Alejandro
Calvillo.
Las notas
periodísticas relatan que la madrugada del viernes pasado, cabilderos de la
industria del tabaco, los refrescos y la comida chatarra festejaron en un
restaurante de la Cámara de Diputados haber logrado que no se aumentaran los
impuestos a estos productos.
Los
impuestos al tabaco, al alcohol y a las bebidas azucaradas están mostrando ser
una de las medidas más efectivas para reducir el consumo de estos productos que
provocan la muerte de decenas de miles de personas cada año en nuestro país.
Por tabaco se considera que cada año mueren en México 60 mil personas y por
consumo de bebidas azucaradas más de 24 mil, es decir, cada hora mueren 9.5
personas por consumir estos productos. Cualquiera de estos productos, por si
mismos, matan más personas que el crimen organizado.
Al
reducir el consumo de estos productos los sectores más beneficiados son los
jóvenes, los niños y las familias más pobres, porque son los en los que más
reaccionan al incremento de precios. Si los impuestos al tabaco han salvado
decenas y cientos de miles de vidas alrededor del planeta, los impuestos a las
bebidas azucaradas, donde se han establecido en un 20 por ciento o más de su
valor, muestran una reducción muy efectiva en consumo.
Los
cabilderos reunidos en la Cámara de Diputados, al festejar que los impuestos no
aumentarán al tabaco, al alcohol y a las bebidas azucaradas, no sólo impidieron
que esta medida contribuyera a proteger la salud de la población mexicana que
se encuentra bajo una emergencia epidemiológica de obesidad y diabetes que
colapsa el sistema de salud, también impidieron que muy importantes recursos
financieros se destinaran a proteger la salud de la población más vulnerable,
recursos que deberían ir a prevención y atención.
En la nota
de prensa se destaca que en la mesa, entre los cabilderos que festejaban, se
encontraba Shirley Camacho, hija de Yeidckol Polevnsky. Shirley trabajó durante
años como cabildera de la industria del tabaco, para British American Tobacco,
y actualmente lo hace para CANACINTRA en el área de alimentos y bebidas,
enfocada en bloquear todas las políticas de salud pública que puedan afectar
las ventas de esa industria. En la misma mesa, festejando, se encontraba
también Rosemary Safic Samour, que se señala cabildea tanto para la industria
del tabaco como para la de alimentos, esposa del alcalde de Morena en
Azcapotzalco, Vidal Llerenas.
La
propuesta de aumentar los impuestos establecía que los recursos se etiquetaran
al sector salud, lo que representaba un enorme paso en la política fiscal para
transparentar el destino de los recursos, especialmente, de los impuestos
especiales a productos que generan un daño en salud y cuyas consecuencias las
pagamos todos. Sería la primera vez que en México se establecería el etiquetado
de un recurso fiscal importante a un objetivo preciso, una política de
transparencia que se ejerce en muchas naciones democráticas.
En varias
naciones los impuestos al tabaco están etiquetados directamente a los servicios
de salud. Lo mismo ha comenzado a ocurrir con el impuesto a bebidas azucaradas.
En Berkeley, California, la comunidad participa en elegir el destino de los
recursos, como en Berkeley, California. En la ciudad de Filadelfia, la alcaldía
ha decidido los programas en los que se aplican los recursos recaudados: nuevos
establecimientos de educación preescolar y centros de barrios en las
comunidades más pobres de la ciudad, en los que se atienden casos de
drogadicción y se apoya a madres solteras, entre otros programas. En
Filadelfia, al tiempo que se redujo el consumo de bebidas azucaradas en más de
un 30 por ciento, se crearon empleos que dan servicio y benefician a las comunidades
más vulnerables.
El
incremento de los impuestos a estos productos, cuyo consumo genera daños a la
salud que provocan altos costos a las finanzas públicas y a la economía de las
familias, no pasó en la Cámara de Diputados. La Diputada Martha Tagle escribió
en su tuit: “Se había aprobado una reserva para aumentar IEPS a las bebidas
azucaradas, alcohólicas y tabaco, pero Fernández Noroña sirvió a los intereses
de las empresas para tirar la modificación”.
El caso del
consumo de alcohol es otro más cuyas consecuencias comienzan a agudizarse en
extremo en nuestro país. Datos oficiales indican que el consumo de alcohol
comienza cada vez más a menor edad, estableciendo que actualmente niños y niñas
mexicanas comienzan a consumir alcohol a los diez años. En nuestro país lo que
es más preocupante es el inicio a temprana edad y el aumento de episodios de
consumo excesivo. Los eventos en que se consume en exceso hasta perder la
cordura han aumentado y más entre las niñas. Una de las medidas más efectivas
para reducir el consumo de alcohol, especialmente entre los menores, son los
impuestos, la estricta regulación de su publicidad y su venta. En México nada
de esto ha avanzado, incluso, el país carece de un programa nacional de
alcohol.
En el
caso del alcohol los impuestos han sido fundamentales para reducir su consumo.
En Rusia, país en el que se presentaba uno de los mayores consumos de alcohol y
donde la Organización Mundial de Salud se vivía una “crisis de mortandad” por
alcohol, las políticas redujeron el consumo de alcohol en un 40 por ciento
teniendo como eje central las medidas fiscales. Otra medida ha sido el control
de los puntos y horarios de venta. En México vamos en sentido contrario, con el
cáncer que extienden los Oxxos en consumo de alcohol, tabaco, bebidas
endulzadas y comida chatarra.
No es de
extrañar que los mismos cabilderos que festejaron en la Cámara de Diputados
trabajen para los tres sectores: tabaco, alcohol, bebidas azucaradas/comida
chatarra. Estas tres industrias son las principales causantes de las
enfermedades crónicas no transmisibles que se han convertido en la principal
causa de enfermedad y muerte en México y gran parte del mundo.
En el
International Journal of Health Policy and Mangement (JHPM) de mayo pasado, se
publicó el artículo: “La Gran Industria de la Comida, el Tabaco y el Alcohol.
Reduciendo la Influencia de la Industria en las Políticas y Leyes de Prevención
de las Enfermedades No Transmisibles”. Los expertos señalan cómo estas
industrias se han movido a los mercados de las naciones de ingresos medios y
bajos provocando un fuerte impacto al incrementar las enfermedades no
transmisibles. No se trata solamente de las estrategias agresivas de publicidad
y mercadeo de productos no saludables, también de sus tácticas para resistir y
bloquear las leyes y políticas diseñadas para reducir el consumo de sus
productos. Para sustentar estas estrategias realizan inversiones
multimillonarias, contratan agencias de cabildeo y de relaciones públicas para
penetrar en los poderes ejecutivo y legislativo.
La investigación
publicada en el JHPM, como muchas más, demuestra la necesidad urgente de
establecer mecanismos para evitar la interferencia de la industria en las
políticas de salud. Se requiere instituir regulaciones que eviten la influencia
de la industria en la política y la transparencia de las relaciones que
establecen con estas corporaciones funcionarios y legisladores.
Por lo
pronto, una vez más, una política fundamental para enfrentar la catástrofe
sanitaria que vive el país por el consumo de estos productos, es bloqueada por
las corporaciones con el apoyo de legisladores aliados. Así como se puede
calcular el efecto que puede tener un impuesto proyectando la reducción de
enfermedades y muertes, puede decirse que esas mismas enfermedades y muertes no
evitadas son responsabilidad de quienes bloquearon esa política. Lo anterior,
sin considerar el beneficio que daría el ingreso de esos recursos para las
políticas de prevención y atención en salud.
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