Por Claudia
Villegas.
Nuevos
datos sobre la gestión de Emilio Lozoya Austin como director general de Pemex
indican que no sólo pugnó por asignarle directamente a la trasnacional
Odebrecht proyectos estratégicos muy rentables, como el gasoducto
México-Guatemala. Lo hizo en contra de lineamientos del BID y la Secretaría de
Energía, y mediante acuerdos personales con funcionarios del gobierno de Otto
Pérez Molina que hoy están acusados de corrupción y tráfico de influencias.
A mediados
de 2015, Emilio Lozoya Austin estaba empeñado en que Pemex se hiciera cargo
del gasoducto de 580 kilómetros que conectaría la frontera sur de México con
Guatemala para distribuir gas natural a toda la región, con una inversión
inicial de 525 millones de dólares.
No sólo eso.
Lozoya buscaba que Pemex adjudicara directamente el proyecto a la
constructora brasileña Odebrecht, además de que la petrolera se convirtiera en
propietaria y comercializadora del gas natural en la región, en un esquema
parecido al del gasoducto Los Ramones en el norte del país.
El
gasoducto se desarrollaría en una primera etapa desde Salina Cruz hasta la
ciudad de Escuintla, en Guatemala, y después hasta Costa Rica, pasando por
Acajutla, en El Salvador.
Al cierre
del primer semestre de 2015, el entonces director de Pemex – quien ahora
enfrenta un proceso por su posible responsabilidad en delitos como lavado de
dinero y asociación delictuosa– presionaba ante todas las instancias del
gobierno de Peña Nieto para que la empresa productiva del Estado mexicano
coordinara y adjudicara directamente la obra de infraestructura, tal como lo
hizo con otros ductos de gas través de Pemex Transformación Industrial.
Con fecha
del 23 de abril de 2015, una nota informativa interna de la Secretaría de
Energía sobre los avances en materia de comercio y transporte de gas natural en
México y Centroamérica –que Proceso consultó–, establece que en las
negociaciones diplomáticas en las que participó el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), “la propuesta (de Pemex de convertirse en el dueño del
gasoducto e invertir en una planta de energía eléctrica, además de no encuadrar
en el nuevo marco jurídico mexicano, había sido objetada por el gobierno de
Guatemala”.
De acuerdo
con el documento interno de la Secretaría de Energía, Lozoya quería además
que Pemex fuera copropietario, junto con la Comisión Federal de Electricidad,
de una planta de generación de energía eléctrica de 300 megawatts en Guatemala.
El plan establecía que Pemex también se haría cargo de la comercialización, lo
que permitiría anclar la demanda y darle viabilidad al proyecto.
La
inversión para el gasoducto entre México y Guatemala, según cálculos del BID en
ese momento, se estimaba en al menos 520 millones de dólares, pero podría
llegar a mil 200 millones y contaría con asesoría técnica y regulatoria del
BID. Una joya para la integración de la región que, además, tenía el visto
bueno del Departamento de Estado porque a Washington le urgía, desde entonces,
vender sus excedentes de gas natural desde Texas a Centroamérica, a través de
México.
Pemex no
figuraba como exportador de gas natural porque en 2015 ya se observaba una
caída en la producción del combustible. Sólo aspiraba a ser un intermediario
del gas estadunidense.
El
proyecto de Pemex, en el que Lozoya buscaba que el contratista estrella fuera
Odebrecht, no sólo se contraponía a la Ley de Hidrocarburos, sino que
violentaba, según los documentos del proyecto, el modelo financiero previsto
por el BID, que sólo ofrecía cooperación para el diseño del modelo financiero
porque no contaba con recursos a fondo perdido.
La
Secretaría de Energía, a través de la Subsecretaría de Hidrocarburos, buscaba
que en las reuniones de trabajo para el desarrollo del gasoducto se acordara de
manera transparente el proceso de licitación pública internacional para asignar
el contrato con la anuencia de los gobiernos de México y Guatemala, pero Pemex
seguía oponiéndose.
Odebrecht,
la consentida.
Fue en
Cancún, entre el 5 y el 6 de mayo de 2015, durante el Foro Económico Mundial
sobre América Latina, cuando se llevó a cabo una reunión diplomática de alto
nivel a la que se había convocado a los jefes de Estado de Honduras, El
Salvador y Guatemala. Aquella cumbre la presidiría el entonces presidente
Enrique Peña Nieto y tenía como propósito involucrar a Honduras y El Salvador
en el proyecto para la distribución de gas natural extraído principalmente en
campos estadunidenses.
“El
gobierno de Estados Unidos también ha señalado su disposición a apoyar la
identificación de fuentes de financiamiento, toda vez que el proyecto forma
parte de su estrategia regional de desarrolloE, señala un documento de la
Secretaría de Energía, en aquel tiempo a cargo de Pedro Joaquín Coldwell.
Uno de los
puntos de la agenda era, precisamente, definir el esquema para la
construcción del gasoducto e involucrar a El Salvador y a Honduras, de acuerdo
con uno de los asistentes a ese encuentro.
El 5 de
mayo, en medio de las reuniones para definir el esquema de construcción del
gasoducto, impaciente mientras escuchaba a los funcionarios de la Secretaría de
Energía que conducían el encuentro ministerial y hablaban sobre el proceso de
licitación del gasoducto, Lozoya intervino abruptamente:
“Ya en la
Ciudad de México tuve una reunión con el ministro de Energía de Guatemala
(Erick Archila Dehesa) y allí acordamos que el gasoducto lo haría Odebrecht”,
dijo Lozoya, interrumpiendo la exposición de Lourdes Melgar, subsecretaria de
Energía. Joaquín Coldwell vio incómodo la escena, pero tanto él como el
canciller José Antonio Meade guardaron silencio.
Lozoya
Austin informó a la sorprendida audiencia que, como resultado de esa
reunión, Archila y él habían resuelto también que la asignación a Odebrecht
sería directa y por eso no era necesario seguir analizando el tema de una
licitación pública internacional.
En esa
reunión estaban, por parte de Guatemala, Edwin Ramón Rodas Solares,
viceministro de Energía en la administración de Otto Pérez Molina y también
coordinador general del proyecto de gasoducto.
Rodas
Solares se disculpó cuando varias asistentes le preguntaron sobre dichos acuerdos.
Comentó que él tampoco estaba enterado de la reunión entre Lozoya y Archila, y
se dijo también sorprendido con el anuncio de Lozoya. El encuentro concluyó sin
acuerdos sobre el gasoducto, el cual hasta la fecha no se ha construido a pesar
de considerarse uno de los proyectos más rentables porque Centroamérica
requiere urgentemente infraestructura para el transporte de gas natural.
Concluida la
reunión, Joaquín Coldwell llamó a su equipo en la Subsecretaría de
Hidrocarburos para analizar el episodio; incluso propuso que la Secretaría de
Energía apoyara la idea de dejar a Pemex el proyecto y que lo construyera
Odebrecht, que según él “era una buena empresa que ya había construido con
éxito la planta de Etileno XXI en Veracruz”.
Exfuncionarios
que asistieron a la mencionada reunión en Cancún y, posteriormente, a juntas
con el titular de la Secretaría de Energía, confirmaron esta versión e
indicaron que la posición de la Subsecretaría de Hidrocarburos era continuar
con la licitación transparente del gasoducto y no una adjudicación como
proponía Lozoya Austin.
Rodas
Solares fue nombrado por Otto Pérez Molina como responsable del ministerio de
Energía y Minas. El cambio en las carteras del gobierno de Guatemala se
presentó luego de que Erick Archila Dehesa, el funcionario de la controvertida
reunión con Lozoya, fue indiciado en una investigación sobre fondos ilegales
para el Partido Patriota durante el proceso electoral que llevó a Otto Pérez
Molina a la Presidencia de Guatemala y por lo cual fue investigado por la
Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).
La
trasnacional brasileña Odebrecht también fue parte de los sobornos a
funcionarios guatemaltecos por la asignación de una carretera, según los
archivos de la CICIG.
Archila Dehesa
ahora se encuentra prófugo, acusado de corrupción como parte de las
indagatorias que presentó ante el Poder Judicial de Guatemala la CICIG, que en
septiembre pasado concluyó sus operaciones en ese país luego de 11 años de
apoyo judicial.
Sin embargo,
para Roda Solares, el excoordinador del gasoducto México-Guatemala, el
nombramiento como ministro de Energía y Minas apenas duró unos días: en julio
de 2015 fue detenido por las autoridades guatemaltecas por el delito de
corrupción y tráfico de influencias, también en el marco de las investigaciones
de la CICIG.
En
entrevista, los investigadores de la CICIG explicaron que las acusaciones
contra funcionarios del expresidente Pérez Molina formaron parte de la
investigación conocida como “Construcción y Corrupción”, que reveló una
estructura de redes entre políticos y empresarios locales y extranjeros
encabezada por el exministro de Comunicación, Infraestructura y Vivienda de
Guatemala, Alejandro Sinibaldi, quien ante tribunales fue enjuiciado por
negociar sobornos con Odebrecht.
En agosto de
2015 la CICIG, que le reportaba a la ONU, giró junto con un Ministerio
Público de Guatemala una orden de aprehensión contra la exvicepresidenta Roxana
Baldetti y la petición de antejuicio contra Pérez Roldán por los delitos de
cohecho pasivo, asociación delictuosa y defraudación aduanera.
En diciembre
de 2017 Luis Alberto de Meneses Weyll, exdirectivo de Odebrecht en México,
aseguró haber entregado sobornos hasta por 4 millones de dólares a Lozoya
Austin a cambio de favores en los procesos de asignación de obras.
Entre 2014 y
2015 Pemex convirtió a la constructora brasileña en uno de sus más
importantes contratistas. Odebrecht formó parte del consorcio OAT, que en julio
de 2014 obtuvo, vía adjudicación directa, el contrato para el gasoducto Los
Ramones Fase II Norte, cuya extensión fue de 450 kilómetros para conectar a
Nuevo León con San Luis Potosí. Las divisiones Petroquímica Gas y Petroquímica
Básica de Pemex, a través de su filial Pipelines Norte, beneficiaron a
Odebrecht, Techint y Arendal, con un contrato en el que se necesitaba una
inversión por mil 200 millones de dólares.
Entre
2013 y 2017 la Auditoría Superior de la Federación detectó que Pemex PAGÓ A
ODEBRECTH UN SOBREPRECIO MAYOR A MIL 225 MILLONES DE PESOS.
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