Julio Astillero.
Aun mes y un
día de que las fuerzas armadas mexicanas retuvieron y luego liberaron a Ovidio
Guzmán López, hijo de El Chapo, el presidente Andrés Manuel López Obrador
sostuvo su tesis de que lo hecho en Culiacán fue correcto, demandó a sus
opositores que se disculparan por las críticas hechas en su momento ante tal
decisión y aseguró que su gabinete de seguridad fue víctima de una suerte de
linchamiento mediático.
Quien reside
en Palacio Nacional indicó que la Secretaría de la Defensa Nacional entregará
un informe, incluyendo errores, sobre las operaciones realizadas el 17 del mes
pasado, pero mantuvo una postura de crítica hacia quienes lo criticaron y pidió
también que se haga una reflexión del comportamiento de los medios, con toda
libertad; que no se vaya a malinterpretar, pero sí se pasaron, hasta fotos
falsas, portadas, ocho columnas en los medios convencionales.
Lo que han
llamado Culiacanazo fue el banderazo de salida a una desbordada campaña de los
opositores al obradorismo, en una espiral que, incluyendo el episodio del
ataque salvaje a miembros de la familia LeBarón, busca generar incertidumbre
interna y condiciones para propiciar la injerencia de poderes externos, como el
de Estados Unidos.
No parecería
Carlos Slim el personaje más apropiado para emitir una frase de tal calado,
pero ayer la dijo ante Andrés Manuel López Obrador: México necesita ya una
sacudida, una transformación, un cambio que permita empezar a tener
crecimiento, que es lo que merece nuestro país.
No hizo tal
pronunciamiento en alguno de esos tramos en que se distancian el hombre más
rico del país (y también del mundo, en posiciones cambiantes pero siempre del
primer nivel) y el primer Presidente de la República en declararse contrario al
neoliberalismo y proclive más a los pobres que a los ricos. Al contrario, lo
hizo al recibir el Premio Nacional de Ingeniería 2018, que le entregó
justamente el político tabasqueño. Sacudida, transformación y cambio propone el
gran empresario, ha de suponerse que sólo en referencia a lo económico (aunque
la precisión no fue hecha expresamente) al gran político que con tales banderas
llegó a la silla presidencial. México siempre ha de sorprender.
La
agudización del conflicto interno en Morena avanzó hacia donde era previsible
que avanzara: las partes contendientes se mantendrán en sus cargos hasta
mediados de 2020, según anunció Yeidckol Polevnsky (es decir, el pleito en
curso seguirá en escena por decisión de la superioridad, que así se
retroalimenta y consolida); un día antes del primer aniversario formal de la
toma obradorista de la Presidencia de la República deberá realizarse un
llamamiento conjunto a un congreso nacional y, en dicho congreso, se propondrá
y seguramente aprobará la propuesta del presidente López Obrador para que la
designación de dirigentes, el año venidero, se realice mediante el más
antidemocrático y manipulable de los métodos, el de las encuestas de opinión,
que hasta ahora han sido causa frecuente de disputas y divisiones en el partido
actualmente en el poder.
Le fue muy
bien al gobierno obradorista en cuanto a las celebraciones correspondientes al
Grito de Independencia, tanto en la noche del 15 de septiembre como en el
desfile del 16. Fue notable la concertación de esfuerzos de las áreas federales
de cultura y de medios públicos para ofrecer a asistentes y teleaudiencia
espectáculos de notable calidad, con un enfoque histórico y artístico que
corresponde a la filosofía política del grupo en el poder.
Para el
desfile de mañana, aniversario de la Revolución Mexicana, se ha sabido de
innovaciones que han causado expectación. Luego de décadas de celebraciones
rutinarias, contaminadas del tufo de los gobernantes en turno, se está
planteando una visión histórica y estética que además de entretener y exaltar
busca educar en los términos épicos asumidos por la autodenominada Cuarta
Transformación.
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