Enrique Quintana.
Es un hecho
que durante los meses recientes casi todas las variables económicas mostraron
crecimiento si se comparan con los meses previos, tanto las asociadas a la
exportación como al mercado interno.
Esta alza se
debe en buena medida a la reapertura de la economía, que permitió que
actividades que estuvieron detenidas durante abril y mayo nuevamente tuvieran
actividad.
Esto se
refleja en un incremento de la movilidad. De acuerdo con los datos de Apple
Mobility, entre el 6 de abril y el 31 de agosto la movilidad en trasporte
público aumentó en 131 por ciento… aunque aún está 49 por ciento debajo de los
niveles de enero.
En la medida
que va creciendo la movilidad aumenta la actividad económica, pero mientras más
crece, el ritmo de aumento se desacelera.
Una muestra
de ello es la información que el día de ayer dio a conocer el Inegi, referente
a la venta de automóviles en el mercado doméstico.
El
crecimiento durante agosto fue de 5.8 por ciento, el cual se compara
desfavorablemente con el 25.5 por ciento de julio y aún más con el 49.5 por
ciento de junio.
Esta
tendencia, que puede observarse en el mercado automotor, probablemente la
veamos en otros ámbitos en la medida que se vaya obteniendo información nueva.
Y también es
factible que veamos lo mismo en la exportación. El crecimiento de las
exportaciones no petroleras de México fue de 77 por ciento en junio respecto a
mayo y bajó a 10 por ciento en julio respecto al anterior. Quizá cuando
conozcamos las nuevas cifras en las próximas semanas veamos que en agosto se
acentuó la desaceleración.
En Estados
Unidos la apuesta es que el conjunto de estímulos fiscales y monetarios permita
que la economía mantenga su crecimiento.
No hay
garantía de que ello suceda. Estamos en una situación inédita en la historia y
no debiéramos sorprendernos si las cosas no resultan como dice la teoría.
Aun
considerando que las exportaciones no se estanquen, su dinámica no va a ser
suficiente para darle tracción a la economía.
En el caso
de México lo que se requeriría es un repunte de la inversión. Se trata de la
única variable que puede impulsar el crecimiento.
Las
posibilidades de que el aumento del consumo permita una mayor expansión de la
economía son limitadas, pues el consumo tiende a ser más estable.
Si
consideramos que en agosto hubo una caída de alrededor de 4 por ciento anual en
el empleo formal (de acuerdo con lo informado por el presidente López Obrador)
y que se puede estimar un alza del salario real medio de 2.7 por ciento,
tendríamos una caída de la masa salarial real del sector formal de 1.4 por
ciento.
Es decir,
del consumo no provendrá la recuperación.
Hay
expectación respecto a lo que habrá de contener el Paquete Económico para 2021.
Sin embargo, más vale poner los pies sobre la tierra porque prácticamente se
puede anticipar lo sustantivo de dicho paquete.
No va a
contener un programa específico de recuperación aunque, como ayer quedó
manifiesto, tampoco contemplará la creación de nuevos impuestos.
Es decir,
tendremos un escenario básicamente inercial que apuesta a un crecimiento de la
economía, que probablemente se fije en algo así como un 4 por ciento, luego de
una caída cercana al 10 por ciento este año.
Vuelvo con
mi estribillo. Mientras la inversión privada no despegue, no habrá manera de
encender el crecimiento económico.
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