Salvador Camarena.
La semana pasada conté aquí una diferencia entre Xóchitl
Gálvez y Víctor Romo al frente de la Miguel Hidalgo. La primera hizo medio
millar de “publicitaciones” de obras utilizando, para máxima transparencia,
transmisiones a través de Periscope y Facebook Live. El segundo, en cambio,
“borra” a los vecinos que quieren participar en ese trámite. Va un nuevo caso.
Recapitulando. La publicitación es un trámite legal cuando se
ha de llevar a cabo una obra. Como su nombre permite intuir, se trata de un
anuncio de que una intervención inmobiliaria es pretendida por alguien para que
aquellos que tengan algo que opinar, cuestionar o denunciar al respecto puedan
hacerlo dentro de quince días.
En el pasado trienio, en la Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez y
Obdulio Ávila, su jurídico, llevaban el trámite al extremo de anunciar que
harían una sesión in situ, misma que sería transmitida en redes sociales para
que, precisamente, quienes tuvieran algo que decir y no pudieran asistir, se
informaran y cuestionaran así fuera vía remota.
Llegado el nuevo gobierno (es un decir), el neomorenista
alcalde Víctor Romo abandonó la práctica de acudir, sesionar y transmitir las
publicitaciones. Es legal, sí, pero es como más conviene a los empresarios que
quieren tomar desprevenidos a los vecinos a quienes una obra podría afectar no
sólo mientras se edifica, sino permanentemente (pisos de más, colindancias que
no se respetan, usos de suelos violentados… nada que no hayamos visto en CDMX
cada rato, pues).
Más allá de la diferencia de estilos, la actual alcaldía
llega al extremo de negar a los vecinos su derecho a inconformarse. La ley dice
que los habitantes de la respectiva colonia tienen derecho a interponer recursos
por lo anunciado en la publicitación. Pero Romo y su gente salen con argucias
(niegan que el quejoso haya mostrado “constancia de residencia”). Lo hicieron
en el ya reseñado caso de Alejandro Dumas 39, pero también, ahora lo sabemos,
en el predio de Sierra Gorda 505, Lomas de Chapultepec.
Resumo la historia de esta segunda desaparición de vecinos
por parte de la alcaldía de Romo: se anuncia en agosto una obra en Sierra Gorda
505, los vecinos se percatan, arman un recurso –en el que denuncian que a pesar
de que apenas están en la publicitación, ya hay demoliciones en el predio–,
denuncian además que el número de folio de la licitación exhibido no existe
–está equivocado– y reclaman, por supuesto, que ahora un predio que tiene
vocación habitacional se quiera convertir en oficinas. O sea, huele mal. En la
denuncia, un par de vecinas (¿se fijan que casi siempre son mujeres las
entronas?) dan copia certificada de su credencial de elector para acreditar su
residencia y, por ende, su derecho a interponer la denuncia. ¿Y qué contesta la
alcaldía? Adivinaron: que las quejosas fueron “omisas en exhibir la constancia
de residencia”. Ni ganitas le echan: como si ya tuvieran listo el papel para
batear a los vecinos. Por si fuera poco, las autoridades (es otro decir) contestaron
fuera del plazo legal, lo que genera más indefensión: les escondieron la
respuesta más de un mes.
Ya en noviembre, las vecinas acudieron a una audiencia
ciudadana a la alcaldía a presentar su inconformidad. Romo no estaba. Iba rumbo
a su informe de gobierno (es un decir) que fue rumboso: ocurrió en Chapultepec,
en el restaurante El Lago, operado por la familia Vargas, que son quienes
estarían detrás de la obra de… adivinaron: Sierra Gorda 505
(https://mvsnoticias.com/noticias/capital/mh-una-alcaldia-menos-burocratica-e-insegura-romo/).
El dato de que los Vargas son los dueños del predio en cuestión se los
revelaron, me aseguran las vecinas y el abogado de las mismas, los funcionarios
que los atendieron en la audiencia ciudadana: Mario Alberto Hernández, director
ejecutivo de registros y autorizaciones, y Emiliano Castellanos, subdirector de
verificación. Ese día ellos prometieron actuar, pero no lo hicieron. De todo
esto fue notificado por WhatsApp Romo.
No sean malpensados, de ser así –de ser los mismos los dueños
del predio cuestionado y del foro sede del informe de Romo– sería una señal de
que las canijas casualidades existen. Nada más, ¿ok?
A los vecinos no les quedó más remedio que escalar el caso:
ya fueron a otra audiencia ciudadana, esta con la jefa de Gobierno, Claudia
Sheinbaum, que la semana pasada conoció directamente del caso.
¿Qué pasará en Sierra Gorda 505? Las vecinas que sí pueden
acreditar su interés legítimo confían en la doctora Sheinbaum. Yo también.
Porque en la alcaldía Miguel Hidalgo de Romo pasan cosas raras: todo hace
pensar que a los vecinos les desaparecen sus derechos. Un misterio
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