Francisco
Ortiz Pinchetti.
Buena señal envía Claudia Sheinbaum
Pardo al colocar como prioridad de su administración el tema del suministro de
agua potable para la capital. La jefa de Gobierno electa parece tener bien
claro que se trata literalmente de una cuestión de vida o muerte para los nueve
millones de habitantes de la Ciudad de México. También, que la solución está en
primera instancia en la renovación de la red de distribución, cuyo deterioro
provoca que se pierda en fugas más del 40 por ciento del caudal.
Por lo
pronto, anunció hace unos días la
asignación adicional de siete mil millones de pesos al presupuesto del Sistema
de Aguas de la Ciudad de México (SACM) en 2019, para empezar a atender en serio
el problema de las fugas. Algo que no tiene precedentes.
La
morenista, licenciada en Física y doctora en Ingeniería Ambiental, desecha de entrada la perforación de pozos
de extracción, que además de estar prohibidos por la Ley constituyen un crimen
ecológico y una amenaza para la estabilidad de la metrópoli, como nos lo
demostraron los daños causados por el sismo de hace justamente un año. El
acuífero está sobreexplotado y lo que se requiere no es extraer más agua, sino
inyectarla al subsuelo a través de pozos de absorción que aprovechen el agua
residual y la abundante lluvia que cae y se pierde lastimosamente en el drenaje
de una ciudad asfaltada, con muy escasas áreas verdes.
Lo mejor de todo es que Sheinbaum
Pardo sabe que la improvisación y los remedios parciales no abonan a la
solución de esta amenaza mayúscula, la principal que afronta la capital. Por
eso, lo primero es la elaboración de un plan hídrico integral, que contemple
todos los aspectos del tema. A partir de la semana próxima, expertos de la UNAM
trabajarán en un proyecto ejecutivo, para lo cual se cuenta ya con un fondo de
20 millones de pesos aportados por el empresario Carlos Slim a través de su
Fundación. El objetivo, ha dicho la futura gobernadora, es que el Plan esté
listo desde el inicio de su gestión, el próximo 5 de diciembre.
Si algo hubiera que objetarle a su
proyecto es que parece demasiado ambicioso el conseguir, como ella mismo lo ha
dicho, que todos los capitalinos tengan agua todos los días, aunque haya
matizado el sueño de que sea “las 24 horas del día”. Por supuesto ese debe ser el
objetivo a largo plazo, pero la
contingencia actual obliga a combatir antes que nada el desperdicio y procurar
una más eficiente distribución del líquido en las 16 nuevas alcaldías. El
asunto es cuestión de seguridad nacional, como lo ha advertido el ex director
general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), José Luis Luege Tamargo.
Así de
grave.
Actualmente,
la capital recibe un caudal de agua potable nada despreciable de 32 metros
cúbicos por segundo. Es un chingo. El 67 por ciento de ese caudal se obtiene de
fuentes subterráneas: 55 por ciento del acuífero del valle de México, a través
de una red de pozos de extracción, y 12 por ciento del valle del Lerma, el cual
se ubica en el Estado de México a 70 Km de la ciudad. En tanto que el caudal
restante se obtiene de fuentes superficiales, tres por ciento de manantiales
ubicados en la zona sur poniente de la ciudad y 30 por ciento del sistema
Cutzamala, el cual se encuentra en los estados de México y Michoacán, a una
distancia de 124 Km de la capital. Alrededor de 15 metros cúbicos de agua se
pierden en las fugas cada segundo, lo que es un dato atroz. Cada segundo.
Luego de reunirse en el Instituto de
Ingeniería de la UNAM con Ramón Domínguez quien encabeza el equipo del proyecto
de agua, Sheinbaum Pardo reiteró su decisión de ya no perforar nuevos pozos de
extracción y en cambio se comprometió a construir un sistema de captación de
agua de lluvia para combatir la carencia de este líquido; a modernizar e
innovar el sistema de distribución de agua potable y fomentar la creación de
jardines infiltrantes.
Un punto que no ha abordado
directamente es el del manejo transparente del recurso hídrico, que durante
décadas ha sido objeto de una manipulación infame generalmente en razón de
intereses políticos y aun electorales. Esto se agudizó durante los dos últimos
gobiernos perredistas de la capital.
Durante esos
12 años, el SACM ha estado en manos de
Ramón Aguirre Díaz, un ingeniero civil cuya labor se caracterizó por la
opacidad y las mentiras. Indistintamente, según las circunstancias políticas,
achacaba las causas de la escases de agua a deficiencias en el suministro del
Sistema Cutzamala, a problemas técnicos en la red de pozos de extracción, a la
pérdida de presión ocasionada por las fugas, a la proliferación de nuevas
construcciones y, en tiempos recientes al supuesto sabotaje perpetrado por
manos criminales que cerraban las válvulas con objetivos políticos, como dañar
la imagen pública de Mancera Espinosa o del Partido de la Revolución
Democrática (PRD).
Afortunadamente,
Sheinbaum Pardo descartó de entrada la
posibilidad de que Aguirre Díaz siga en el cargo y designó como futuro director
del SACM al doctor Rafael Carmona Paredes, un especialista con más de 35 años
de experiencia en ingeniería hidráulica. De paso aseguró que el Sistema se
convertirá en un organismo descentralizado, para garantizarle mayor autonomía.
Y esas son otras buenas señales.
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