Pablo Gómez.
Uno de
los grandes problemas del sistema mexicano para el retiro basado en cuentas
individuales es la existencia de empresas parásitas, las llamadas afores.
Nada
justifica las enormes tasas de ganancia de esos establecimientos creados
exclusivamente por ley. Son unas cuantas empresas que conforman un oligopolio.
Cobran cuotas como en ninguna otra parte del mundo, hasta del 1% (casi el mismo
porcentaje que la aportación del trabajador), pero no hacen nada peculiar. Este
sistema de afores es una maravilla: cobrar por recibir depósitos de dinero sin
asumir el más mínimo riesgo ni tener la menor obligación. En términos sociales:
mermar el ingreso laboral como medio de obtención de ganancia. Eso siempre ha
sido un robo.
La
reforma que anunció López Obrador consiste principalmente en ampliar al doble
el número de trabajadores que puedan tener derecho a una pensión garantizada,
tomando en cuenta el ya existente sistema de Pensión para el Bienestar, así
como en aumentar la tasa de retorno de los ahorros mediante mayores
aportaciones patronales.
Esto es lo
más urgente, lo que debió haberse hecho hace años pues ya se conocía a
detalle la dimensión de la crisis del mecanismo SAR, la cual estaba conduciendo
a que millones no pudieran tener pensión (44%) y la inmensa mayoría de los
pensionados sólo alcanzaran bajos porcentajes respecto al salario recibido en
el momento de su retiro. Como ya se ha dicho desde hace más de 20 años, el
sistema previsional mexicano es un mecanismo de empobrecimiento directo de la
mayoría de los trabajadores: no te retiras para vivir mejor sino para ser más
pobre.
La
reforma que ha propuesto el gobierno es un primer paso en dirección de contener
la crisis anunciada. No se puede hacer menos que esto a pesar de que el mayor
problema está previsto para dentro de algunos años. ¿Para qué esperar?
Al
plantearse la incorporación de la actual pensión de adultos mayores al sistema
previsional se está haciendo que los recursos públicos destinados a ese
programa queden comprometidos, lo cual protege también a quienes no cotizaron,
pues el retiro de éstos seguirá siendo cubierto por la Pensión para el
Bienestar.
La
reforma propuesta expresa la característica de las pensiones, es decir, que son
muy bajas en su gran mayoría y, al mismo tiempo, proyecta la nueva orientación
del poder político. Es por ello que las aportaciones del Estado se concentrarán
en favor de quienes reciben menores ingresos.
Como
esquema, tenemos que las cuotas patronales irán de 5.151 hasta 13.875 del
salario del trabajador, en una escala en la que sean porcentualmente mayores
para los salarios más altos. En cambio, la aportación del gobierno, Cuota
Social, será sólo para quienes reciban menos ingreso, hasta 4 UMA (Unidad de
Medida y Actualización).
No se ha
dado a conocer el impacto que pudiera tener el aumento de cuotas patronales en
la recaudación, pero habrá un gasto fiscal por ese concepto.
La tasa
de reemplazo
(porcentaje del salario que al final puede ser jubilación o pensión), se va
a equilibrar entre los diversos niveles de ingresos bajos, con lo cual mejoran
principalmente quienes ganan entre 2 y 5 UMA, más los primeros dos niveles que
los segundos.
La
pensión garantizada, que ahora es de tres mil 289 pesos mensuales, dependerá de
edad, salario y semanas cotizadas, pero, en promedio, se ubicará en cuatro mil
345 pesos mensuales, lo cual es un aumento significativo.
La
reducción de número de semanas de cotización para tener derecho a pensión
garantizada es consecuencia del tamaño de la llamada economía informal, donde
no opera el sistema de seguridad social, lo cual determina que existan millones
de trabajadores que entran y salen durante toda la vida. Al final del trabajo,
cuando llegan a la edad de 60 años o más, no tienen las mil 250 semanas que
ahora es el requisito. Con la reforma, lo harán desde 750 y, a través de 10
años, gradualmente, se establecerá en mil semanas de cotización.
Las
cuotas de los trabajadores no van a aumentar a pesar de que son bajas (1.125%).
Esto se debe a que los salarios mexicanos son demasiado reducidos y a que la
inmensa mayoría de los trabajadores reciben menos de 5 mínimos. No podría explicarse
ahora un incremento de cuotas.
Ningún
sistema previsional es muy bueno o carece de problemas. Cuando no se trata de
asuntos demográficos, se enfrentan a cuestiones relacionadas con los niveles
salariales, las aportaciones o las crisis financieras que afectan la reserva.
El sistema de cuentas individuales es de los peores sistemas, aunque es bueno
para los altos salarios.
Las
reformas que se van a llevar a cabo son indispensables para resolver la
urgencia. Luego, se tendrá que seguir discutiendo la conformación de otro
sistema, el que resulte adecuado a una prospectiva nacional y responda a las
necesidades de los trabajadores formales e informales.
Por lo
pronto, la pensión será la garantía del derecho al retiro, mientras la
pobreza y la desigualdad se habrán reducido un poco.
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