Julio Astillero.
En 2018, una
amplia franja de votantes extendió una constancia de non gratos a políticos,
partidos y factores de poder que habían dominado de manera combinada la vida
pública del país durante décadas.
Ese rechazo
ciudadano a ciertos estamentos de poder se ha mantenido más o menos intacto:
con todas las observaciones que se desee hacer, pero se sostiene una alta
aprobación a la figura presidencial, a su equipo (con todo y personajes
susceptibles de reprobación o cuando menos de polémica fuerte) y a su
inconsistente partido (Morena) o, para ser más precisos, a los candidatos a
puestos de elección popular propuestos y avalados por el imán (electoral) López
Obrador.
Hasta ahora,
nada le ha funcionado a los desesperados opositores al obradorismo. El más
reciente despropósito rechinante ha sido la acrítica rehabilitación panista de
Vicente Fox Quesada como su propuesta de salvación nacional. Y, según eso, la
constitución de un frente multipartidista para darle en la madre a la Cuarta
Transformación.
Sin embargo,
con dos palabras (valientes jóvenes), el historiador Pedro Salmerón Sanginés ha
proporcionado (de manera involuntaria) el punto de arranque para una discusión
histórica e ideológica que al fondo del escenario tiene las urnas electorales
de 2021 y de 2024.
Como sucedió
en 1973, cuando el empresariado se confrontó con el presidente izquierdista
(así fuera mera demagogia) Luis Echeverría Álvarez, por el asesinato del
regiomontano Eugenio Garza Sada durante un ataque de miembros de la Liga
Comunista 23 de septiembre, ahora las cúpulas derechistas han tratado de
escalar las polémicas dos palabras de Salmerón, aunque el presidente López
Obrador logró contener parcialmente el conflicto, mediante el sacrificio del
historiador en mención.
Pero ayer,
en el Congreso de Nuevo León, de mayoría panista y con colaboración del
priísmo, saltó una vertiente más de beligerancia, al aprobarse la propuesta
blanquiazul de declarar personas non gratas en el estado al dimitente Pedro
Salmerón y al diputado federal Gerardo Fernández Noroña (sin partido, aunque
postulado por el Partido del Trabajo). A los diputados neoleoneses no les han
faltado personajes para aguijonear con declaraciones reprobatorias. Para no ir
tan lejos, la entidad es desgobernada por un personaje de conducta política
grotesca, Jaime Rodríguez Calderón, autodenominado El Bronco.
En realidad,
lo que se busca desde la capital de un norte propicio para la reacción adversa
al obradorismo es la continuidad (el no abandono) de la veta de confrontación
que ofrece el tema de los empresarios y la guerrilla, de la izquierda y la
derecha, la lucha social y el poder de los mercados.
Se busca
orillar a López Obrador a dejar el funambulismo político. Y se puede de-satar
una guerra de mayorías legislativas: ojo (Nuevo León) por ojo (¿qué tal si el Congreso
federal, dominado por Morena y aliados, hace declaraciones de rechazo a
personajes derechistas?).
El
antiobradorismo trata de hacerse de una bandera efectista de lucha para
acelerar sus planes electorales con estación intermedia en 2021. Es ideal para
esos estrategas impedir una cierta reconciliación de AMLO con ciertos
empresarios y desplegar su campaña desde Monterrey y, en lo general, desde el
norte, donde hay insatisfacción por la predilección andresina por el sur y,
según alegan incluso algunos gobernadores priístas y panistas, un proporcional
desbalance o abandono de ese norte nacional, lo cual alienta especulaciones de
descoordinación fiscal respecto a la Federación e incluso de separatismo.
Y, mientras
en Los Pinos era entregado este domingo el premio Carlos Montemayor a
sobrevivientes del asalto guerrillero al cuartel militar de Madera, Chihuahua,
y ayer el Estado se disculpaba ante Martha Camacho, ex integrante de la Liga
Comunista 23 de Septiembre, ¡hasta mañana, con uno de los familiares de los 43
autorizado para hablar en la tribuna legislativa este jueves que se cumplen
cinco años de la desaparición de los normalistas!
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