Enrique
Quintana.
En más de
una ocasión, el presidente de la República ha dicho que en materia económica
“ya tocamos fondo” y que ahora viene la recuperación.
Esta es una
verdad a medias, literalmente. Por una parte es cierto que de acuerdo con
algunas variables, parece ser que ya se tocó fondo. Sin embargo, no es claro
que ya haya comenzado la recuperación. Son dos cosas diferentes.
Mucho se ha
discutido respecto a si después de llegar al piso, la economía emergerá
rápidamente (como una 'V') o si allí se quedará (como una 'L') o si dará tumbos
(como una 'W').
Para
empezar, ¿qué significa que ya se haya tocado fondo?
Si
consideramos los niveles absolutos de algunas variables como el empleo, la
producción, las ventas, entre otras, es posible que en diferentes momentos del
segundo trimestre de este año, en efecto, se haya llegado a los mínimos.
Si lo que
observamos son las variaciones anuales de dichas variables, podríamos tener aún
caídas más fuertes en los siguientes meses.
Le pongo el
ejemplo de la industria automotriz, cuyos datos se revelaron ayer.
En materia
de ventas, el peor mes para esta industria fue abril, cuando apenas se
vendieron poco menos de 35 mil vehículos. En mayo la cifra aumentó a 42 mil y
en junio fueron casi 63 mil.
Otro de los
datos que contrastan es el de la pérdida de empleos formales.
El nivel más
elevado ocurrió en abril con más de 555 mil empleos perdidos. En mayo el
descenso fue de 344 mil, y de acuerdo con las cifras adelantadas por López
Obrador, en su Informe del 1 de julio, en junio se habrían perdido 83 mil
empleos.
No es lo
mismo para todos los sectores. En el mismo Informe, el presidente refirió datos
del SAT para señalar que las tiendas de autoservicio tuvieron un incremento de
ventas de 8.8 por ciento en junio. Pero, cuando tengamos datos, por ejemplo, de
la industria de la construcción para el mismo mes, vamos a ver un desplome
quizás de 20 a 30 por ciento.
En Estados
Unidos también parece haberse llegado, por lo pronto, al piso. Ayer se dieron a
conocer las cifras de empleo para junio y se registró un crecimiento de 4.8
millones de nuevos puestos de trabajo en el mes, lo que permitió bajar la tasa
de desempleo a poco más de 11 por ciento cuando había estado casi en 15 por
ciento un par de meses atrás.
Como le
decía, es diferente haber llegado al piso que recuperarse.
A la par que
en EU empiezan a surgir indicadores económicos positivos, nos encontramos con
una aceleración de los contagios de Covid-19 que están obligando a echar para
atrás algunos procesos de reapertura de la economía.
El 1 de
julio se estableció una nueva marca con 51 mil 200 nuevos casos.
Y si esta
situación se agrava, lo más probable es que el efecto de un nuevo confinamiento
sobre la actividad económica implique una nueva caída.
En México,
vamos en ese camino. Ya hay reversa en Nuevo León. Cuando se observa lo que
sucede en la Ciudad de México, donde mucha gente, a veces por presiones
económicas, por falta de información o por no recibir las señales adecuadas del
gobierno federal, se ha echado a la calle sin tomar las precauciones necesarias,
no se necesita ser profeta para augurar una nueva aceleración de los contagios
en pocas semanas.
Y va a ser
casi imposible que, si eso sucede, se pueda mantener el proceso de reapertura
tal y como se ha diseñado.
Creo que el
escenario más viable que tenemos frente a nosotros en México es una secuencia
de confinamientos y reaperturas por bastantes meses hacia adelante.
En esa
circunstancia, el proceso de recuperación sería muy gradual y muy lento y no
descarte que, a la larga, pueda tener costos aún más elevados que los que hasta
ahora se han estimado en materia de vidas, de salud, de empleos, y de
bienestar.
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