que
provienen de la universidad, de participaciones federales, estatales y los
generados internamente, por lo tanto, afirmó, no se les puede considerar de
procedencia ilícita, tipo penal que se les imputa.
Si, al
salir de las arcas institucionales, iba a una empresa y, tras movimientos,
llegabas a cuentas de personas físicas o morales relacionadas con una familia,
es un tipo penal distinto, pero que no fue incluido en la imputación, por lo
que pidió la no vinculación a proceso.
De porro a
testigo en contra.
Se
conocieron en 1976, afirmó, época del control porril de la FEUH, de la que Sosa
sería presidente un año después y núcleo base del Grupo Universidad, que desde
entonces mantiene el control político de la institución.
Desde ahí
data el vínculo entre Sosa y un testigo de la causa penal 263/2020, quien
aseguró que, en 2001, Gerardo, con quien ya había trabajado contabilidad, le
instruyó a crear una de las empresas mediante la cual supuestamente se sacaba
el dinero de la universidad, según la UIF: Inmobiliaria, Constructora y
Arrendadora Yolo.
Ésta, según
la FGR, fue utilizada en el esquema de triangulación, al igual que Contabilidad
Automatizada de Hidalgo S.C., Contabilidad Especializada de Hidalgo S.C. y
Eficiencia en Negocios y Asociados.
Por esta
dispersión que acusa la Unidad de Inteligencia Financiera, el juez Gregorio
Salazar Hernández también libró órdenes de aprehensión contra las hijas de
Gerardo Sosa, Adriana y Ana Sosa Cravioto, así como cinco personas más, que
están prófugas.
Este
testigo, según la fiscalía, no tiene criterio de oportunidad, porque lo que le
pueden reprochar cualquier conducta, en caso de imprecisiones en sus dichos.
Él
reconoce la constitución de la empresa y que ésta fue utilizada para extraer el
dinero de la UAEH para beneficio de Gerardo Sosa, quien, mencionó, es quien
controla la universidad, desde la época porril.
Cuando Sosa
pactó con Morena ya era investigado.
El 19 de
febrero de 2018, Gerardo Sosa renunció al PRI, partido por el que aspiró en
tres ocasiones –participando en procesos internos– a la candidatura a
gobernador, además de ser diputado local y federal.
El político
oriundo del municipio rural de Acaxochitlán, Hidalgo, se alió al Movimiento de
Regeneración Nacional (Morena), por cuyas siglas su grupo obtuvo nueve
diputaciones locales y dos federales (en activo aún), dada las elecciones
concurrentes con la de presidente de la República.
En ese
momento, tenía un año que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) seguía la
ruta con la que pretendía acreditar las operaciones del líder del denominado
Grupo Universidad para drenar las arcas de la institución a la que pertenece
desde que era estudiantes de bachillerato en la preparatoria número 1, en la
década de 1970.
Lo
anterior se conoce por un razonamiento de su defensa, con el cual pretenden
acreditar que el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita que
le imputan ya prescribió.
Según sus
abogados, el último hecho imputado, sólo de este delito, ocurrió en 2015, y
la primera denuncia de la UIF data de 2017, por lo que, insiste, ya había
prescrito.
No obstante,
la representante de la fiscalía refutó que la última operación presuntamente
delictiva data del 30 de mayo de 2018, por lo que la imputación es aplicable.
La
relación entre el Grupo Universidad y Morena continúa: el hermano de Gerardo,
Damián Sosa Castelán, es candidato de este partido a la presidencia municipal
de Tulancingo, e inició su campaña este mismo día que su hermano mayor fue
vinculado a proceso.
Por Tula,
el candidato es otro político ligado a los Sosa: Ricardo Baptista González, que
fue presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del estado el primer año de
la actual legislatura (septiembre de 2018 a septiembre de 2019).
De la
UAEH también fue postulada Marisol Ortega López, por Tepeapulco, exsubdirectora
de Relaciones públicas de la casa de estudios.
La
relación política continúa, aun con el líder del Grupo Universidad, Gerardo
Sosa, en prisión, donde permanecerá los próximos tres meses, a la espera de la
investigación complementaria. En tanto, las elecciones en las que podrían ser
favorecidos sus allegados se llevarán a cabo el 18 de octubre.
La postura
del juez.
Al emitir su
resolución, el juez afirmó que es inevitable la existencia de recursos y que
los actores los reciben y ocultan, además de que tienen conocimiento de que
realizan una actividad ilícita.
Respecto
a que no hubo reunión y asignaciones de roles, consideró que es infundado,
porque si bien de manera directa no existe un momento en el cual las partes de
organizan y se constituyen en un lugar determinado, esto se obtiene con todos
los indicios y las operaciones.
“Esa es
la manera en la que prospera una delincuencia: los integrantes no se conocen,
pero corresponden a un mismo conglomerado”, aseguró.
Con relación
a la licitud de los recursos, el juez estableció que el hecho de que el
dinero esté en cuentas legales no garantiza que no sean empleados para un fin
ilícito, como se presume en este caso, por lo que no dio la razón a los
defensores.
De igual
forma, planteó que la ilegalidad sí puede probarse con la información de los
movimientos bancarios, que terminan en las cuentas de la familia Sosa Castelán.
Asimismo, expuso
que el hecho de que una empresa haya hecho unas transferencias, como en esta
causa presumen hizo Contabilidad Siglos XXI, y que el imputado haya recibido
ese dinero implica que existe una adquisición, con la cual posiblemente se
configura el delito.
La
continuidad de la audiencia comenzó el sábado 5 de septiembre a las 16:00 horas
y terminó a las 4:00 del 6 de septiembre.
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