La
periodista Ana Lilia Pérez apunta que el
secretario de Comunicaciones y Transportes aprobó un "Fideicomiso
Maestro", con el cual "entre peores condiciones tengan las carreteras
libres a causa de la falta de prevención por parte del gobierno, más negocio
habrá (para los funcionarios públicos)".
El pasado 26 de diciembre de 2017,
desde las flamantes oficinas de Gerardo Ruiz Esparza en el 1089 de Insurgentes
Sur, se emitió un documento dirigido a Felipe Alamilla Ramos, director general
adjunto fiduciario y delegado fiduciario de Banco Nacional de Obras y Servicios
Públicos (Banobras).
En este se le autoriza modificar el
título de concesión de las carreteras que forman parte del fideicomiso
gubernamental 1936, “con la finalidad de permitir la implementación del Esquema
de Monetización de Activos, el cual consiste en la bursatilización parcial de
los derechos de recibir ingresos provenientes del cobro de tarifas al amparo
del Título de Concesión, respecto de una o más autopistas”.
También se le concede la “autorización para ceder
de manera onerosa los derechos de cobro que tiene el Fondo [Fondo Nacional de
Infraestructura] de la Autopista México-Puebla, a un Fideicomiso emisor de
certificados bursátiles de naturaleza privada, denominado Fideicomiso Maestro,
a fin de que el Fondo reciba certificados bursátiles residuales con un valor
nominal determinado, con lo cual permitirá recibir ingresos derivados de los
derechos de cobro cedidos al Fideicomiso Maestro…”.
El 12 de enero del año en curso este
documento llegó a Banobras, la institución que de diciembre de 2012 a enero de
2015 estuvo dirigida por Alfredo del Mazo Maza, primo de Enrique Peña Nieto y
actual gobernador del Estado de México, el tercero de la dinastía con la que se
identifica a Gerardo Ruiz en el grupo Atlacomulco.
En el documento donde aparecen los
nombres de Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, y
del subsecretario de Infraestructura, Óscar Callejo Silva —quien firma “por
ausencia del titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes”—, se
explica que “el Fideicomiso Maestro de naturaleza privada tendrá, entre otros
fines, la contratación de financiamientos pagaderos con activos aportados a su
patrimonio, incluyendo los flujos derivados del ejercicio de los derechos de
cobro que se cedan a dicho patrimonio”.
La dependencia federal aún a cargo de
Ruiz Esparza instruyó que Caminos y Puentes Federales (Capufe) continúe como
“operador” de las autopistas, pero solo para recibir el dinero de manos de los
usuarios y transferirlo al fideicomiso privado. Ahora Capufe será “supervisado”
por un “ingeniero asesor” contratado por el fideicomiso privado, que tendrá
atribuciones para decidir qué gastos pueden o no autorizarse para la operación
y mantenimiento de las carreteras, atribuciones que previo a esta nueva disposición
competían al Estado mexicano.
Como “ingeniero asesor” se designó a
Grupo Triada, una compañía privada que en el gobierno de Enrique Peña Nieto fue
contratada para proyectos como la supervisión del Tren Interurbano
México-Toluca (TIMT).
En el mismo
documento se señala que, a partir de esa
autorización, “en una primera etapa se realice la cesión de derechos y
bursatilización mediante un programa de emisiones 2017-2019 de los flujos
futuros de ingresos de peaje del tramo México-Puebla”, y el resto de la cesión
de los derechos de cobro de las otras carreteras se haría “de manera
paulatina”.
Para el 15
de marzo, en el banco CI se constituyó
el fideicomiso CIB/2849, en el cual CI Banco, S. A., Institución de Banca
Múltiple, es fiduciaria, y CI Titulización de Activos, S. A. de C. V., funge
como fideicomitente, y Monex Casa de Bolsa, S. A. de C. V., como representante
común de los tenedores de los certificados bursátiles.
El patrimonio inicial del fideicomiso
son los ingresos totales de la carretera México-Puebla más todos los que se
sumen, es decir, las otras 52 vías carreteras.
Cinco días más tarde, el 20 de marzo,
la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) autorizó la inscripción de
certificados bursátiles de este fideicomiso.
Documentos
que forman parte del programa de certificados bursátiles del fideicomiso
CIB/2849 indican que Banobras podrá
cederle la titularidad de 53 tramos carreteros (incluidos dos puentes
internacionales), con una longitud de 4,463 kilómetros —lo que representa el 45
por ciento de las carreteras concesionadas a escala federal—, y 120 plazas de
cobro distribuidas a lo largo de la república mexicana.
Entre sus
riesgos para operar, el nuevo
fideicomiso plantea que como “el gobierno federal está obligado por ley a
mantener carreteras libres de peaje y de uso gratuito, en caso de que el
gobierno federal destine mayores recursos para mejorar las carreteras de uso
gratuito existentes o se construya nuevas carreteras”, se verían disminuidos
sus ingresos.
Lo anterior significa que para el
Fideicomiso Maestro y sus participantes, entre peores condiciones tengan las
carreteras libres a causa de la falta de preservación por parte del gobierno,
más negocio habrá para ellos, explica Martín Curiel, experto en temas
carreteros.
El también
dirigente del Sindicato de Caminos y Puentes opina que este fideicomiso “se creó como una forma de desviar el dinero
de los peajes”. Es el modo, añade, como “se empeñaron las carreteras, y así
empeñadas es como las recibirá el nuevo gobierno”.
EL ASUNTO
PODRÍA TENER UN TRASFONDO AÚN MAYOR.
Mariana
Campos, coordinadora del Programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de
México Evalúa, considera que se está
frente a un “foco rojo” porque “cuando el dinero de los ingresos públicos, como
son los peajes carreteros, se envía a un fideicomiso, el dinero sale de la
contabilidad del presupuesto y de la cuenta pública, entonces lo que sucede
adentro de estos fideicomisos no está reflejado en nuestra cuenta pública”.
El abogado y
exprocurador fiscal de México Gabriel Reyes Orona alerta, por su parte, que con este mecanismo “Gerardo Ruiz Esparza hizo
un compartimento o un hoyo negro en la contabilidad de la SCT que hace
imposible su fiscalización eficiente”. Es, compara, “como si en una contabilidad que tiene que ser revisada se tacharan
renglones en negro”.
Aún más.
Reyes Orona apunta que el hecho de que
el documento de autorización, que forma parte del mecanismo mediante el cual la
SCT da visto bueno a que el denominado Fideicomiso Maestro tenga derechos de
cobro de las autopistas, contiene “graves inconsistencias”. Para él, el
documento es “completamente ilegal”, ya que “en términos de la Fracción XI del
artículo 5 del reglamento interior de la SCT, la facultad de modificar los
títulos de concesión corresponde exclusivamente al secretario de Comunicaciones
y Transportes, al no ser una facultad delegable, por lo que al no contar con su
firma la validez del oficio es cuestionable, poniendo en entredicho la validez
de toda la operación del esquema de bursatilización, aparte de que, la
fundamentación contenida en el mismo documento resulta insuficiente para
disponer y canalizar recursos derivados de la operación carretera. En síntesis
—subraya— es impugnable la cesión efectuada al Fideicomiso Maestro”.
OBSTÁCULO A
LA FISCALIZACIÓN.
En julio
pasado, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dio a conocer los
“50 lineamientos generales para el combate a la corrupción y la aplicación de
una política de austeridad republicana”. El número 18 señala que “se cancelarán
fideicomisos o cualquier otro mecanismo utilizado para ocultar fondos públicos
y evadir la legalidad y la transparencia”.
Ese anuncio se hizo seis meses
después de que la secretaría a cargo de Gerardo Ruiz Esparza autorizara el
mecanismo mediante el que el “Fideicomiso Maestro de naturaleza privada” obtuvo
como patrimonio los derechos de cobro de peaje carretero, uno de los ingresos
más importantes para el gobierno federal.
Hasta ahora la existencia de este
esquema recién aprobado por la administración peñanietista se ha mantenido en
la cúpula interna de la SCT. Este supone la bursatilización parcial de los
derechos de recibir ingresos provenientes del cobro de tarifas de autopistas.
En México
una ecuación de especulación bursátil más fideicomiso puede resultar explosiva. Y es que los fideicomisos a menudo han
sido utilizados como mecanismo para malversación de dinero porque prácticamente
se vuelven bóvedas con una cerradura a cal y canto, llamada secreto fiduciario,
sobre todo si se le da estatus de “fideicomiso privado”.
El
exprocurador fiscal Reyes Orona explica
que en los términos en que está planteada la autorización y operación del
fideicomiso, “lo que la secretaría a cargo de Ruiz Esparza está haciendo es sustraer
recursos públicos del principio de ‘caja única’, un principio en el que los
ingresos públicos, como son los peajes carreteros, se deben concentrar de
manera única para que el Legislativo, particularmente la Cámara de Diputados,
los revise y opere su aplicación presupuestaria”.
Con ese
mecanismo, advierte, “lo que está
haciendo Ruiz Esparza es crear un obstáculo para efectos de presupuestación,
fiscalización y control público de ingreso público, en provecho y privilegio
para otros”.
Mariana
Campos, coordinadora del programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de
México Evalúa, considera además que “se
pierde muchísima transparencia al enviar el dinero a los fideicomisos, pero
esto es así porque no están regulados adecuadamente”. La consecuencia, agrega,
es que “terminan convirtiéndose en una caja negra” que podría derivar en malos
manejos.
El abogado
abunda: “la cláusula que permite a un
comité fiduciario canalizar o cambiar el destino de los ingresos derivados de
obras y servicios públicos, subvierte y elude la capacidad presupuestaria que
la Constitución encomienda al Poder Legislativo, y la autorización contenida en
el documento expedido por la secretaría a cargo de Ruiz Esparza elude el
ejercicio de las facultades que corresponde tanto al Poder Legislativo, en
términos del artículo 126 constitucional, como las que por ley corresponde a la
Subsecretaría de Egresos, sin que tampoco se dé transparencia a la forma y
términos en que la Auditoría Superior de la Federación podría fiscalizar ese
fideicomiso por no formar parte de la Cuenta Pública”.
Aunque la creación de un fideicomiso
por sí misma no constituye un acto ilegal, “lo que es ilegal e inconstitucional
–explica Reyes
Orona– es que los contratos de
fideicomiso no permitan que se haga una efectiva revisión de cuenta pública
completa de esos ingresos públicos, ya que este tipo de vehículos no están
integrados a los programas de auditoría de la Auditoría Superior de la
Federación”.
En este caso, al tratarse de peajes
carreteros y con ingresos públicos, agrega el experto, estos deben ser
controlados por el gobierno.
“El principio general es que el
ingreso público debe ser controlado por el Congreso de la Unión. En la medida
que el fideicomiso se convierte en un mecanismo de evasión de control de su
fiscalización, entonces hay un problema de orden constitucional, porque los
recursos del fideicomiso deben de ser destinados por la autoridad que tiene la
capacidad de fiscalizar, y eso es contrario a la Constitución”.
El
exprocurador fiscal alerta que, mediante
el mecanismo aquí descrito, Gerardo Ruiz Esparza hereda al próximo gobierno
federal “renglones oscuros en la contabilidad, y no permitirán ejercitar
correctamente las funciones constitucionales de contabilidad gubernamental, al establecer
candados financieros que hacen nugatorias las atribuciones presupuestarias del
gobierno federal”.
LO QUE
GUARDA LA BÓVEDA.
Debajo de esos renglones tachados en
la contabilidad de la SCT, como los define Gabriel Reyes Orona, lo que está en juego son 39,000 millones de pesos anuales que, en
promedio, ingresan vía el peaje de los tramos carreteros que opera el gobierno.
El problema mayor es que, cuando en
los fideicomisos se manejan recursos públicos, “se usan esos recursos sin saber
en qué y al no rendir cuentas no sabemos dónde quedó la bolita”, dice a su vez el abogado Rodrigo
Diez Gargari, experto en fideicomisos.
Si un fideicomiso tiene “así sea un
peso de recursos públicos”, refiere, “no puede considerarse privado”.
Por lo pronto, por disposición de la
secretaría aún a cargo de Ruiz Esparza en el denominado Fideicomiso Maestro,
por su carácter de fideicomiso privado, entrará cada peso de los peajes de la
carretera México-Puebla. Por transitar la segunda vía más lucrativa del país, la
automovilista paga 156 pesos; las motos, 78; los autobuses, 316, y los
camiones, hasta 890. Es la segunda vía con mayor afluencia vehicular (después
de la México-Querétaro) y, por tanto, una de las que genera mayores ingresos:
unos 9 millones 390,352 pesos diarios; es decir, en promedio, 3,427 millones
478,480 pesos al año, según cifras internas de Capufe.
La historia de esta vía es referencia
del descalabro a las finanzas públicas que significó el “rescate carretero”,
llamado también “Fobaproa carretero”, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo, en
1997, se convirtió en salvavidas de influyentes concesionarias en dificultades
financieras.
Según cifras del Centro de Estudios
de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, el salvavidas acabó por
costarle al erario 178,300 millones de pesos.
Fue similar al esquema de rescate que
antes se hizo con compañías quebradas propiedad de políticos o influyentes, el
denominado Fobaproa, donde en el listado de 747 beneficiados se leían apellidos
como el de Fox, Labastida y Hank Ron.
En el “Fobaproa carretero” las
autopistas quedaron en un fideicomiso, el número 1936, que llamaron primero
Farac (Fideicomiso de Apoyo para el Rescate de Autopistas Concesionadas) y que
actualmente se llama Fonadin (Fondo Nacional de Infraestructura), cuyos peajes
se enviarán al fideicomiso privado.
En su
operación cotidiana, el usuario paga el
peaje, las manos cobradoras son las de personal de Capufe, el organismo de la
SCT que ingresa el dinero —efectivo, cobros con sistemas electrónicos y
telepeaje— a las arcas gubernamentales.
El nuevo
esquema recientemente aprobado por la SCT
proyecta que el dinero seguirá siendo cobrado por empleados de gobierno pagados
por el gobierno, pero estos ahora lo depositarán a una cuenta privada desde
donde, además, se dispondrá de ellos para las operaciones bursátiles que
decidan hacer los bancos privados que operan el llamado Fideicomiso Maestro.
ESPECULACION
Y RIESGO.
La bursatilización, conocida también
como securitización o titulización, es un proceso estructurado en el cual
activos similares se agrupan en un fideicomiso que a su vez emite títulos de
deuda entre los inversionistas en la Bolsa de Valores.
Pero en este tipo de operaciones
especulativas siempre hay riesgos. Allí está por ejemplo el caso de la empresa
Oro Negro, contratista de Pemex, que obtuvo 500 millones de dólares de un
Certificado de Capital de Desarrollo (CKD) que provenía de las Afores de
trabajadores (en Banamex y Sura), y que en 2015 se declaró en quiebra.
O los bonos
basura en Wall Street, que hace ya una década colapsaron el mercado financiero
más influyente del mundo y detonaron el crack inmobiliario.
En la especulación, “si se hace bien
se gana mucho, de lo contrario, cuánto pierdas dependerá solo de ti”, dice Borja Muñoz, un mentor de
traders muy destacado en Europa, quien explica a Newsweek en Español la forma
en que el capital se mueve en esos mercados.
“Esto para el profesional es
perfecto, pues nutre de capital al mercado. Un tonto y su dinero nunca están
mucho tiempo juntos, y menos si decide ganar dinero en uno de los entornos más
competitivos y despiadados del mundo. Nunca le ganaré ni un euro a Goldman
Sach, lo haré con quién decida entrar en los mercados con esa ingenuidad”, añade.
Newsweek en español
solicitó una entrevista con el secretario de Comunicaciones y Transportes,
Gerardo Ruiz Esparza, para hablar sobre su gestión y los planteamientos que se
exponen en esta investigación periodística. Sobre la autorización del mecanismo
para la cesión de los derechos de cobro al Fideicomiso, el área de prensa dijo que fue un trámite administrativo, y que el
secretario no haría más comentarios al respecto. También se solicitó entrevista
con los responsables del fideicomiso. Al cierre de esta edición no hubo
respuesta.
En la transición
política que vive México, una y otra vez se ha repetido que no habrá cacería de
brujas. Sin embargo, varios de los
proyectos de Gerardo Ruiz Esparza están bajo la lupa. Y es que “hay tantas
irregularidades”, explica una fuente que forma parte del nuevo gabinete que el
próximo 1 de diciembre asumirá en el poder, que al polémico secretario de la
administración de Peña Nieto se le ve como “uno de los que deberán ser llamados
a rendir cuentas”.
¿Los tópicos
que se mencionan? Las multimillonarias
inversiones del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), el Tren
Interurbano México-Toluca, la línea 3 del metro en Monterrey, la línea 3 del
metro de Guadalajara, la inconclusa reparación del socavón de Cuernavaca, así
como varios de los millonarios contratos para el mantenimiento de tramos
carreteros adjudicados a empresas de amigos y compadres de Enrique Peña Nieto.
SUPERNEGOCIO
DE COMPADRES.
El sistema carretero nacional,
integrado por vías de cuota, las libres de peaje, carreteras alimentadoras y
caminos rurales, está bajo jurisdicción de la SCT, que tiene la obligación de
darles mantenimiento. De cuota o libre, por ley el gobierno debe ofrecer vías
gratuitas y en óptimas condiciones.
La falta de
conservación no solo pone en riesgo a los usuarios, además le impacta al
bolsillo aún si es libre de peaje, debido a que el costo real del uso de una
carretera se incrementa a medida que se deteriora el estado físico de esta.
Por eso, en
el PND, Ruiz Esparza prometió que “se
construirán y modernizarán más carreteras, caminos rurales y alimentadores,
libramientos y puentes, que fortalecerán la red troncal carretera, a los corredores
longitudinales y transversales que unen al norte del país con el sur y al
Océano Pacífico con el Golfo de México”.
Y Peña Nieto, a su vez, que la red
carretera contaría con una infraestructura “que refleje menores costos a los
usuarios”.
NO FUE ASÍ. Paradójicamente,
transitar hoy por cualquier vía, paso internacional o puente nos cuesta más
caro.
Visto en
peajes, por ejemplo, pasar la
México-Querétaro en 2012 costaba a los automóviles 140 pesos, hoy cuesta 164;
la México-Cuernavaca, de 95 pesos subió a 98; la México-Puebla de 130 pesos
subió a 156; la Cuernavaca-Acapulco de 201 pesos subió a 432; la
Monterrey-Nuevo Laredo, de 205 pesos subió a 243, y así es en cada camino de
norte a sur y del Pacífico al Golfo.
La SCT repartió contrataciones a diestra
y siniestra para obra y mantenimiento particularmente a empresas “amigas” y
hasta a compadres de Enrique Peña Nieto, como es el caso de la familia San
Román, padrinos de Paulina Peña.
El tipo de trabajos que hicieron son
similares a lo que se empleó en el socavón de Cuernavaca, Morelos: materiales
de mucho menor calidad a los facturados. La SCT pagó más por obra que la que en
realidad se usó o se hizo con diferentes especificaciones —se facturó cemento
asfáltico de calidad mayor al que en realidad se aplicó—, o se hicieron
reencarpetamientos que rápidamente presentaron fisuras, socavaciones de
terraplenes, entre otras anomalías.
Lo anterior se sustenta en diversas
auditorías que, a lo largo del actual sexenio, realizó la Auditoría Superior de
la Federación (ASF) a esas carreteras, y cuyos informes son en la actualidad la
prueba documental de los boquetes que deja la administración federal saliente.
Contratistas y funcionarios operaron
en comparsa tan cínica, que las compañías facturaban al gobierno hasta el
equipo de seguridad para sus obreros siendo que los ponía a trabajar sin
protección.
“Con Ruiz Esparza el mantenimiento
carretero se convirtió en un gran negocio de empresas patito que supuestamente
hicieron reparaciones que debían durar diez años mínimo y a la vuelta de uno o
dos años las carreteras nuevamente estaban en las mismas condiciones y se
tenían que volver a reparar”, refiere Martin Curiel Gallegos. Y es que, agrega
el dirigente del Sindicato de Caminos y Puentes, la reparación “es el super-negocio”.
En efecto,
se contrató a empresas que usaron documentos falsos que la SCT dio por buenos,
como las compañías Constructpue de México y Administradora de Capital de México
que, de acuerdo con la Secretaría de la Función Pública, falsificaron documentos mediante los cuales la dependencia a cargo de
Ruiz Esparza asignó contratos de obra carretera, en diez entidades federativas,
por más de 1,000 millones de pesos.
Además de vulnerar la hacienda
pública y suponer riesgos para los usuarios, los trabajos fueron deficientes o
de plano ni se realizaron.
De la bolsa de 100,000 millones de
pesos anuales que se encomendaron, “más de 16,000 millones por año tiró la SCT
en mantenimiento carretero, y los tiró porque el tipo de reparaciones no
correspondía a lo que las carreteras necesitan”, explica Héctor Sandoval
Quezada, un ingeniero que en sus 45 años de experiencia en el sector se ha
especializado en estructuras carreteras a escala mundial. El también asesor de
las comisiones de Comunicaciones y Transportes en el Senado y la Cámara de
Diputados refiere que “se siguieron aplicando materiales y mezclas que se
usaban hace 50 años, pero que ya no corresponden a las características para el
tipo de transporte que circula en ellas”.
A Ruiz Esparza la millonaria bolsa
que le asignaron no le sirvió para allanar apropiadamente los caminos. Y en la
recta final del gobierno de EPN, la secretaría a su cargo autorizó que las
carreteras más lucrativas del país transfieran sus ingresos al fideicomiso
privado desde donde se especulará en el mercado bursátil.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.