Enrique
Quintana.
Entre
múltiples sectores de la población mexicana pareciera que el abatimiento es el
estado de ánimo dominante.
Hay razones
para ello. Sin embargo, creo que también las hay para la esperanza, y no
siempre las distinguimos.
Permítame
recorrer rápidamente los motivos del abatimiento.
1.- La
pandemia. Ha durado más de lo que la mayoría anticipaba y ha tenido efectos
destructivos muy profundos. En contra de lo que regularmente dicen las
autoridades federales, México será uno de los países más afectados. Incluso con
las cuestionables cifras oficiales, este fin de semana entramos al top five de
fallecidos.
2.- La
crisis económica. Aunque la crisis es generalizada, México será de los países
que tengan una caída más profunda en su economía. De acuerdo con el FMI, en una
proporción superior al 10 por ciento. Esto va a significar el cierre de miles y
miles de empresas y la pérdida de millones de empleos. Además, de acuerdo a la
muy citada estimación del Coneval, 10 millones de personas más caerán en
condición de pobreza.
3.- La
polarización. A diferencia de otros momentos, frente a la tragedia no se gestó
la unidad nacional. Desde la propia Presidencia de la República se promueve la
polarización entre 'nosotros' y ellos; partidarios de la transformación y
adversarios; conservadores y liberales. Y, junto con la polarización se ha
gestado un deterioro institucional producto de las agresiones a organismos
autónomos.
4.- La falta
de opciones. No parece haber opciones políticas vivas, actuantes, que tengan
capacidad de generar propuestas que muevan la agenda nacional, y por lo mismo
mucha gente que percibe que no hay salidas a la crisis.
Pese a todo
lo anterior, pienso que hay razones para la esperanza. Permítame referirlas.
1.-El T-MEC
y la certidumbre de largo plazo. La entrada en vigor del nuevo tratado
comercial, que estuvo bajo fuego por un largo periodo, puede ofrecer la
certidumbre que conduzca a que gradualmente las empresas vuelvan a invertir,
pues el acuerdo rebasa el alcance de un sexenio en México o de una administración
en Estados Unidos. Además, este tratado arranca al mismo tiempo que se
acrecienta la tensión entre China y Estados Unidos, lo que ofrece una
oportunidad que podemos atrapar.
2.- La
resiliencia de empresas y trabajadores. No es la primera crisis que vive México
y de otras hemos salido adelante. Aunque esta vez la caída será la más
drástica, quizá no tenga el alcance, por ejemplo, de la de 1995, que arrasó con
el sistema financiero, o de la de 1982, que destruyó a la banca mexicana y
erosionó por muchos años la confianza empresarial. Claro, habrá costos,
pérdidas y dolor. Pero tenemos lecciones aprendidas que nos hacen pensar que
empresas y trabajadores en el país nos recuperaremos.
3.- La
aceleración del cambio. La crisis que padecemos está acelerando en todo el
mundo los cambios tecnológicos que ya se gestaban. Ello va a permitir que
cuando regresemos a la actividad regular, lo haremos con niveles de eficiencia
y productividad mayores que los que teníamos antes de la pandemia. Lo que por
cierto, es un enorme reto para la equidad.
4.- La
densidad social. La naturaleza de las sociedades democráticas es su capacidad
de rectificar las decisiones que se toman en las urnas, sea quien sea a quien
eligen. La densidad social que tenemos, puede preservar la estructura básica de
las instituciones y garantizar que éstas perduren y sean la vía para corregir
lo que deba corregirse en los próximos comicios. En suma, no somos ni Cuba ni
Venezuela.
No tenemos
un futuro color de rosa, más bien nos enfrentamos a una situación de gran reto
y enorme complejidad, pero contamos con las capacidades para hacerle frente a
esa dificultad. De aquí es de donde debe salir la visión esperanzadora.
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