lunes, 30 de septiembre de 2019

Fox y la decadencia panista.


Rubén Martín.

Mejor ocurrencia no pudo tener la dirigencia del Partido Acción Nacional (PAN) para celebrar el 80 aniversario de su organización que llamar como invitado principal al ex Presidente Vicente Fox Quesada.

Nadie como Vicente Fox revela la decadencia y crisis política por la que atraviesa el viejo partido blanquiazul.

Acción Nacional fue fundado entre el 14 y 17 de septiembre de 1939 en el Frontón México, en la capital del país, por dos de sus grandes ideólogos: Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna. En sus orígenes convergían corrientes tanto liberales como conservadoras. El PAN fue un partido de derecha, cercano a los empresarios y a la ideología capitalista de la libre empresa, pero también un gran partido de base que recogía reclamos legítimos en contra del autoritarismo y los fraudes cometidos por el entonces partido hegemónico, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Tras 60 años de trayectoria como uno de los dos grandes partidos opositores al PRI, el PAN ganó la presidencia de la república en el año 2000 con la candidatura de Vicente Fox.

Éste, un ex directivo de la Coca Cola, mediocre empresario agrícola, utilizó la gubernatura de su natal Guanajuato como plataforma para posicionarse como aspirante presidencial durante tres años: a partir de la elección intermedia de 1997.

La estrategia dio frutos, utilizando la plataforma del Gobierno de Guanajuato y acompañada de un abundante financiamiento proveído por empresas interesadas en que el ex directivo de la marca refresquera llegara a la Presidencia del país para dar manga ancha a su agenda de intereses. Y así ocurrió.

El mérito de Fox fue que supo representar el papel que le dictaron sus mercadólogos y estrategas de campaña: un ranchero que desafiaba al sistema, que calzaba botas, franco y mal hablado, que prometió sacar a las tepocatas, víboras prietas y alimañas de Los Pinos y que en su cierre de campaña en León, Guanajuato ofreció crear una comisión nacional anticorrupción y terminar con el narco-Estado imperante en México.

La tragedia de Fox es que esa imagen y esas promesas quedaron en eso: en estrategias publicitarias que le dictaron estrategas electorales estadounidenses como Rob Allyn y Alan Stoga, pagados por sus patrocinadores como Coca Cola y General Motors.

En efecto, Fox no era un “ranchero” franco que le hablara directamente al pueblo para criticar al PRI y ofrecerle un cambio político a la sociedad mexicana. Fox fue convertido en ranchero por sus asesores de imagen. De hecho, una asesora contratada por Rob Allyn tuvo permiso para inspeccionar el clóset personal de Fox y tirar la ropa que no convenía a la imagen que se quería proyectar del entonces gobernador de Guanajuato. Los entretelones de la campaña foxista están contados al detalle en el libro Asalto a Palacio. Las entrañas de una guerra (Grijalbo, 2001), del empresario regiomontano Guillermo H. Cantú, quien participó en la campaña foxista y por tanto conoció la intimidad del círculo cercano del precandidato presidencial.

En realidad, el Fox ranchero echado pa’ delante, es un fake Fox, un Fox edulcorado por la mercadotecnia.

Pero en su momento no importó para el PAN. Ganaron la Presidencia de la república en julio del 2000 y comenzó así uno de los mayores engaños políticos en la historia reciente del país.

El candidato que ganó las elecciones ofreciendo un radical cambio político, y que la mayoría de intelectuales y comentaristas liberales aceptaron como una transición a la democracia, se convirtió en los hechos en Presidencia de la continuidad del modelo neoliberal y que en lugar de sacar a la tepocatas y alimañas de Los Pinos, las convirtió en sus aliados políticos.

Para los que no lo recuerden, Fox se apoyó estratégicamente en la fuerza política de Elba Esther Gordillo e incluso pidió apoyo de Carlos Salinas de Gortari para convencer al PRI de su fallida reforma hacendaria.

Son innumerables las pifias políticas de Vicente Fox, pero son de antología las anécdotas de sumisión al imperio. Por ejemplo, el “comes y te vas” al líder cubano Fidel Castro en una conferencia internacional sobre financiamiento para el desarrollo celebrada en Monterrey, en marzo de 2002.

Fox no solo no sacó a las tepocatas de Los Pinos, sino que las convirtió en aliados estratégicos; no cumplió su promesa de combatir la narco-política, porque si lo hubiera hecho no estaríamos metidos en esta guerra infame que hay en México; no cumplió su promesa de crear un fondo para la educación con los ingresos excedentes del petróleo; y no cumplió con su promesa de democracia para el país. Al contrario, traicionó esa demanda del pueblo mexicano.

Hay evidencia consistente de que Fox conspiró con representantes de otros poderes públicos (ministros, procuradores, gobernadores) para impedir que un político que no le simpatizaba (Andrés Manuel López Obrador) fuera candidato, o que siendo candidato, ganara las elecciones.

Hay evidencias grabadas de que incluso el mismo día de la elección presidencial de 2006, ministros del gabinete de Fox, como Pedro Cerisola y aliadas políticas como Elba Esther Gordillo negociaron con gobernadores priistas votos en sus estados para el candidato panista Felipe Calderón.

Al imponer de manera fraudulenta a Felipe Calderón en 2006, el PAN terminó de matar la poca legitimidad política que le quedaba.

De la mano del locuaz Vicente Fox y del irresponsable Felipe Calderón, los panistas dejaron de ser militantes políticos contra el autoritarismo y la antidemocracia priista para convertirse en una clase política profesional dispuesta a hacer todo para permanecer en el poder.

Fue una camada política a la que le gustó el poder y sus prebendas, es decir, que se aburguesaron y en el camino se corrompieron para convertirse en todo contra lo que lucharon en 60 años de partido opositor.

Por eso el PAN está en decadencia y en el basurero de la historia. Quién mejor para celebrar esta condición que Vicente Fox.

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