Ricardo Ravelo.
A pesar de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador
ordenó, desde el arranque de su administración, realizar una “purga” en las
áreas estratégicas del Gobierno, el viejo régimen prevalece: mantiene sus
piezas en operación: se trata de funcionarios que sirvieron presuntamente a la
corrupción, durante el sexenio pasado, y que ahora ocupan cargos importantes en
el Sistema de Administración Tributaria (SAT), extrañamente para combatir ese
flagelo que tanto ha dañado a México.
Dependiente de la Secretaría de Hacienda, el SAT es una de
las áreas donde se han efectuado limpias exhaustivas por instrucciones del
Presidente Andrés Manuel López Obrador que ha cumplido muy bien su titular,
Margarita Ríos-Farjat. Pero no ha sido suficiente. Todavía quedan restos de la
vieja corrupción priista, aunque el mandatario diga que este flagelo ya se
terminó.
A un año de Gobierno, por ejemplo, todavía no hay cambios
en las administraciones de auditorías del país y los administradores, según nos
comentan fuentes del SAT, están muy a gusto enriqueciéndose a manos llenas
mediante favores especiales que realizan a empresarios importantes que se
niegan a pagar impuestos.
En la mayoría de los casos, los actuales administradores
de auditoría ni siquiera han hecho carrera en el SAT: se trata de recomendados
de altos funcionarios de la Secretaría de Hacienda que arribaron a esos cargos
desde el sexenio anterior. En otros casos, dichos funcionarios simplemente
compraron la plaza porque la venta de cargos públicos era una práctica muy
socorrida, lo que impide que servidores públicos con carreras hasta de 25 años
se queden fuera de toda posibilidad de ascenso.
A principios de año, se dijo que los administradores de
auditoría serían cambiados, pero no fue así. Una diferencia importante, sin embargo, se presentó en la
Administración General de Aduanas (AGA), una cloaca de corrupción, que empezó a
ser ordenada tras el arribo de Ricardo Ahued, con muchos problemas y riesgos,
ya que esa área del SAT estaba controlada por el crimen organizado, cuyas redes
tampoco han sido cortadas del todo, ya que por las 49 aduanas todavía cruzan
armas, droga y todo tipo de precursores químicos. Estos últimos provienen de
Asia.
Cuando Margarita Ríos-Farjat asumió la titularidad del SAT
una de las instrucciones que recibió del Presidente fue la de llevar a cabo una
verdadera purga dentro de la institución. Se entendía que esta lucha no sería
fácil, sin embargo, esta mujer de mano de hierro comenzó a cortar algunas
cabezas: eliminó a Ricardo Peralta de la Administración General de Aduanas –
señalado como un “corruptazo protegido” –que ya estaba haciendo jugosos
negocios junto con una amplia red de funcionarios en las aduanas de los aeropuertos.
En mayo de este año, fueron despedidos 18 funcionarios por
estar implicados en actos de corrupción. Entre otros, cesaron a Margarito
Martín Saldaña y Erwin Lindirman Loyola, administradores de las aduanas de
Manzanillo y Pantaco, respectivamente. El SAT dijo que la causa de su remoción
fue porque “estaban implicados en actos de corrupción”.
LOS QUE FALTAN.
Sin embargo, en el SAT no todo es combate a la corrupción.
También hay consentidos y protegidos que por esta razón han permanecido en sus cargos
a pesar de la transición.
Y es que nadie se explica, por ejemplo, por qué dos mujeres
ligadas a José Antonio Meade –ex Secretario de Hacienda y ex candidato
presidencial –se mantienen en sus cargos y prácticamente son intocadas pese a
que durante el sexenio pasado fueron señaladas de prohijar y solapar la
corrupción en el SAT.
Se trata de Norma Osorio Albarrán, quien hasta hace poco
estuvo a cargo del área de asuntos internos (Administración General de
Evaluación). Antes había fungido como titular del Instituto de Seguridad Social
del Estado de México y municipios, cuando Enrique Peña Nieto fue Gobernador, un
Gobierno que se recuerda por su corrupción impune y porque, desde el poder,
Peña Nieto dispuso de sumas multimillonarias para apuntalar su candidatura a la
Presidencia de la República, a través de Televisa, su principal promotora y
cómplice.
Ahora, Osorio Albarrán está al frente de la Administración
Central de Procedimientos Especiales, que es la Unidad Administrativa de la
Administración General de Evaluación y se encarga de investigar los actos de
corrupción en los que incurren los servidores públicos del SAT. Nada menos y
nada más.
Es curioso que perteneciendo al llamado viejo régimen –el de
la corrupción que hundió a este país –esta mujer haya sobrevivido a la
guillotina de la llamada Cuarta Transformación. ¿Desconocimiento? ¿Complicidad?
¿Acuerdos internos? ¿Negociaciones con José Antonio Meade? Nadie sabe.
Norma Osorio Albarrán no opera sola: su brazo derecho es
Karina Venizelos Toledo. De acuerdo con sus antecedentes, se reincorporó al SAT
en 2016 por indicaciones de Ignacio Vázquez Chavolla, identificado como uno de
los principales operadores políticos de José Antonio Meade Kuribeña.
Venizelos Toledo funge como directora de área en la
Administración General de Evaluación y durante algún tiempo trabajó al lado de
Luis Alberto Peredo Jiménez -también cercano a Meade – quien lo recomendó con
Alfredo de Mazo, Gobernador del Estado de México, para que ocupara un cargo en
el gabinete ampliado.
Alberto Peredo es hijo de Carlos Peredo Merlo, quien fue
procurador de justicia de Morelos cuando Jorge Carrillo Olea fue Gobernador de
esa entidad. Durante ese Gobierno, Peredo Merlo fue señalado de proteger al
crimen organizado, particularmente al Cártel de Juárez, entonces a cargo de
Amado Carrillo Fuentes, quien ocupó la tierra de Emiliano Zapata como un
bastión para su grupo criminal.
A Peredo Merlo se le implicó en la protección de bandas
dedicadas al secuestro, robo de autos y otros ilícitos, por lo que fue
arraigado por la Procuraduría General de la República junto con Jesús Miyasawa
Álvarez, entonces titular de la Policía Judicial del Estado de Morelos y otros
funcionarios.
La red que dejó José Antonio Meade en el SAT es amplia y
sigue operando sin mayores incomodidades: Karina Venizelos, de acuerdo con su
historial, también es muy cercana a Arturo Téllez Yurén, quien fue titular del
Órgano Interno de Control en la Secretaría de Hacienda con Meade;
posteriormente fue Administrador General de Auditoría Federal, cargo que ocupó
hasta noviembre de 2017. Después se incorporó como coordinador de la campaña
presidencial del exsecretario de Desarrollo Social y exsecretario de Hacienda.
Venizelos también fue brazo derecho en el Órgano Interno
de Control del SAT cuando Norma Osorio era titular de esa área. De acuerdo con
fuentes consultadas, quienes conocen bien su historial y su desempeño, ambas
“son conocidas por sus escasos resultados en el combate a la corrupción y por
ser las tapaderas de altos funcionarios que se han enriquecido en el SAT”,
entre otros, los ya mencionados.
Tanto Norma Osorio Albarrán como Karina Venizelos han
puesto en práctica un modus operandi para simular el combate a la corrupción y,
por ello, han ganado mala fama porque suelen perseguir a servidores públicos de
bajo perfil mediante la integración de expedientes de corrupción que, se
asegura, tiene como objetivo “desprestigiarlos basándose en chismes recogidos
en los pasillos del SAT que carecen de sustento”. Sin embargo, los llamados
peces gordos ligados a Meade “son intocados”.
Eso sí, con esos expedientes, crean “cajas chinas” y,
hábilmente, entretienen a los altos mandos del SAT, distraen la atención de los
asuntos relevantes y así logran proteger a la red de cómplices, mientras que la
corrupción sigue desatada al más alto nivel y Ríos-Farjat ni siquiera se da
cuenta.
Aunque es público que el Presidente López Obrador ha girado
las instrucciones pertinentes para abatir la corrupción en el SAT, las cosas
ahí adentro no están del todo saneadas. No estamos diciendo con esto que Ríos
Farjat esté implicada o sea tapadera. Al contrario, ella ha realizado su mejor
esfuerzo en el combate a la corrupción. Es probable que esta red de Meade
dentro del SAT haya pasado desapercibida, hasta ahora, y esa sea la razón por
la que han escapado de los reflectores o, dicho de otro modo, de la guillotina
anticorrupción.
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