Martí Batres.
A
contrapelo de la crítica neoliberal, frustrada porque su previsión de un
régimen populista derrochador no se hizo realidad, avanza el programa
antineoliberal en México.
Decían
que se gastaría más de lo disponible. No sucedió. Que se endeudaría al país. No
pasó. Que se iría al cielo la inflación. No ocurrió. Que se devaluaría el peso.
Tampoco sucedió.
Desconcertados
por todo eso, algunos analistas han encontrado neoliberalismo de clóset (¡!) en
la 4a Transformación, según afirma, por ejemplo, Carlos Elizondo Meyer Sierra.
En
realidad, no les enoja la disciplina fiscal, el equilibrio macroeconómico y las
finanzas sanas del nuevo régimen (principios que no son monopolio del
neoliberalismo), sino las decisiones que están minando las bases del
neoliberalismo mexicano.
¿Cuáles son
esas bases? Destacamos las siguientes: 1) Desnacionalización de la economía;
2) Desmantelamiento de la empresa pública; 3) Disminución de la carga fiscal de
los grandes consorcios; 4) Reducción del salario; 5) Recorte de los derechos
sociales y de la responsabilidad social del Estado.
Como
puede observarse, las decisiones de la 4a Transformación caminan en sentido
contrario a esos cinco pilares del neoliberalismo.
Del 1o de
septiembre de 2018 a la fecha, no se han privatizado empresas públicas ni se
han cancelado derechos sociales.
Por el
contrario, se trabaja para levantar a PEMEX y a la CFE; se han construido
nuevas líneas de política social dirigidas a adultos mayores, personas con
discapacidad, jóvenes y campesinos; se están cerrado los grandes hoyos de la
evasión fiscal de los grandes consorcios económicos como la condonación y la
facturación falsa y están aumentando el salario mínimo y el salario general.
El coraje
de los neoliberales es que todo eso está ocurriendo sin endeudamiento, sin
déficit interno, sin inflación, sin aumentar las tasas impositivas. Eso no
estaba previsto en sus manuales.
Los
dogmas neoliberales están siendo cuestionados.
Se decía
que PEMEX no podría detener la caída de su producción sin inversión privada.
Pero dicha caída se detuvo con inversión pública.
Se decía
que sin crecimiento era imposible redistribuir riqueza. Pero aún en las
condiciones actuales el salario ha aumentado en términos reales y han repuntado
las ventas minoristas.
Se decía
que para aumentar la recaudación el único camino era incrementar los impuestos
al consumo. Pero la recaudación ha crecido combatiendo la evasión del impuesto
sobre la renta.
Y se decía
que el aumento al salario tendría efectos inflacionarios, pero después del
mayor aumento al salario mínimo en 36 años y al salario general en 18 años
tenemos la más baja inflación.
Es cierto
que faltan decisiones por tomarse y que hay aristas del modelo neoliberal que
será difícil cambiar.
Sin embargo,
la profecía del desastre populista fracasó y el plan económico social de la
4T va caminando.
El Estado
no adelgaza despidiendo trabajadores de base o privatizando empresas, pero sí
se eliminan privilegios de los altos funcionarios. Desaparecen aparatos faraónicos,
pero se crean nuevas instituciones como el Instituto para Devolver al Pueblo lo
Robado, la Guardia Nacional o el órgano para la mejora continua de la
educación. Las transferencias directas son universales o masivas y no
focalizadas como recetan los neoliberales. La recaudación sube sin aumentar
impuestos al consumo, sino cumpliendo la obligación tributaria de los grandes
capitales. Y se reconocen nuevos derechos como el de la educación pública superior
gratuita. Además, el T-MEC tendrá un capítulo laboral que los neoliberales del
TLC rechazaron.
Va caminando
el plan antineoliberal de la 4a Transformación.
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