Ricardo
Ravelo.
Suyo el poder, el dinero y el destino
de los veracruzanos, Javier Duarte de Ochoa se sintió intocable durante mucho
tiempo. Seguramente llegó a pensar que la impunidad lo cobijaría siempre, pues
al igual que su mentor Fidel Herrera Beltrán solía decir que “lo que cuesta
dinero nada cuesta”. Pero su buena estrella se apagó. Y la de Herrera también:
sobre él hay investigaciones en curso, lo que derivó en su salida del Consulado
de Barcelona, España.
Y es que, en efecto, Javier Duarte se sentía arropado
y no menos impune, a pesar de los excesos en los que incurrió como Gobernador
de Veracruz. Rompió el principio elemental de la política: gobernar para la
gente. Duarte se olvidó de su pueblo y
se dedicó a hacer negocios junto con una cauda de pillos –muchos de ellos
legisladores locales y federales –que hoy le han dado la espalda y hasta niegan
haber tenido alguna relación con él ahora que ha caído en desgracia.
Arropado en el poder, el dinero y en
las buenas relaciones que se tejen con el billete, Javier Duarte se sentía un
personaje todopoderoso. Y no era para menos. El mismo decía que estaba blindado
porque en el 2012 le había entregado al candidato del PRI a la Presidencia de
la República, Enrique Peña Nieto, 3 mil millones de pesos para su campaña. Y se
ufanaba de estar protegido por el actual Presidente de México.
El dato sobre el desvío de esos
recursos también lo soltó a boca llena Felipe Calderón a finales de mayo del
2016, durante el
cierre de campaña de Miguel Ángel Yunes Linares, en Boca del Río, Veracruz. Ahí el ex Presidente panista dijo — sin
tragos — que él ordenó investigar las finanzas de Veracruz y detectaron que
Javier Duarte dispuso de 3 mil millones en efectivo de las finanzas del estado. (Luego
trascendería que dichos recursos eran para la campaña del PRI, según comentó el
propio Duarte) Lo que Calderón no
explicó fue la razón por la que no denunció el atraco en su momento, cuando era
presidente. En pocas palabras, se hizo de la vista gorda.
Javier
Duarte fue localizado, como ya se sabía, en Guatemala. Desde hacía meses estaba
ubicado, pero solía desplazarse de un lugar a otro cual vil tránsfuga. Aunque
la PGR y el propio Presidente Enrique Peña Nieto festinaron su captura, lo cierto es que Javier Duarte se entregó.
Un cercano amigo suyo le llamó por teléfono en días pasados y le dijo estas
palabras:
–Ya entrégate, Javier, no hagas
sufrir más a tus hijos.
A lo que Duarte respondió que lo
haría.
Lo que
siguió después fue toda una trama al estilo James Bond, cuyo guion pudo haber
sorprendido al actor y periodista británico lan Lancaster Fleming, creador del
personaje y espía de cine que se hizo célebre, entre otras cintas, por Casino
Royale.
Y aunque Peña Nieto diga, con dejo de
molestia, que “ningún chile le embona” a la gente, lo cierto es que su palabra
vale tan poco a estas alturas del sexenio que es claro que carece de
credibilidad y son más factibles de creer las versiones de oídas que la
historia oficial.
Nadie puede desligar las capturas de Tomás Yarrington y Javier Duarte de la
emergencia electoral en el Estado de México y eventualmente de la elección
presidencial del 2018, la que hoy se da por perdida para el PRI y su cártel.
Orgía de
Corrupción.
Durante el
gobierno de Javier Duarte no hubo ningún control sobre el manejo de los
recursos públicos: enriqueció a familiares suyos y a no pocos socios que
actualmente tienen en sus manos la riqueza amasada por el ex gobernador al
amparo del poder. Uno de los más
beneficiados, sin duda, fue su suegro, Tony Macías, receptor de sumas
millonarias, quien solía pasearse por las calles de Coatzacoalcos, Veracruz,
con todo lujo de ostentación y prepotencia.
Durante el
sexenio de Duarte Tony Macías se hizo
dueño de Los Heraldos, son cuatro periódicos que circulan en diversos puntos
del estado de Veracruz para lavar la imagen del ex gobernador. Mensualmente
recibía 200 millones de pesos del gobierno a cambio de silencios y lisonjas.
También estaba a cargo de la Comisión
Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos (Cmas) donde manejaba unos 500
millones mensuales de presupuesto y cobros por el servicio de suministro de
agua a la población.
La empresa estatal la utilizó como caja chica personal: ahí cobraban decenas de empleados de los periódicos y a toda persona
que le pedía trabajo le ayudaba, lo que fue creando una imagen de hombre
bondadoso.
Lo que los
empleados de nuevo ingreso desconocían es que, tan pronto entregaban sus documentos personales, Macías los daba de
alta con salarios estratosféricos que oscilaban entre los 80 mil y 100 mil
pesos mensuales, recursos que él se apropiaba. De igual forma, la empresa Cmas
tenía en nómina a cientos de aviadores que recibían sueldos de altos ejecutivos
sin trabajar.
El operador de toda esta maniobra se
llama Jaime Ruiz, primo de Karime Macías, esposa de Javier Duarte, quien
durante la campaña del ex Gobernador, en 2010, se ocupó de la campaña Adelante,
con la que Duarte se lanzó como candidato a la gubernatura del estado. Ruiz
desapareció del mapa tan pronto Duarte cayó en capilla y ahora vive en Villa
Flores, Chiapas, refugio de Tony Macías.
Con las influencias de su yerno
Javier Duarte, Tony Macías también se apropió de unas 400 hectáreas del parque
industrial de Coatzacoalcos. Los terrenos formaban parte del fundo legal del
municipio y de algunos particulares, pero a través de sucias maniobras se hizo
dueño de esas tierras y ahí construyó naves industriales que actualmente rentan
empresas como Bimbo y Nextlé.
Tan pronto se apropió de los
terrenos, el Gobierno de Veracruz ordenó pavimentar toda el área con concreto
hidráulico, introdujeron alumbrado público de primer mundo y de esa manera
Macías incrementó su patrimonio personal. Actualmente el gobierno de Miguel Ángel Yunes libra
una batalla legal porque pretende quitarle las tierras que, alega, pertenecen
al municipio de Coatzacoalcos.
Con dinero público el suegro de
Duarte también abrió dos restaurantes de postín. Uno es el Bluelofter y Sal de
mar y ahí arriban las familias pudientes de toda la zona petrolera de
Coatzacoalcos y Minatitlán, en su mayoría, altos ejecutivos de Pemex.
Otros beneficiados por la orgía de
derroche emprendida por Javier Duarte y su banda es Jorge Tubilla Velasco,
actual delegado del IMSS en Veracruz. Tubilla es primo de Karime Macías. Fue
procurador fiscal y subsecretario de Egresos durante el gobierno de Javier
Duarte.
Se afirma que Jorge Tubilla se
convirtió en delegado del IMSS por recomendación de Karime Macías y José
Antonio González Anaya, director de Pemex, quien es su primo. Las primas de Jorge Tubilla y de
Karime Macías también explotaron jugosos negocios al amparo del poder: Córsica Ramírez Tubilla, por ejemplo, se
encargaba de manejar las redes sociales del gobierno del estado y de promover
la imagen de Javier Duarte a través de la colocación de espectaculares en todo
el estado donde se resaltaban los logros de Duarte.
La otra
prima de Karime y de Jorge Tubilla –Brenda
Tubilla –se encargaba de la organización de la Cumbre Tajín, así como de la
contratación de espectáculos y artistas dentro y fuera de México. También
organizaba cada año el Festival de la Salsa. Todo lo hacía a través de una
empresa que, se asegura, también fue utilizada para la compra de algunos
inmuebles en Miami Florida, presuntamente propiedad de Duarte. De estos
personajes nada se habla, pues tan pronto huyó Javier Duarte de Veracruz ellos
también desaparecieron de la escena pública.
Como
consecuencia de las investigaciones efectuadas en Veracruz, algunos
colaboradores de Javier Duarte ya están en la cárcel. Se trata Arturo Bermúdez Zurita, ex Secretario de Seguridad Pública, quien
de ser un “carga maletas” en el gobierno de Miguel Alemán Velazco pasó a ser
uno de los hombres más ricos del estado, dueño de hoteles, ranchos, casas en
Estados Unidos y de una fortuna descomunal.
Como Secretario de Seguridad Pública,
Bermúdez permitió que la industria del secuestro floreciera –era su negocio –
al igual que el narcotráfico, pues fue quien abrió la puerta en el estado al
cártel de Jalisco Nueva Generación, rivales de Los Zetas, quienes operaron en
Veracruz durante el gobierno de Fidel Herrera.
Otro personaje que está preso y que
no tuvo empacho en el desvío de dinero fue Maurcio Audirac Murillo, ex
Secretario de Finanzas, quien está tras las rejas en el penal de Pacho Viejo. Aunque permanece en prisión
domiciliaria, Flavino Ríos Alvarado es otro implicado en la red de
complicidades de Javier Duarte, según las investigaciones de la Fiscalía de
Veracruz. Fue sucesor de Duarte tras solicitar licencia para separarse del
cargo, en octubre de 2016, para después darse a la fuga.
A Flavino Ríos se le acusa de haberle
facilitado a Duarte un helicóptero oficial para que el ex Gobernador se diera a
la fuga. Ríos Alvarado, identificado con el ex mandatario Miguel Alemán, aduce
que sí prestó la aeronave, pero afirma que en ese momento él desconocía que
Duarte tuviera orden de aprehensión.
Lo cierto es
que Miguel Ángel Yunes –su amigo desde los tiempos escolares –decidió
encarcelarlo en el penal de Pacho Viejo, donde Ríos Alvarado permaneció dos
semanas y luego enfermó por sus problemas cardiacos. Se afirma que la salida de Flavino Ríos hacia la condición de prisión
domiciliaria fue producto de un acuerdo con Yunes, aunque dicha negociación
política tuvo que pasar por la decisión de un juez. No es nada nuevo decir que
en ningún estado del país el Poder Judicial es autónomo: dependen de los
gobernadores.
Recientemente fue detenido en España
Javier Nava Soria, vinculado a la red de lavado de dinero y delincuencia
organizada de Javier Duarte. La PGR lo extraditará a México para ser procesado.
Larga es la cauda de políticos
veracruzanos que están siendo investigados dentro y fuera del estado por
delincuencia organizada, desvío de recursos públicos, lavado de dinero y
peculado. Un caso emblemático es el del ex Secretario de finanzas, Tarek
Abdalá, actual diputado federal, quien enfrenta un juicio de desafuero que
podría resolverse en los próximos días en la Cámara de Diputados.
También se le acusa de un desvío de poco más de 2
mil 500 millones de pesos que, según las investigaciones, fueron a parar a las
arcas de algunas empresas fantasmas actualmente investigadas por la
Procuraduría General de la República (PGR).
Se le acusa de estar implicado en la
compra de medicamentos apócrifos y del desvío de sumas millonarias para la red
de empresas fantasmas que se armó para saquear al estado, comprar propiedades
en México y el extranjero, a través de testaferros, la mayoría de ellos
investigados por la PGR por el delito de delincuencia organizada y operaciones
con recursos de procedencia ilícita.
Los reflectores y las pesquisas de la
PGR también apuntan hacia el diputado federal Jorge Carvallo, cuyo
enriquecimiento fue descomunal en el sexenio de Javier Duarte.
Carvallo le cargaba la maleta a Fidel Herrera
cuando era Gobernador. En realidad no
tenía en qué caerse muerto. Pero la abundancia lo tocó igual que ocurrió con
Karime Macías –esposa de Javier Duarte — y la magia se hizo: en pocos años se
volvió multimillonario y para ello le bastaron tres cargos: ser secretario
particular de Duarte, presidente del Congreso de Veracruz y titular de la
Secretaría de Desarrollo Social en la entidad. Con eso le bastó para comprarse
hasta un avión privado y dejar de usar el transporte público.
Jorge
Carvallo actualmente es investigado por el Sistema de Administración Tributaria
(SAT). La indagatoria inició luego de
que el área de inteligencia financiera de la Secretaría de Hacienda conoció que
el legislador habría dispuesto de sumas multimillonarias que depositó a nombre
de varias personas, muchas de ellas de muy bajos recursos, avecindadas en la
Cuenca del Papaloapan.
Para Hacienda resultó inusual que
esta red de personas de escasos recursos de buenas a primeras dispusieran de
sumas superiores a los 30, 40 y hasta 100 millones de pesos, lo que encendió
los reflectores y las alarmas. Una fuente del SAT consultada al respecto y responsable de
esta investigación asegura que una de
estas personas receptoras de dinero, al ser interrogada, declaró que el dinero
no era suyo, que pertenecía al señor Jorge Carvallo, quien les había pedido el
favor de que le permitieran depositar esos fondos en sus respectivas cuentas.
Lo que en su momento no advirtieron es que esta circunstancia derivaría en otra
más desafortunada, pues ahora son investigadas por lavado de dinero y
delincuencia organizada.
La captura de Javier Duarte en
Guatemala tiene todo el tinte de una entrega pactada, aunque la Procuraduría
General de la República (PGR) lo niegue. Existen demasiados accidentes burdos en la ruta de
localización del ex Gobernador de Veracruz: en noviembre de 2016, un mes
después de que se fugó, un ex colaborador suyo fue detenido en el aeropuerto de
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, con pasaportes falsos. Era obvio que el gobierno
mexicano sabía que Duarte se encontraba en Guatemala o al menos muy cerca, en
Centroamérica, pues.
A Guatemala, como todo el mundo lo
sabe, se puede llegar caminando y sin documentos, pues es ampliamente conocido
que la frontera sur es la más porosa que existe.
Los suegros de Duarte tienen
residencia en Chiapas y conocen como la palma de su mano todos los vericuetos
de esa región. No es descabellado afirmar que Tony Macías, el suegro
millonario, le haya sugerido esconderse en ese país por más de una razón:
porque con anticipación habían estudiado la ruta legal a seguir en caso de ser
detenido y por la cercanía con los hijos, quienes durante meses vivieron en la
casa de los abuelos.
El hecho
ridículo e ilógico –no se le puede ver de otra manera –es que estando Javier
Duarte en condición de prófugo de la justicia sus familiares hayan rentado un
avión privado desde Toluca, Estado de México, para hacer un viaje a Guatemala,
visitar al tránsfuga y llevarle dólares y euros para que siguiera disfrutando
de sus vacaciones en el hotel Panajaechel, a orillas del lago Atitlán, uno de
los centros vacacionales más concurridos.
Y otro episodio
es la detención. Curiosamente lo aprehenden cuando la policía arriba al hotel
y, coincidentemente, Javier Duarte bajó a la recepción a reclamar que no tenía
comunicación en la habitación donde estaba alojado. Se sabe que en política las
coincidencias no existen. Todo tiene el
tinte de un arreglo, pues en otras condiciones la familia no incurre en el
“yerro” de rentar un avión, anotarse en una bitácora de vuelo con nombres y
apellidos reales y viajar a Guatemala. Sobre todo cuando es obvio que todos los
sistemas de inteligencias están activos para detectar cualquier movimiento en
torno al personaje buscado.
Detenido sin mayores resistencias
–sabía que iban por él y que el acuerdo era entregarse –Javier Duarte acompañó a los
agentes de Interpol muy quitado de la pena, como quien ya sabe lo que le
espera. Hasta una sonrisa un tanto sarcástica soltó entre los agentes que lo
arrestaron. Ahora enfrentará el juicio de extradición, el cual puede llevar
varios meses. El tiempo máximo, según se estima, será de un año, tiempo
suficiente para trabajar en una defensa.
Las investigaciones tanto de México
como de Guatemala también apuntaron sus reflectores hacia un personaje
presuntamente socio de Javier Duarte, quien le habría ayudado durante su
estancia en ese país: Juan Armando Varillas, quien al parecer es el propietario
de Penthouse en el que Duarte llevaba viviendo varios meses.
Lo más probable es que Guatemala
conceda la extradición de Javier Duarte pero no por todos los delitos de los
que se le acusa en México. Se asegura que regresará a México a enfrentar
solamente los delitos financieros. El Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares exige, a nombre del
pueblo de Veracruz, que le decomisen todas las propiedades y los recursos “que
se robó” a Javier Duarte para reintegrarlos al erario público.
Sin embargo,
esta medida está por verse. Hay que tomar en cuenta que legalmente Duarte no es
dueño de todo lo que se le imputa, aunque lo sea por interpósita persona. Están
otros nombres y empresas de por medio. Esta lucha legal no será fácil. Quizá el acuerdo de la entrega sea esa: que
no le toquen el patrimonio. Su encarcelamiento es, en buena medida, un pago para
el gobierno federal y para Enrique Peña Nieto, sobre todo ahora que hay
emergencia electoral: quieren ganar la gubernatura del Estado de México y la
presidencia en el 2018.
En Veracruz, Miguel Ángel Yunes se
adjudicó parte del mérito tras la captura de Duarte, aunque en realidad nada
tuvo que ver: lo
detuvo la policía federal y la Interpol. Este objetivo fue una de las promesas
de campaña de Yunes, pero no pudo cumplir. Ahora
la captura de Duarte y las investigaciones en contra de sus testaferros y ex
colaboradores le sigue sirviendo de campaña para posicionarse en la gubernatura
y con ello cumplir su proyecto personal y familiar: dejar a su hijo en la
gubernatura. Todo es lucha de poder. La justicia solamente es un pretexto para
que los Yunes se entronicen en la gubernatura por tiempo indefinido.
Yunes Linares no es ningún adalid de
la justicia. A la gente se le olvida su paso por la Secretaría de Gobierno
durante el sexenio de Patricio Chirinos –periodo en el que políticos y
periodistas fueron perseguidos y amenazados — y los escándalos de presunta
corrupción que protagonizó como titular del ISSSTE, en el sexenio de Felipe
Calderón, su aliado.
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