Pese a que
era considerado prófugo de la justicia desde hace varios años, Tomás Yarrington
tenía escoltas del gobierno del estado hasta octubre del año pasado, reveló el
gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca.
Yarrington:
radiografía de la impunidad enraizada.
Miguel
Pulido.
El caso de
Tomás Yarrington Ruvalcaba, recién capturado (9 de abril) en Florencia, Italia,
retrata de cuerpo entero la dimensión del complejísimo problema que vivimos. Si
esto no es una crisis, no sé qué lo será.
Conviene
abordar distintos ángulos del asunto. El caso resulta emblemático por varios de
sus rasgos:
1.- Tibieza,
complacencia o complicidad
En México es de subrayar la falta de
determinación de la clase política para condenar con firmeza las conductas
ilícitas. Con el fantasma (o pretexto) del uso faccioso de las instituciones,
cuando los políticos tienen que escoger entre creerles a éstas o a sus
compadres, siempre prefieren a los segundos. El caso de Tomás Yarrington da
perfecta cuenta de ello.
Los de enero
de 2012 eran días de precampaña, pero Peña Nieto ya era el único contendiente
al interior del PRI por la candidatura a la presidencia de la República. La PGR
había anunciado un requerimiento internacional para localizar a Tomás
Yarrington, investigado por narcotráfico en Estados Unidos. En una entrevista,
se da el siguiente diálogo:
-Precandidato que nos pudiera
comentar su reacción a esta acusación de la DEA contra el exgobernador
Yarrington.
-(…) me parece que esta es una
filtración, una especulación que ha ocurrido en plena campaña electoral (…)
Ahora resulta que esta indagatoria se da -¿hace cuánto fue gobernador?- hace 7
u 8 años, justo cuando estamos en contienda electoral, lo cual despierta
sospecha.
¡Qué cosas!
Hace 5 años, esa fue la respuesta de Enrique Peña Nieto ante una acusación de
esa gravedad: sospechar del uso electoral de las instituciones.
2.- El
crimen es transnacional, la impunidad local.
Las acciones legales en Estados
Unidos contra mexicanos por hechos ocurridos en México han incrementado en años
recientes. No se trata de simples curiosidades que pasan fuera de nuestras
fronteras.
El caso
Yarrington remite al asesinato en
noviembre de 2011 del empresario Alfonso Peña Argüelles. Apenas 3 meses después
de ese hecho, su hermano (Antonio Peña Argüelles) fue detenido en Laredo y
encontrado culpable de ser intermediario entre el Cártel del Golfo, los Zetas y
políticos corruptos. Los documentos oficiales presentados en los tribunales de
Texas ya referían e involucraban a Yarrington, quien al mismo tiempo se daba el
lujo de tuitear su convicción de impunidad.
Al juicio
contra Peña Argüelles siguió uno más ya
directamente contra el exgobernador de Tamaulipas y otro empresario: Fernando
Alejandro Cano Martínez, por lavado de dinero y delincuencia organizada. Los
papales en la Corte refieren también al asesinato de Rodolfo Torre Cantú
-candidato a gobernador- crimen que sigue sin resolverse.
Total, las acusaciones de pertenecer a la narco-política
se fueron confirmando. Tanto Cano Martínez como Peña Argüelles se declararon culpables, sumándose así a
una kilométrica lista de empresarios, servidores públicos y personajes
políticos mexicanos que han aceptado ante los tribunales de Estados Unidos
haber lavado dinero y cooperado con el narcotráfico.
Todos esos
casos contrastan con la pachorra e ineficiencia de las autoridades mexicanas.
El colmo, mientras Yarrington tenía carácter de fugitivo en los Estados Unidos
y una averiguación previa en México a nivel federal, las autoridades de Tamaulipas le proveían los servicios de seguridad
con agentes de la policía ministerial estatal.
3.-
Mansiones, empresas, inversiones: it’s all about the money.
Se ha dicho hasta el cansancio:
nuestro gobierno es incapaz de atacar la estructura financiera de los cárteles,
de las redes de corrupción política y de otras formas de delincuencia
organizada.
El caso de
Yarrington muestra la importancia de ir
tras los activos, tras los capitales sucios y las redes de prestanombres y
testaferros. Las acusaciones de las autoridades de Estados Unidos arrasaron
primero con el patrimonio de quienes hoy se han declarado culpables. Lo mismo
decomisos de vehículos, joyas y dinero que expropiaciones de lujosas viviendas,
intervenciones bancarias o multas exorbitantes. Todo lo que acá no se hizo
ni se hace.
En contra de
los socios de Tomás Yarrington pesó todo, demandas civiles, procesos penales,
investigaciones administrativas y la aplicación de leyes especiales para
extranjeros. Entre las penas impuestas por condenas, los acuerdos de
culpabilidad y decomisos en sólo 3 casos hablamos
de más de 25 millones de dólares. Y, por supuesto, mucha gente en prisión (y
otra fugitiva como el propio Eugenio Hernández, sucesor de Yarrington).
Pero la cosa
no paró ahí. Este poder económico no tendría viabilidad si no contara con
esquemas financieros. El caso Yarrington
también muestra las responsabilidades del sistema bancario. Resulta que el caso de lavado de dinero de
Peña Argüelles se sumó a otras pifias en el control de depósitos y manejo de
cuentas, que implicó una histórica sanción a Citigroup.
En junio de
2015, Banamex USA (subsidiaria de Citigroup) recibió una multa de 140 millones
de dólares por violar las leyes de lavado de dinero. Recordemos que, en 2012,
HSBC se declaró culpable de permitir que dinero de fuente criminal viajara de
México a Estados Unidos y que por ésta y otras acusaciones pagó una multa de
1.9 billones de dólares.
4.- El
blanqueo social del dinero.
Las noticias
sobre delincuencia organizada nos quedan lejos, entre otras cosas, porque las
relegamos a la sección policial.
Saúl
Fáundez, personaje de la novela Tinta Roja de Alberto Fuguet, describe así a
los periódicos que reportan el crimen: “podemos publicar lo que queramos porque
nadie importante los lee”. “La sección policial es la única parte donde los
pobres aparecen con foto, nombre y apellido. Nuestras páginas son como la vida
social de los pobres.”
El caso de Yarrington muestra que el
narcotráfico y la delincuencia organizada no son sólo esa cosa horrible que
sucede en las secciones policiacas. Son historias oscuras y enredadas.
Demasiado poder y demasiado dinero.
Son tramas llenas de personajes. Sí,
además de los gatilleros, los que usted imagina: empresarios, funcionarios de
aduanas, ex gobernadores, compañías transnacionales, bancos. Pero también hay
cooperantes y criminales a los que el gobierno de Estados Unidos les da permiso
para delinquir o les paga un sueldo.
Parafraseando
a Faúndez, quizá la sección de sociales
es la nota roja de los ricos. Es ahí en donde muchos delincuentes de cuello
blanco aparecen con foto, nombre y apellido.
5.- La
desinformación.
El lamentable (e innegable) avance de
una “sociedad narca” pasa por la absurda negación del diagnóstico. Por el
empecinado acto de resistirse a entender la realidad. O la mezquina
conveniencia de negarla. La impunidad se sirve de la desinformación y de la
mala memoria. Y nada
mejor para esos propósitos que las noticias sin contexto y la discusión pública
cercenada. Los datos sueltos, el hecho aislado, la afirmación no asociable.
Yarrington será presentado como el personaje
malicioso, el que se separó de los valores de su partido, el que traicionó a su
sociedad y a su familia. Pero lo cierto es que frente al fenómeno que vivimos
su relevancia individual es minúscula. Él es, apenas, una pieza de un complejo
engranaje.
Por eso hay
que contextualizar su arresto, revisar su historia. En ella están muchas de las
claves del por qué la impunidad está enraizada.
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