Gustavo De
la Rosa.
La
información ofrecida por el Gobierno de López Obrador y la intención de dejar
claro el operativo de Culiacán, contrastan diametralmente con la actitud del
Gobierno de Peña Nieto en el caso de Ayotzinapa, como también lo hacen la
complacencia de los reporteros con Peña Nieto y la conformidad con sus
versiones, con la belicosidad que han mostrado contra AMLO, y su afán de buscar
falsedades, contradicciones y comprometerlo.
¿Cuándo
el Presidente anterior y su equipo de seguridad informaron, con todo detalle,
sobre su actuación en la negra noche de Iguala? ¿Cuándo cuestionaron los
reporteros tan insidiosamente al secretario de Gobernación sobre la información
de inteligencia en torno a la fuga de “El Chapo”? Ni siquiera los anteriores
presidentes ofrecieron una sola conferencia de prensa, para hablar de tú a tú;
nunca se interrogó a Calderón sobre los entretelones de su decisión del inicio
de la guerra.
¿Por qué
tanta comprensión de los hombres de la pluma (salvo contadas excepciones) por
los anteriores presidentes? ¿Simpatía? ¿Transparencia gubernamental? ¿Los
anteriores hacían tan bien su labor presidencial que no quedaba algo por
preguntar? No, la empatía de la gran prensa con los presidentes tenía una
explicación: el bozal.
A mí me
consta que muchos periodistas tenían prohibido escribir la información que
obtenían, porque era contraria a las políticas de los medios en los cuales
trabajaban, y que muchas veces las políticas de los medios de comunicación
estaban determinadas por la política del Estado que, como bozal, les tapaba la
boca. Este fue un bozal que muy pocos se quitaron.
Todos los
que trabajamos alguna ocasión en los medios conocemos puntualmente la máxima de
la prensa nacional, “paga mejor lo que no públicas”; muchos de los que se
desgarran las vestiduras con las expresiones del Presidente, ANTES SONREÍAN
PLÁCIDAMENTE ANTE LAS MENTIRAS PÚBLICAS DE LOS MANDATARIOS.
Eso,
vivir de no hablar, de no decir, es usar un bozal; nunca tener un intercambio
de ideas contrarias con el Presidente, eso era un bozal, un bozal del que se
quejaban después de la tercera cerveza. Pero, ahora que el Gobierno no controla
a los medios, y al igual que con Francisco I. Madero entre 1912 y 1913, la
acción de muchos periodistas ha sido lanzarse, con demasiada subjetividad,
contra el Presidente.
Y esta
nueva belicosidad, esas puntillosas preguntas, esas capacidades de debate y técnica
de interrogación nos dicen que abajo del disfraz de caperuza se escondían
verdaderos perros de guerra, auténticos canes incansables y pertinaces que no
buscan la verdad de los hechos, sino golpear políticamente al símbolo de su
anterior sumisión.
Muchos de
los feroces de hoy, que antes tenían un bozal muy conveniente que los sometía,
al quedar liberados se han lanzado a morder al que, contra su voluntad, los
dejó libres y sin quien compre su silencio.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.