Ernesto
Villanueva.
Los medios
de comunicación donde se ejerce la libertad de expresión, sin más límites que
los establecidos en la Constitución Política, son, en realidad, islas en un mar
donde la obsecuencia, la venta de la línea editorial al mejor postor y la
emergencia, cada vez más clara de quienes se desempeñan como sicarios
periodísticos, se vuelve una realidad cotidiana. El ciudadano tiene derecho a
saber las diferencias de percepción y de criterio sobre hechos de interés
público. Para ello se requiere pluralidad y diversidad. Desde tratar asuntos
que se convierten en parte de la agenda deliberativa del país desde prismas
diversos hasta aquellos hechos de interés público que, por lo regular, no
encuentran cauces de expresión para convertirse en nota periodística.
Lo anterior viene a cuento por las
amenazas, de nueva cuenta, que ha recibido el Semanario Zeta, que codirige la
valiente Adela Navarro. Cualquier acto contra un medio o periodista, fuera de los marcos que
establecen la Constitución y la ley, debe reprobarse. Queda claro, empero, que
la libertad de expresión no se puede ejercer de manera absoluta. Debe
armonizarse con otros bienes jurídicos protegidos analizados en forma
casuística.
El semanario tiene su sede en
Tijuana, Baja California, justo en la frontera más grande entre México y
Estados Unidos. Zeta es un medio atípico, incluso en los medios considerados
independientes del país, porque no ejerce restricciones temáticas por motivos
de seguridad. Al contrario, si alguien quiere conocer información sobre la realidad
paralela del narcotráfico, del crimen organizado, de la corrupción y la
impunidad debe leer a @ZETATijuana. No solamente porque aborda temas cada vez
más excepcionales en la prensa del país, sino porque lo hace con filtros de
control de calidad. Es, pues, lo que se denomina periodismo de investigación en
su más clara acepción.
La cobertura
de los temas en cuestión en un México donde hay un débil Estado de derecho,
donde las instituciones carecen de la mínima fortaleza, donde los límites entre
el gobierno y el crimen organizado en sus múltiples modalidades cada vez son
más difíciles de distinguir, es una osadía, una bocanada mediática de aire puro
y una renuncia a cualquier zona de confort. @ZETATijuana es un ejemplo de esos escasísimos medios que anteponen el
interés público a cualquier otro.
Más aún, puedo afirmar que no hay en
la nación un espacio de comunicación con idénticos rasgos distintivos de
@ZETATijuana en el interior del país, acaso con la excepción del también notable @Riodoce_mx de Sinaloa.
No es fácil estar en medio del fuego
cruzado donde el gobierno formal y los poderes reales ven al medio que codirige
@adelanavarro como una amenaza permanente; antes bien, es sinuoso y complicado
sobrevivir en ese entorno donde no hay cabida a la negociación indebida de qué
y cómo los hechos se convierten en nota periodística en el semanario.
Defender a @ZETATijuana es
defendernos a nosotros mismos, es luchar para que no haya información uniforme
ni hechos de interés público que se dejan de contar por cualquier razón. Deben
darse todos los mecanismos de protección para que el semanario haga su labor
singular. La
responsabilidad del Estado no termina en no censurar, sino en garantizar que,
por un lado, los ciudadanos y los medios puedan ejercer efectivamente su
libertad de expresión, en el sentido amplio del concepto y, por otro, que la
sociedad cuente con información de interés público desde ópticas diversas para
que forme su propio criterio. Sólo de esta forma puede decidir de manera
informada y formada. Y en ese proceso
ayer y hoy se encuentra de manera protagónica el decidido equipo de mexicanas y
mexicanos que dan vida a @ZETATijuana, arriesgando su integridad personal día
con día para mantener informado al pueblo mexicano.
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