miércoles, 15 de julio de 2020

Un castillo sobre el pantano.


Atzayaelh Torres.

Trascendió en medios de comunicación al inicio de esta semana la negociación de Emilio Lozoya con el gobierno de la #4T que haría caer a sus exjefes; sin embargo, tendrá además un efecto colateral que será aprovechado para darle, finalmente, reversa completa a la reforma energética de 2013.

Las acusaciones del exdirector general de Pemex, que involucran supuestos sobornos para aprobar el paquete de leyes que dieron origen a la entonces llamada 'madre de todas las reformas', dan el motivo perfecto que esperaba el presidente López Obrador y su gabinete energético para enterrar definitivamente esas leyes en materia de hidrocarburos y electricidad que fueron presentadas con bombo y platillo el 12 de agosto de 2013 en una suntuosa y opulenta ceremonia en la entonces residencia oficial de Los Pinos, antes de ser enviadas al Congreso de la Unión, para su publicación en el DOF en diciembre de ese mismo año.

De acuerdo con filtraciones publicadas por Raymundo Riva Palacio en El Financiero durante esta semana, las declaraciones de Lozoya apuntan a un objetivo en específico: intercambiar información para hundir la reforma junto con Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, peón y arquitecto (así, en ese orden) de aquella afamada apertura energética que le llenó el ojo a todos los inversionistas, calificadoras y al mundo corporativo del hemisferio occidental (léase todo este párrafo pensando en la portada 'Saving Mexico', que publicó la revista Times en febrero de 2014).

Lejos de la parafernalia mediática que provocará la próxima llegada de Lozoya a México, las eventuales órdenes de aprehensión de sus exjefes y la corona anticorrupción que se pondrá el Presidente, surge un par de preguntas que estresan a muchos: ¿qué pasará con el marco regulatorio del sector energético? ¿habrá otra reforma constitucional?

Sin duda las elecciones de 2021, de favorecer a Morena, abrirán la puerta para llevar a cabo nuevas modificaciones de raíz. Tan es así, que representantes de grandes corporativos con los que he platicado recientemente están redireccionando sus estrategias de negocios, por completo, a suministrar todo tipo de servicios que requieran las empresas productivas del Estado, y buscarán acompañar a la Comisión Federal de Electricidad y a Pemex en este viaje monopólico; muchos ya están haciendo fila para hacer negocios con ellos.

Así, poco a poco se confirma que la reforma energética fue un prometedor castillo de oportunidades y modernidad para México, cimentado por sus arquitectos en un pantano, donde, ojo, no todos participaron en corruptelas ni se beneficiaron a la mala, pero que hoy comienza a hundirse por su propio peso. Quien la siga defendiendo, corre el riesgo de salir manchado. Así las cosas.

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