Raymundo
Riva Palacio.
El 7 de
abril, durante su conferencia nocturna, el subsecretario de Salud, Hugo
López-Gatell, mencionó de pasada la existencia de un “comando operativo”,
compuesto de varios grupos técnicos. Nadie le preguntó a qué se refería, pese a
la puerta que abrió, pero ese comando es estratégico. Fue instalado el 18 de
marzo como un gabinete de emergencia para apoyar en la guerra contra el
Covid-19, desde las sombras, y desde entonces trabaja 24 horas al día desde
instalaciones de la Secretaría de la Defensa, en Constituyentes, con la
participación de 35 instituciones.
El Comando
de Incidencias, como se denomina, está coordinado por el secretario de
Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien llegó una semana después de
instalado, y nombró representantes en 25 estados, en varios de los cuales hay
sistemas espejo. Este grupo tiene como pilar central al gabinete de seguridad, que
integran las secretarías de Seguridad, Defensa, Marina, Guardia Nacional y
Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, y fue montado por el
secretario de la Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, y el jefe del Estado
Mayor, general Homero Mendoza, quienes han jugado un papel central en su
operación.
Está
inspirado en el Sistema de Comando de Incidencias de la Administración Federal
de Administración de Emergencias (FEMA) de Estados Unidos, que nació en los 70
para enfrentar los devastadores incendios que sufría California, y está
diseñado para la administración de incidentes mediante la integración de
instalaciones, equipo, personal, procedimientos y comunicaciones, operando bajo
una estructura organizacional unificada. Se enfoca en cinco principales áreas
funcionales: comando, operaciones, planeación, logística, inteligencia e
investigaciones, finanzas y administración, con el objetivo de identificar las
principales preocupaciones y las necesidades urgentes sin sacrificar la
atención de los otros componentes del sistema.
En el
Comando de Incidencias mexicano, el subsecretario de Salud es responsable del
área técnica, en donde participan, además de la Secretaría de Salud, el IMSS,
el ISSSTE y el Instituto de Salud para el Bienestar, y otros grupos de
expertos. Ebrard tiene a su cargo, además de la coordinación general, el área
operativa. Todos los días se reúne de manera remota a la una y media de la
tarde, aunque en el corazón del comando hay un equipo con guardias permanentes
para atender cualquier eventualidad extraordinaria, dentro de lo, de sí,
extraordinario.
El Comando
de Incidencias fue creado para aportar diagnósticos y soluciones. Por ejemplo,
que la Comisión Federal de Electricidad, como ya lo hizo y fue detenida, no
corte la luz a los hospitales por falta de pago. O guías sobre la base de la
información proporcionada por la Conagua sobre la inminente entrada de la
temporada de tormentas tropicales, porque 30 por ciento de la infraestructura
hospitalaria se encuentra en zonas inundables. Desde ahí se organiza la
distribución de insumos en todo el país, responsabilidad de la Secretaría de la
Defensa, y se trabaja sobre planes en caso de terremotos, un siniestro natural
al que le teme mucho el presidente Andrés Manuel López Obrador.
La
preocupación central del Comando se concentra en el abasto, cuya cadena de
suministros no puede interrumpirse por las consecuencias sociales que implica,
y la violencia que podría causar la falta de alimentos en las calles. Desde un
principio, uno de los trabajos más importantes ha sido el diseño de rutas
confiables y fluidas para el abastecimiento de alimento en todo el país, lo que
se ha reflejado en tiendas y mercados, donde no ha habido escasez de productos.
La
infraestructura es la otra gran preocupación, donde las Fuerzas Armadas están
preparándose para el pico de la pandemia, según las estimaciones de
López-Gatell, cuando el Ejército y la Marina aplicarán sus planes de emergencia
instalando los hospitales que puedan desahogar la presión sobre el sistema de
salud, que está llegando a su saturación en varias zonas metropolitanas, como
en la Ciudad de México. La otra prioridad, en buena parte porque toda la
organización depende de la certeza de la información, son los datos que
proporciona el subsecretario.
La
información que ha aportado durante toda la emergencia sanitaria ha sido
crecientemente cuestionada, no sólo por la forma como hace la lectura de los
modelos matemáticos, sino por su negativa a realizar un mayor número de pruebas
sobre la población y poder tener una mayor certeza sobre la dimensión del
contagio en México. Entre los especialistas ha surgido una mayor preocupación,
porque López-Gatell llevaba un mes sin dar el dato prometido de los estimados
positivos, ya que esa cifra probablemente elevaría el panorama del contagio en
México a cuando menos, 177 mil personas.
Como lo hace
el Sistema de Comando de Incidencias en Estados Unidos, el mexicano aporta
guías a todos los niveles de gobierno, a organizaciones no gubernamentales y al
sector privado, para el trabajo conjunto de prevención, mitigación y respuesta
en la emergencia sanitaria, y desarrolla protocolos sobre cómo actuar en todo
tipo de incidentes. El Comando estadounidense incorpora grupos técnicos para
atender crisis financieras y atender las vidas comunitarias en momentos de
crisis, pero no se sabe si estas variables también fueron incorporadas en
México.
Lo que sí
han añadido son seis principios para atender a la población: informar
rápidamente, buscar precisión, ser creíble, expresar empatía, promover acción y
mostrar respeto. En el balance de lo que ha hecho el gobierno, se puede decir
que sí han buscado informar rápidamente, aunque se podría argumentar que la
saturación de información –cuatro conferencias diarias que pueden llegar a
superar las seis horas– puede causar desinformación, que no han sido del todo
precisos, ni ha sido siempre empático –hasta recientemente se ha notado ello–,
ni ha mostrado respeto para toda la sociedad, a la que se sigue polarizando. Es
decir, la ideología se sigue imponiendo. Este aspecto, no lo atiende el Comando
de Incidencias.
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