Lorenzo Meyer Cossío, autor de
Distopía mexicana, su obra más reciente, relata la tragedia del presente como
una enfermedad que aún puede ser peor. Para el historiador y politólogo, la
administración de Enrique Peña Nieto contribuyó con la crisis de las instituciones;
pero no tocó fondo y el país puede descender a una realidad más grotesca. Entre
las ruinas, hay una fuerza política de izquierda que se propone un cambio del
régimen profundo. Y ello le conviene a México, pero también a Estados Unidos. Por eso, el alumno distinguido de
Daniel Cossío Villegas –fundador del Colegio de México– no encuentra peso en
las palabras de John Kelly, Secretario de Seguridad de EU, cuando expresó que
un Presidente de izquierda avivaría el sentimiento antiestadounidense en México,
lo cual resultaría malo para los dos países. Meyer recuerda que la Guerra Fría
ha concluido, que el concepto de
“izquierda” se ha modificado y que México requiere virar los rumbos. Dice
que si el juego en el país se vuelve menos corrupto, como ofrece la izquierda,
será bueno para las dos naciones. Entonces exclama: “No sé qué diablos le
molesta a Kelly”.
Lorenzo
Meyer Cossío pinta la tragedia mexicana con un final todavía más oscuro. “El Presidente Enrique Peña Nieto no tocó
fondo. El país puede irse más abajo todavía y el futuro inmediato puede ser la
mediocridad y la descomposición por varias generaciones”, alerta uno de los
politólogos más potentes de la escena nacional.
Hace 48
horas, John Kelly, Secretario de Seguridad Nacional del Gobierno de Donald
Trump, expresó en el Senado estadounidense que en 2018, en México, un
Presidente emanado de la izquierda animaría el sentimiento antiestadounidense.
Y eso, sería malo para los dos países.
Lorenzo Meyer, ve muy poco peso en
esas palabras. A Kelly lo evalúa como un funcionario desorientado, muy nuevo,
sin política trazada respecto a México, que se guía por la inercia de la Guerra
Fría, una etapa en la que Estados Unidos intentó por todos los medios que
ninguna fuerza de izquierda sobreviviera en posiciones de poder en América
Latina. Entre
sonrisas, para acentuar el anacronismo, Meyer puntualiza que la Unión Soviética ya desapareció y no
representa ningún riesgo de posicionamiento en el continente.
Pese a todo,
es una oportunidad para que México defina su interés propio. “Somos la parte
débil y no nos podemos dar el lujo de equivocarnos”, opina Meyer, alumno
distinguido de Daniel Cossío Villegas, fundador del Colmex.
Ahora, ¿hay
izquierda en México? Y si es así, ¿quién la representa? En esta entrevista con
SinEmbargo, el politólogo responde que los conceptos ortodoxos se han agotado y
la izquierda es esa fuerza que aspira al
equilibrio de la riqueza, así como la extirpación de raíz de la corrupción. De
modo que si llega a la Presidencia y logra limpiar el juego cotidiano, le
convendrá a los grandes empresarios y a los millones de ciudadanos pobres. Le convendrá a la derecha. Le convendrá a
los partidos. Y le convendrá mucho a Estados Unidos. “Entonces, no veo qué
diablos le molesta a Kelly”, exclama el investigador.
– ¿Qué es la
izquierda mexicana hoy por hoy?
–Hubo un
tiempo, no hace mucho, que en México un buen número de fracciones se
consideraban todas de izquierda y una descalificaba a la otra. A mi juicio, la izquierda
ha existido siempre desde que se constituyeron las sociedades humanas. Siempre
ha habido grupos que concentran el poder, la riqueza, y grupos que piden algún
tipo de transformación. En Roma, los hermanos Greco eran de izquierda aunque
Marx no estaba para nada presente. La posición que uno toma a mi juicio frente
a la concentración del poder, los privilegios, el prestigio y sobre todo la
riqueza. Yo propongo que se vea de
izquierda a todos aquellos actores políticos, ya sea individuales o colectivos,
que están inconformes con la realidad mexicana actual en torno a la
distribución de los beneficios. Unos ciudadanos son menos favorecidos que
otros y existen fórmulas para cambiar eso. Creo que quien se propone esa tarea
es la izquierda, aunque no haya leído El Capital ni pueda discutir párrafo por
párrafo qué significa eso, como sí se pedía en los 60 y 70. Aquí en México no hay más que una izquierda
que es la de López Obrador y Morena. A lo mejor dentro de un tiempo cambian
las cosas y surgen otros movimientos. En este contexto actual del 2017, cuando
realizamos esta entrevista, esa es la izquierda mexicana.
– ¿Dónde
quedó el PRD?
–Esa es la pregunta, ¿dónde quedó?
Ese partido fracasó. Es una pena. No solamente una pena, es una pérdida de una
oportunidad histórica. Ese partido costó mucho trabajo crearlo. Era heredero de
las luchas y los sacrificios que se hicieron antes del Partido Comunista, del
Partido Mexicano de los Trabajadores y de un montón de esfuerzos de luchas
concretas de sindicatos. Todo se vino abajo. Creo que hay dos partidos de
oposición que no lograron resistir lo que podemos llamar el régimen profundo, y
esos son el PAN y el PRD. La superficie cambia pero las fórmulas y estructuras e intereses que creó
el PRI después de la Revolución, siguen. Que en Los Pinos se salió el PRI y
entró el PAN por 12 años, pues ese es el régimen superficial. Cambiaron las
personas, cambió un poco el discurso y se introdujeron algunos cambios. Fox
introdujo la idea de la Transparencia, el acceso a la información y ya no se
persiguió de la misma manera que durante Díaz Ordaz (1966-1972) a los
opositores. No es los mismo que en los 50 y 60, pero no es sustancialmente
diferente. Los que conseguían la parte sustantiva del ingreso y los privilegios
en 1950 no son distintos de los que los consiguen ahora. Las prácticas corruptas del pasado siguen tan tranquilas o más obvias
en el presente. [En este panorama] el PRD se priizó y se convirtió en una maquinaria para conseguir recursos para el
grupo que lo controla, pero no desafió al orden existente.
– ¿Es
correcta la línea de pensamiento del Secretario de Seguridad de Estados Unidos,
John Kelly, cuando equipara a un Gobierno de izquierda con el sentimiento
antiestadounidense en México?
–Bueno, el
Secretario Kelly… El General Kelly… Yo creo que hay inercias. Aquí es una
inercia de la Guerra Fría. Por un buen tiempo, la presencia norteamericana en
México y América Latina estaba destinada, después de la Segunda Guerra Mundial,
después de 1947 y 1948, a asegurarse que la izquierda no llegara al poder porque
eso podría favorecer la posición soviética en este continente y eso afectaba el
interés nacional norteamericano. Esa fue la posición inamovible que llevó a que
en 1954, Estados Unidos derrocara al régimen guatemalteco, a que en 1960 se
enfrentara con el régimen cubano, a que se pusieran muchos recursos para
destruir a las organizaciones de izquierda en América Latina. (Hubo muchos
recursos para que) se derrocaran Presidentes, se diera apoyo a militares, se
hiciera todo lo posible porque la izquierda no llegara al poder, ni por los
votos ni por las armas. Pero la Unión
Soviética ya se fue. Desapareció, se vino abajo un gran imperio sin que nadie
lo tirara. Entonces Estados Unidos queda como única gran potencia en la
estructura mundial. Ya no tiene necesidad de estar luchando contra la izquierda
porque ya no representa un peligro para su interés global. Entonces, ¿qué le
está pasando al señor Kelly? Yo supongo que son simplemente reflejos que le
dejó la Guerra Fría y él como General pues a lo mejor le quedó más de la Guerra
Fría, pero Estados Unidos no tiene ningún interés vital en peligro si la
izquierda llega (al poder en México).
–Entonces,
¿el Secretario de Seguridad de la Administración Trump es un hombre
desinformado que más bien se está guiando por la inercia del trauma de la
Guerra Fría?
–Yo creo que
sí. Es además un Secretario de Seguridad que acaba de llegar. Y es un
Secretario de Seguridad que está desorientado, que no se sabe qué es lo que va
a hacer, que no se sabe ni qué es lo que piensa. Tiene el poder, pero cambia de
un momento a otro. Le surgen problemas y entonces reacciona ante ellos de una
manera muy espontánea. Kelly no es quien hace la política exterior de Estados
Unidos. Hay otros. Está el Departamento de Estado, de Comercio, está la de Migración.
Hay un montón. Literalmente son docenas de oficinas y aparatos de la burocracia
norteamericana que se interesan en México. Nunca, o casi nunca hay una política
clara. Menos ahora. Y que ese señor diga que no nos conviene la izquierda… Yo
no me preocuparía gran cosa, pero sí la tomaría en cuenta. Lo tomaría en cuenta
para insistir en que el interés nacional mexicano, ese sí, tiene que ser
definido con mayor claridad porque nosotros somos la parte débil y no nos
podemos dar el lujo de equivocarnos. Ellos sí se pueden dar el lujo de
equivocarse. Pero nosotros estamos en una situación de desventaja. En 1945, el
Embajador norteamericano (George S.) Messersmith dijo que Miguel Alemán no. Y
Miguel Alemán llegó. Digo, para desgracia nuestra, pero eso ya es otra cosa.
Quiere decir que México sí puede en circunstancias más serias que las de ahora.
Esta expresión del General Kelly sí debemos tomarla como algo interesante.
Ellos están diciendo qué gobierno debemos tener y cuál no. Bueno, vamos a mostrarles que sí tenemos
capacidad, al menos de relativa independencia con Estados Unidos. Tenemos que
hacer declaraciones oficiales y no mostrarnos sumisos. Cuando Estados Unidos ve
muy sumiso a un país, y no nada más Trump, van imponiendo sus intereses y se
van hasta la cocina.
–Estudioso
usted del intervencionismo histórico de Estados Unidos en México, ¿qué peso se
le debe dar a las palabras de Kelly?
–No tienen
los instrumentos para intervenir de manera decisiva con nosotros. Si en 46 no
pudieron cuando estaba relativamente más fuertes. Ahora que tienen problemas en
otras partes, México no les representa si se va por la izquierda realmente un
peligro.
–Pero el
canciller Luis Videgaray de nuevo
muestra esta sumisión tan criticable. No dijo mucho sobre las palabras de Kelly…
–Dice
Videgaray que le dijo que por favor no se metiera en eso y que él entendió. El Gobierno de Peña Nieto se está acabando.
Entonces ya no hay que pensar en Peña Nieto.
–Que se está
acabando es como una esperanza. Quedan dos años…
– ¿Cuáles dos años? Es menos de dos
años. Y es el momento en que ya empiezan a perder el control, si es que alguna
vez lo tuvieron, de los hilos principales del país. Están saliendo otros
actores. Tienen que salir por el calendario electoral. No es que sean nuevos
actores pero van a cobrar más fuerza. La
lucha por el poder vía las elecciones se va a ver con toda dureza y brutalidad
por medios legales e ilegales, legítimos e ilegítimos. Las instituciones están
pulverizadas, están hechas una vergüenza. Es un momento muy difícil. Pero ya no
puede Peña Nieto tomar las grandes decisiones.
–¿Un
Presidente emanado de la izquierda atizaría el sentimiento antiestadounidense
en México?
–La izquierda mexicana no es
revolucionaria, no es anticapitalista, simplemente está proponiendo una
redistribución de los privilegios menos brutal y eso, ¿qué le interesa? ¿En qué
le afecta? ¿En qué parte sustantiva le afecta a Kelly? En nada. Es una
izquierda muy poco radical. Es una izquierda que quiere atacar la corrupción.
Eso le viene bien a Estados Unidos porque entonces sus empresas que son muchas
y están aquí y que tienen que operar en buena medida a base de sobornos de
corrupción, operarían en un campo más claro. ¿Quién saca a la luz la corrupción de Oderbrecht en el
caso de Pemex? Un tribunal
norteamericano porque no quieren esa corrupción. No les conviene que los
brasileños les ganen pasando dinero. Eso
es a lo que Estados Unidos no le conviene y eso es lo que la izquierda podría
combatir. En realidad, la izquierda le conviene a Estados Unidos si hace el
juego cotidiano mexicano algo menos corrupto. Nos conviene a los dos.
–Si la
izquierda mexicana se reduce a Morena, ¿es a López Obrador a quien le temen?
–Pero, ¿a qué le temen? Esta idea del
temor a López Obrador por parte de la derecha nunca la entendí bien. ¿Por qué
la derecha mexicana se empeñó en 2006 en esa campaña? Hay que reconocer que fue una
campaña perfectamente hecha de Emilio Zolá. Pero una derecha inteligente que pensara en los siguientes 10, 20, 30
años sí le convenía un cambio en el partido que dirigiera los destinos de
México con el eslogan de “los pobres primero” porque hay que sacar a esa
parte que históricamente ha estado hundida. Hacerla partícipe para que sienta
que el gobierno sí le pertenece, la representa. Le convenía una izquierda
moderada que recuperara un poco el sentido de que el gobierno le pertenece a
todos. La distancia es enorme entre los extremos en México y ningún país puede
funcionar bien con tantos extremos. Ni Estados Unidos, al que se le está llegando
el momento de ver la disfuncionalidad de esa creciente distancia de los pocos
que no consiguen mucho y los pocos que no consiguen nada. Entonces no veo qué
diablos le molesta a Kelly.
–Tampoco
vimos qué diablos le molestaba a Calderón en 2006 y logró poner en la memoria
la frase “López Obrador es un peligro para México”…
–Entonces sí estaba en juego quién
iba a hacerse cargo de los miles de millones de pesos del presupuesto y eso sí
le interesaba. Lo que no se entendió es a quiénes les interesaba que Calderón
fuera el Presidente.
Fue un desastre a la hora de centrar su
política en la seguridad, en el ataque militar al narco. Fue un juego muy
peligroso. Cuando demostró que el
Ejército no podía, México se quedó sin ninguna institución que pudiera ser
teóricamente la que enfrentara al narco. Y el narco se dio cuenta. Dijo: “Sí puedo, échenmelos”. El resultado histórico de Calderón es un
desastre. ¿Qué ganó la derecha con él? Por eso, creo yo, que hay algunos
empresarios que ahora piensan que no fue la estrategia adecuada. Y quizá ahora
digan, vamos a acercarnos a Andrés Manuel López Obrador y lo vamos a calmar un
poquito más, pero si nos consigue que la corrupción disminuya, a lo mejor
nuestros negocios van mejor.
– ¿Es un
buen momento entonces para el candidato histórico de la izquierda?
–Es un buen momento porque todo está
muy mal. Entonces, tan mal está todo que resulta que es un buen momento. Pero
yo no arriendo las consecuencias. Si gana, Morena tendrá que enfrentar un
problemón.
–Hablando del desastre y la
corrupción, el equipo de Andrés Manuel López no ha sido transparente…
–Es que no hay nadie transparente en
México. Tendríamos que traer a la madre Teresa que ya se murió
–Como dice
usted, desde Fox tenemos una estructura importante para que se rindan cuentas,
pero nadie lo hace…
–Es el régimen profundo. A Andrés
Manuel, su biografía es lo que lo avala. Ya no está en la juventud, ya pasó un
poquito la madurez y entonces uno puede preguntarse, ¿cuántos millones de
dólares tiene? Pero si no se los pueden encontrar es porque no los tiene. Ya la biografía no se puede rehacer.
Se tomaron decisiones cuando se era joven, cuando
deja Tabasco para no ser el oficial mayor y venirse de desempleado a la Ciudad
de México. Esa para mí es la prueba de fuego. Ahora que otros que están en ese
equipo no son tan claros, eso es cierto.
– ¿Cuál
sería el escenario si ganara la izquierda?
–Ningún escenario particularmente
preocupante. Insisto: si López Obrador hace funcionar mejor las instituciones
hasta le darán las gracias.
–En caso de
que gane la derecha
–Pues ya
tienen experiencia… Este país ha estado en manos de la derecha desde los 1940,
que yo recuerde. Ya se la conocen muy bien.
–En caso de
que gane el PAN; no la derecha; sino el PAN...
– [Se ríe] Sería la mala suerte para nosotros, pero la
mala suerte nos acompaña muy frecuentemente en estos últimos tiempos.
– ¿Y el PRI?
–No tendrían ningún problema… La
decadencia del sistema político mexicano seguiría adelante y la decadencia en
el largo plazo sí debería preocuparles. Porque aunque no lo quieran, aunque pongan su estúpido muro, si México se resquebraja todavía más, si
hay más violencia, si el crimen organizado toma más auge, eso es contrario al
interés norteamericano. Y bueno, el PAN ya mostró como Gobierno la profecía
del fundador de esta institución, Daniel Cossío Villegas, que hizo en 1947 en
su ensayo “La crisis de México”. Predijo que si el PAN llegaba al Gobierno, no
iba a poder con el paquete porque carecía de cuadros y conocimiento del país.
Él la puso como crisis moral. Yo la
pondría como crisis de las instituciones que no cumplen el papel para el que
fueron diseñadas. La justicia no
imparte justicia, la policía no protege al ciudadano, la Secretaría de Hacienda
no recaba los impuestos donde debe recabarlos, el Seguro Social o el ISSSTE no
proveen la calidad de los servicios de la salud que requieren los mexicanos. La
Secretaría de Educación no da la educación que se requiere. Toda esa estructura
tan llena de intereses, sólo Dios la podría arreglar. Ni la izquierda la puede
arreglar. Pero hay quienes pueden hacerla peor. Cavar más hondo en la fosa en
donde estamos metidos.
– ¿Con Peña
Nieto se tocó fondo?
–Con Peña Nieto espero que se haya
tocado fondo. Pero no, no es necesario. El país puede irse más abajo todavía y
el futuro inmediato puede ser la mediocridad y la descomposición por varias
generaciones. Eso ha pasado. Veamos los países africanos. No todos, pero
algunos de ellos.
–Peña Nieto
no toca fondo, pero mantiene la obsesión
de privilegiar la lealtad. Es una lealtad demostrada a las personas de su
círculo cercano. Así tenemos funcionarios muy vinculados a él en instituciones
como la Sedesol, la PGR y ahora, el Inegi. ¿Eso contribuyó a la crisis de las
instituciones?
–En una de las
dos veces que vi a Hank González, alguien le hizo la pregunta de qué es lo que
más valía, ¿la eficacia o la lealtad? Y respondió de inmediato que la lealtad.
Luego se dio cuenta de lo que había dicho porque estaba ante un grupo de
profesores del Colmex. Y completó: “pero yo considero que la lealtad es eficacia”.
Bueno, sigue el dictum del profesor.
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