Gustavo De
la Rosa.
La semana
pasada estuvo marcada por momentos críticos que aumentaron el estrés de la
nación; los conservadores encontraron muchos argumentos que, desde su óptica,
descalifican al Gobierno electo, como el nombramiento de Rosario Piedra a la
presidencia de la CNDH y el asilo otorgado al Presidente de Bolivia, Evo
Morales, que añadieron tensión a la que viene creciendo desde los hechos de
Culiacán y la tragedia de la familia LeBarón.
La Derecha
rápido se lanzó a la batalla digital y, como los malos ejemplos rápido
encuentran repetidores, la reacción se sintió inspirada y alcanzó niveles de histeria
en contra de la Cuarta Transformación, llegando a sembrar dudas en muchos
simpatizantes del nuevo Gobierno.
Pero
tratemos de reflexionar sobre algunas de estas actitudes reaccionarias; estos
son hechos de distintas categorías, que deben mirarse con diferentes lentes;
los referidos a la Seguridad Pública no aceptan racionalmente la contaminación
partidista, porque el enemigo es la delincuencia y descalificar sólo al
Gobierno Federal, sin evaluar los gobiernos locales o estatales, envía un
mensaje a la delincuencia que los anima y los fortalece.
Todos los
que de alguna manera tenemos que ver con el sistema de Gobierno, estamos
obligados a identificar y confrontar unidos al enemigo común, claro, usando las
armas de la crítica para consolidar el frente necesario contra los adversarios
de la ciudadanía, que es la que sufre los embates de los malvivientes. Y
también es necesario que el régimen sea autocrítico y dé resultados concretos y
creíbles ante el alud de acontecimientos que impactan al país.
Estamos en
guerra y se debe apoyar críticamente a quien encabeza las responsabilidades de
confrontar al adversario común, mientras quien dirige la batalla debe generar
unidad, abriendo los canales eficaces para ello.
Es tiempo de
que los mexicanos aprendamos a vivir una guerra, independientemente de nuestras
filias o fobias y de quién la empezó o quién la continua; a veces da la
impresión de que los adversarios del Gobierno celebran los avances de las
fuerzas enemigas, y eso, en otras circunstancias, equivale a traición.
La mecánica
política para designar a la presidenta de la CNDH no ayuda a consolidar el
frente contra la impunidad criminal de los cárteles, y la oposición de los
reaccionarios al asilo del Presidente de Bolivia resulta aleccionador sobre
como ellos son enemigos ya no sólo del Presidente de la República, sino que su
confrontación es tan visceral que los lleva a negarse a sí mismos como seres
humanos; dar cobijo a un perseguido por razones políticas es una tradición
milenaria de los mejores humanistas que tienen la capacidad de comprender que
la dignidad y la vida de un ser humano es superior con mucho a los intereses
terrenales. Así lo hicieron los monjes en los monasterios convertidos en
santuarios.
Todo esto a
contrapelo de políticos que, de cuando en cuando, suelen creerse los salvadores
de la patria, cuando sólo son representantes de intereses económicos de las
élites financieras que promueven su fortalecimiento sin importar los costos
humanos y sociales.
Ciertamente,
debiéramos estar unidos en este conflicto, pero los argumentos ideológicos y el
deseo insaciable de retomar el poder al final han terminado por dividirnos, y
eso no nos ayuda a salir del atolladero.
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