Dolia
Estévez.
Encontré
a Alonso, el irreverente estudiante que increpó a Luis Videgaray Caso. Lo hizo
para “sacudir” conciencias y denunciar al Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT) por dar legitimidad a “criminales de guerra” y
exfuncionarios “nefastos” como el hombre fuerte del sexenio de Enrique Peña
Nieto.
Su nombre
completo es Alonso Espinosa Domínguez. Nació en Cuernavaca hace 22 años y en
mayo pasado se graduó en Matemáticas, carrera que estudió gracias a programas
federales de apoyo financiero para estudiantes talentosos que no pueden costear
estudios superiores. “MIT es muy caro. De ninguna manera iba a poder pagar esa
colegiatura”.
En el foro
sobre Inteligencia Artificial en febrero, Espinosa Domínguez confrontó a
Videgaray por su presunta implicación en los grandes escándalos de corrupción
del sexenio pasado, desde Odebrecht y Emilio Lozoya hasta la malversación de
fondos para las campañas priistas, Monex y Soriana. “Quería exhibir el legado
de Videgaray en nuestro país”.
Pero el
director del Proyecto Mundial sobre Políticas de Inteligencia Artificial (AI),
que patrocinan la escuela de negocios Sloan y el Stephen A. Schwarzman College
of Computing, no quiso responder. En lugar, invitó a Alonso a escuchar sus
“preocupaciones” en privado (Starr Forum: From Principles to Implementation:
The Challenge of AI Policy Around the World, 21/02/2020). Alonso no fue a verlo
porque, a decir por su respuesta, “era obvio que no pretendía hablar sobre
corrupción”.
En los
cuatro años que pasó en MIT, Alonso no sólo estudió Matemáticas sino los
orígenes del MIT y la simbiosis MIT- poderío militar-grandes corporaciones que
permite el control de sectores completo del conocimiento, difuminando las
fronteras que los separaban. “Estados Unidos empezó a financiar laboratorios en
las instituciones académicas para ayudar en la II Guerra Mundial y después en
todos los conflictos en los que entró por la guerra fría. En Vietnam, MIT tuvo
un papel importante en investigaciones para el ejército estadounidense”.
Constatar
cómo las universidades de élite están en venta al mejor postor—“criminales de
guerra”, delincuentes sexuales convictos y filántropos multimillonarios de
cuestionada trayectoria–acabó con la visión idílica que tenía de MIT al iniciar
sus estudios a los 18 años. En 2019, Espinosa Domínguez ayudó a fundar “MIT
Students Against War”, que se inauguró con la protesta contra la invitación a
Henry Kissinger, cómplice en “múltiples atrocidades”, como orador principal en
la inauguración del MIT College of Computing, creado con 350 millones de
dólares de Stephen A. Schwarzman, CEO del fondo de capital Blackstone.
Schwarzman
es un personaje clave para entender la conexión de MIT con México. Una
semana antes de concluir el sexenio, Peña Nieto, léase Videgaray, otorgó el
Orden del Águila Azteca a Schwarzman, “…por sus gestiones para facilitar
importantes inversiones… en el sector energético y de infraestructura…” (Diario
Oficial, 23/11/2018). Dichas inversiones, entre las que destaca el Proyecto
Tierra Mojada en Guadalajara, se dieron en el marco de la Reforma Energética.
Pero quizá
no fue esa la única razón. La relación entre Schwarzman y Videgaray pudo
haber ayudado a aterrizar el cargo en MIT. Hoy Videgaray trabaja en la entidad
fundada justamente con el dinero del condecorado con el Águila Azteca.
No sólo eso.
Hace tres semanas, Schwarzman, cuya fortuna se acerca a los 20 mil millones
de dólares según Forbes, se sentó a la derecha de Andrés Manuel López Obrador
en la mesa principal en la cena en honor al presidente mexicano en la Casa
Blanca. Los otros comensales: Trump, Carlos Slim, Salinas Pliego y Frederick
Smith, CEO de Fedex. AMLO al lado del patrocinador de Videgaray. Ironías de los
tiempos.
La insólita
invitación a MIT del príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salman,
un “criminal de guerra”, sirvió a Alonso corroborar la lógica del dinero en
la que operan las universidades de élite. A cambio de donaciones
multimillonarias, MIT legitimó la imagen del príncipe y su monarquía represiva
en su gira por Estados Unidos en 2018. El asesino intelectual del periodista
Jamal Ahmad Khashoggi fue agasajado como rey. En ese viaje, bin Salman ultimó
con Trump la compra por 12.5 mil millones de dólares de armamento usado para
masacrar civiles en la guerra en Yemen.
El
escándalo en torno a la perversa relación de MIT con el depravado sexual
Jeffrey Epstein, que se suicidó en prisión, fue otro abrir de ojos para Alonso.
Epstein donó cientos de miles de dólares a Media Lab de MIT. MIT trató de
controlar el daño a su reputación aceptando la renuncia del director,
suspendiendo al profesor que visitó a Epstein en la cárcel y comisionando un
estudio que “MIT Students Against War” denunció por no mencionar el daño
material que MIT causó a las víctimas al darle credibilidad a un delincuente
sexual.
Alonso se
dijo sorprendido por la acogida al video con su pregunta a Videgaray que, pese
a haber estado en YouTube por cinco meses, había pasado inadvertido hasta la
semana pasada que lo abordé en mi artículo en SinEmbargo. “Ni sabía que la
grabación se había puesto en YouTube. Fue una pregunta al final. Va a pasar
desapercibida, pensé”. Hace diez días, el video tenía 130 visitas, hoy tiene
más de 16 mil.
Tras su
graduación, que no fue presencial, Alonso abrió una pausa. “Estoy trabajando
en lo que pueda mientras decido qué hacer exactamente porque han cambiado
bastante mis intereses durante mi tiempo en la escuela”. No fue fácil dar con
él. No sólo porque hay varios con ese nombre, sino que, debido a la pandemia,
el campus está cerrado y queda poca gente a la cual preguntar.
–¿Fuiste a
ver a Videgaray?
–No, ir a
su oficina a platicar con él no tiene mucho sentido y era obvio que no
pretendía realmente abordar el tema por su respuesta en la conferencia.
Obviamente, cuando hay diferencias de opinión es bueno hablar y discutir, pero
aquí no estamos hablando de diferencias de opinión sino de un ex funcionario
nefasto que está siendo legitimado por el prestigio de MIT.
–¿Asumiste
que no iba a hablar sobre corrupción?
–Supuse
que me iba a decir cosas muy vagas, como “quizá cometí errores, pero todo
funcionario comete errores y yo hice todo lo que pude para mejorar el país”.
Ese tipo de discurso. Tampoco había mucho tiempo pues poco después nos sacaron
a todos del campus por la pandemia.
–¿Fuiste a
escucharlo o a increparlo?
–Sabía
que en ese evento lo iban a elogiar mucho y lo iban a presentar como un gran
funcionario, un economista que aporta al tema sobre la ética de AI. Quería
romper ese aire de erudición. Quería exhibir el legado de Videgaray en nuestro
país y también exhibir el discurso que tienen dentro del Schwarzman College of
Computing y que tiene Videgaray. En Estados Unidos, la gente por lo general no
tiene la más remota idea de lo qué pasa en otros países, y por supuesto no
tiene la más remota idea de lo que pasa en México. Llevada tiempo tratando de
exponer el cinismo de la publicidad de la retórica sobre ética.
–¿Qué te
pareció la plática?
–Videgaray
habló de ética y democracia, y sobre cómo estas tecnologías presentan ciertos
problemas éticos y tenemos que procurar ponerles atención. Pero durante la
campaña de Peña Nieto y durante su tiempo como Secretario de Hacienda estaban
negociando fondos para las campañas del PRI, espiando a periodistas con
intentos de hackear sus teléfonos con el programa Pegasus. Eso demuestra que la
retórica es simplemente mercadotecnia para hacer quedar bien al MIT y al
Schwarzman College of Computing. Es verdaderamente increíble el cinismo de
estas personas, de Videgaray y del MIT por el nuevo College of Computing.
Videgaray es un ejemplo más, además de Kissinger y Schwarzman.
–¿Te pusiste
nervioso?
–Sí, un
poco, porque sabía que en general el público veía a Videgaray con respeto. Hay
ese ambiente de estar en presencia de alguien importante y hablando temas
importantes. Con la pregunta quería sacudir ese aire de respetabilidad. Sabía
que también estaban ahí muchos de sus aliados importantes dentro del Instituto.
Personas que fueron sus mentores y asesores durante su doctorado en economía en
MIT.
–Si llegara
a ser implicado en el caso Lozoya, ¿cómo crees que reaccionaría MIT?
–Presiento
que si no piden que lo detengan con fines de extradición y si no se vuelve
escándalo en los medios de Estados Unidos, MIT buscaría quedarse callado y
apoyar a su director del programa de AI.
(Hasta
ahora, Videgaray no ha sido acusado oficialmente por la FGR en relación a la
detención y extradición Emilio Lozoya).
–¿Cómo ve la
comunidad de MIT a Videgaray?
–En los
círculos en los que se desenvuelve y en el Schwarzman College of Computers, lo
aprecian y respetan. A fin de cuenta, las políticas que impuso en México no se
apartan de lo que enseñan en las escuelas de negocios y economía en Estados
Unidos. No es casualidad que muchos de los funcionarios mexicanos hayan sido
entrenados justamente en estas instituciones, el mentor de Videgaray, Pedro
Aspe, también salió del MIT. Lo ven con respeto por la reforma energética y por
las políticas que impulsó, que podrían llamarse neoliberales.
–¿Apoyas a
AMLO?
–No,
desde luego tampoco apoyo a ninguno de los otros partidos ni a las élites
políticas mexicanas. Para mi gusto, Andrés Manuel no puede y no quiere romper
con la élite empresarial mexicana. En la reunión con Trump trajo a toda la
élite mexicana para hablar de cómo Trump respeta a México. Respeto a toda la
gente que, cansada de la corrupción de los gobiernos del PRI y del PAN, votó
por él. No dudo que Andrés Manuel tenga buenas intenciones, pero no creo que
realmente sea posible, dado el balance de poderes que hay en México y en el
mundo, llevar a cabo una verdadera transformación en la sociedad, en las
instituciones gubernamentales y en la economía.
–¿Como surgió “MIT Students Against War”?
–Justamente
por la inauguración del MIT Schwarzman College of Computing, donde está
trabajando Videgaray, que se creo con un donativo de Schwarzman, una persona
nefasta que se ha enriquecido de la crisis de vivienda en Estados Unidos, y que
su compañía Blackstone es una de las que está desforestando la selva amazónica.
–¿Sabías que
el gobierno de Peña lo condecoró con el Águila Azteca?
–Qué
cinismo.
–¿Fuiste
líder del grupo estudiantil?
–Ayudé a
fundarlo. Tuvimos manifestaciones de 200 a 300 personas, grandes en relación a
las de años recientes. Quizá fue por el descontento con la invitación a
Kissinger y la relación de Epstein con MIT. Con el coronavirus, se cerró la
universidad. El caso Epstein y otros dejaron de ser noticia.
–¿Por qué
escogiste estudiar en MIT dada las críticas que le haces?
–Cuando
ingresé, no me quedaba claro todo ese tipo de cosas. En ese momento yo estaba
enfocado en las Matemáticas y no tenía idea de que, en las instituciones de
élite, porque no sólo es MIT, hay ciertas cosas no ideales, sus lazos con el
complejo militar industrial, por ejemplo. No conocía tantos detalles. El papel
que juega MIT en la lucha de Estados Unidos por mantener la hegemonía mundial
(especialmente en el ámbito técnico-militar) y en las pugnas internas sobre
cómo hacer eso.
–¿Qué hizo
cambiar tu percepción?
–Lo que
despertó mi interés por investigar lo que hace la universidad, fue cuando
invitaron al príncipe saudí bin Salman, arquitecto de la guerra actual en
Yemen, una guerra cuyas bombas son fabricadas en Estados Unidos. Apoyada por
los Estados Unidos, Arabia Saudita ha creado quizá la más grande crisis
humanitaria del mundo. Bombardean infraestructura eléctrica, bombardean
funerales, autobuses escolares.
Cuando
eso sucedió, me puse a estudiar y me di cuenta que en un documento público de
2017, MIT habla de defender un “orden político y económico mundial liderado por
Estados Unidos”. Se refieren al imperialismo estadounidense.
–¿Por qué
crees que Videgaray está en MIT y no en Wall Street donde pudiera cotizarse más
alto?
–Más
importante que el sueldo que pudiera estar percibiendo, es el prestigio y la
legitimidad que le reditúa su nexo a una universidad considerada vaca sagrada
de la investigación científica.
Alonso
pertenece a una nueva generación de estudiantes contestatarios, heredera del
idealismo de los movimientos estudiantiles de los sesenta y setenta, que alza
la voz contra la corrupción, el abuso del poder, los conflictos de interés, las
componendas entre élites y la pretensión de legitimar “personas nefastas”. Es
una nueva generación que está cambiando las computadoras en el salón de clase
por el altavoz en la plaza pública o el micrófono en la sala de conferencias.
Jóvenes inconformes cada vez menos tolerantes ante la idea de que el status quo
es inamovible.
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