Atzayaelh
Torres.
Trascendió
en medios de comunicación al inicio de esta semana la negociación de Emilio
Lozoya con el gobierno de la #4T que haría caer a sus exjefes; sin embargo,
tendrá además un efecto colateral que será aprovechado para darle, finalmente,
reversa completa a la reforma energética de 2013.
Las
acusaciones del exdirector general de Pemex, que involucran supuestos sobornos
para aprobar el paquete de leyes que dieron origen a la entonces llamada 'madre
de todas las reformas', dan el motivo perfecto que esperaba el presidente López
Obrador y su gabinete energético para enterrar definitivamente esas leyes en
materia de hidrocarburos y electricidad que fueron presentadas con bombo y platillo el 12 de agosto
de 2013 en una suntuosa y opulenta ceremonia en la entonces residencia oficial
de Los Pinos, antes de ser enviadas al Congreso de la Unión, para su
publicación en el DOF en diciembre de ese mismo año.
De acuerdo
con filtraciones publicadas por Raymundo Riva Palacio en El Financiero durante
esta semana, las declaraciones de Lozoya apuntan a un objetivo en
específico: intercambiar información para hundir la reforma junto con Enrique
Peña Nieto y Luis Videgaray, peón y arquitecto (así, en ese orden) de aquella
afamada apertura energética que le llenó el ojo a todos los inversionistas,
calificadoras y al mundo corporativo del hemisferio occidental (léase todo
este párrafo pensando en la portada 'Saving Mexico', que publicó la revista
Times en febrero de 2014).
Lejos de la
parafernalia mediática que provocará la próxima llegada de Lozoya a México, las
eventuales órdenes de aprehensión de sus exjefes y la corona anticorrupción que
se pondrá el Presidente, surge un par de preguntas que estresan a muchos: ¿qué
pasará con el marco regulatorio del sector energético? ¿habrá otra reforma
constitucional?
Sin duda
las elecciones de 2021, de favorecer a Morena, abrirán la puerta para llevar a
cabo nuevas modificaciones de raíz. Tan es así, que representantes de grandes
corporativos con los que he platicado recientemente están redireccionando sus
estrategias de negocios, por completo, a suministrar todo tipo de servicios que
requieran las empresas productivas del Estado, y buscarán acompañar a la
Comisión Federal de Electricidad y a Pemex en este viaje monopólico; muchos ya
están haciendo fila para hacer negocios con ellos.
Así, poco a
poco se confirma que la reforma energética fue un prometedor castillo de
oportunidades y modernidad para México, cimentado por sus arquitectos en un
pantano, donde, ojo, no todos participaron en corruptelas ni se
beneficiaron a la mala, pero que hoy comienza a hundirse por su propio peso.
Quien la siga defendiendo, corre el riesgo de salir manchado. Así las cosas.
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