Atzayaelh
Torres.
Por más
que se haya dicho que en el sector energético no vendrían modificaciones
estructurales que incomodaran a una parte de los inversionistas en México, la
Cuarta Transformación implica, inevitablemente, cambios.
El
primero fue cuando a finales de marzo la Secretaría de Energía propuso
modificar la separación de la CFE, una separación decretada por el peñismo a
costa de un impacto evidente a sus finanzas, solo para poner “el piso parejo” a
los nuevos participantes que hoy no ven la suya.
La medida
cayó como balde de agua fría a las empresas participantes del mercado eléctrico
en el país, quienes a partir de ese momento comenzaron a temblar.
El
siguiente cambio vino de la CFE en junio, cuando decidió poner sobre la mesa
los contratos por seis gasoductos con empresas nacionales e internacionales,
donde se evitaron las cortes con un acuerdo donde todos cedieron, pero se
ganaron enemigos.
Después, vendrían
otros cambios. Me refiero a las controvertidas modificaciones al esquema de las
Certificados de Energía Limpias (CEL), que promovió la Sener en octubre para
que la CFE (otra vez la CFE), pudiera reclamar dichos beneficios para las
plantas ‘limpias’ que tenía la empresa productiva del Estado antes de 2014.
Esto, advierte
una parte del sector, inundará de CELs el mercado, bajando su precio y restando
atractivo a los proyectos de inversión, aunque otros refieren que ‘el empujón’
que le daría al mercado unos 50 millones de CELs que pondría la CFE en jugo,
daría un giro de 360 grados, abriendo nuevas oportunidades en el mercado.
El cuarto
cambio significativo que está por realizar el Gobierno de México en el sector
energético será en la política de almacenamiento de combustibles, para mantener
una meta de cinco días de inventario (en vez de 13) durante todo el sexenio.
Esto da un respiro para los que van retrasados, principalmente Pemex, pero
también resta atractivo a la inversión privada.
Esta
medida, al igual que las pasadas, pasará cubierta con teflón por la Comisión
Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer) y tiene como finalidad beneficiar a
Pemex, quien ahora, no tendrá que invertir en ese rubro que no es prioritario
dentro de la estrategia integral que persigue, a como dé lugar, elevar la
extracción y refinación.
Hacia
adelante más cambios vendrán, sobre todo hoy que el Gobierno tiene plena
influencia en los órganos reguladores del sector (CRE y la CNH), y espacio para
hacerlos también hay, pues se han sabido aprovechar la serie de vacíos en la
implementación de las leyes secundarias de la reforma de 2013. Ni hablar.
De sanciones
y gaseras.
A este
espacio llegó una larga lista de empresas distribuidoras de gas LP que han sido
denunciadas, y en algunos casos sancionadas, por la Comisión Reguladora de
Energía entre 2017 y 2019. En ella figuran célebres nombres como Sonigas, Gas
Imperial, Duragas, Garza Gas Provincia, Hidro Gas de Aguaprieta, Flamagas, Gas
del Pacífico e incluso Pemex Transformación Industrial, entre otras.
Un total
de 37 implicados entre los que figuran también distribuidores como Héctor
Ramírez Guerra SA de CV, a quien incluso se le revocó el permiso de
comercialización por no estar en regla ante la Secretaría de Energía y no
cumplir con sus obligaciones, entre otros puntos señalados en la Ley de
Hidrocarburos.
Destaca
también otra sanción que en 2017 pusieron a Sonigas por el incumplimiento de la
regulación que establezca sobre precios o tarifas máximas; también otra que le
impusieron a Pemex Transformación Industrial en 2018 en materia de dominio de
mercado.
El resto
de las sanciones aplicadas son por motivos muy parecidos a los anteriores
descritos, siendo la mayor parte de ellas se refiere a violaciones a la
metodología de fijación de precios.
El del
gas Lp es un sector discreto, pero donde se mueven grandes intereses. Atentos.
Se propaga
efecto Pemex.
Al
parecer la situación que enfrentan proveedores de Pemex a quienes no se les ha
pagado desde hace ya varios meses poniendo en riesgo cientos de empleos en los
pujantes estados petroleros del Golfo de México como Tabasco, Veracruz y
Campeche, se replica en otros ámbitos de la Administración Pública Federal.
Así, el
ISSSTE, que comanda José Antonio Ramírez Pineda, continúa sin cumplir su
promesa de pago a sus acreedores, que suma aproximadamente 19 mil millones de
pesos. Una muestra más, es que desde hace dos semanas se publicó en el portal
del ISSSTE un acuerdo de pagos a los proveedores de la industria farmacéutica.
Ahí se detallan los porcentajes que pagarán a cada uno de los proveedores sin
explicar el procedimiento para determinar el porcentaje y tampoco se indica
fecha de pago.
Ante esta
situación, la industria farmacéutica, así como los derechohabientes de
servicios médicos del gobierno se preguntan si se avecina otra crisis de
desabasto a los derechohabientes del ISSSTE por falta de pago a sus
proveedores.
Al
parecer, el pago incluso ya está palomeado por Raquel Buenrostro, la poderosa
Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que comanda
Arturo Herrera, pero ni así.
Parece
que poco sirvió la reunión que tuvieron el 13 de septiembre los representantes
del ISSSTE con proveedores con adeudos menores a 700 millones de pesos, y que
incluso fue ampliamente publicitada por el Gobierno de México, entonces, ¿qué
falta? ya, que fluya el dinero.
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