Enrique
Galván Ochoa.
Dos
mexicanos recibieron ayer en Palacio Nacional los premios nacionales 2018 de
Arquitectura e Ingeniería, Joaquín Álvarez Ordóñez y Carlos Slim Helú,
respectivamente. El presidente Andrés Manuel López Obrador destacó sus méritos.
Slim aprovechó el momento para insistir en la necesidad imperiosa de una mayor
inversión privada y pública en infraestructura. Dijo que México requiere que el
equivalente a 5 por ciento del PIB se invierta en este renglón, aproximadamente
un billón de pesos cada año. Puso como ejemplo a China, allá invierten 12 por
ciento, por eso crece más que Estados Unidos y otros países juntos. Hizo un
señalamiento importante: deben aprovecharse las tasas de interés bajas que hay
en el entorno internacional para traer dinero a México, es temporada de
créditos baratos. Frente a lo dicho por Slim está la realidad: el próximo
martes 26 de este mes, según anunciaron el secretario de Hacienda Arturo
Herrera y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar
Lomelín, presentarán el plan nacional de inversiones privadas 2020. Se trata de
150 proyectos en los que se invertirán alrededor de 160 mil millones de pesos,
muy lejos del billón que el país requiere para darle la sacudida a la que se
refirió Slim.
Amar a Dios
en tierra de indios
Una breve
anécdota: cuando el prianismo quitó la prohibición a los casinos propuse en
este espacio que las franquicias fueran asignadas a comunidades indígenas,
siguiendo el ejemplo de Estados Unidos. El modelo ha tenido éxito en general.
Las tribus operan las casas de juego y han mejorado sus condiciones de vida.
Por supuesto, fui ignorado. Los casinos fueron dados a Jorge Hank, Televisa,
etcétera. La minoría güerita y fifí del país siente desprecio por los indios,
sólo ve con simpatía a los de huarache en películas como Macario. De las
diferencias económicas y sociales han surgido dichos como éste: Vas a saber lo
que es amar a Dios en tierra de indios, es decir, en tierra de indios las cosas
no andan igual como en la calle Masaryk, en Polanco. López Obrador está
subiendo a la Constitución el derecho de todos los ancianos a recibir una
pensión de 2 mil 550 pesos cada dos meses. La edad, en el caso de los
indígenas, es de 65 años; los demás, 68. Hay algo que compensa esa diferencia.
Los indígenas en su mayoría no están en los esquemas de pensiones del IMSS, del
Issste ni en las afores. Los otros sí, y suman a su pensión el dinero otorgado por
la 4T, aunque algunos son furiosos detractores.
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