Dolores
Padierna.
Con
excepciones que registra la historia, el carácter “ciudadano” del Consejo del
IFE-INE ha sido siempre un mito. En términos gruesos, la institución electoral
fue capturada por los intereses de los partidos políticos que se repartían los
cargos (no sólo los de consejeros, sino incluso posiciones ejecutivas clave en
los procesos electorales).
Es indudable
que el INE ha contribuido al avance de la democracia, pero también son
innegables episodios oscuros en los que sus consejeros favorecieron la
defraudación electoral y permitieron que prácticas francamente delincuenciales
quedaran impunes.
Quizá por
ello, de ser una de las instituciones más respetadas por la ciudadanía, ha
perdido prestigio y respetabilidad. Parte del deterioro de su imagen deviene de
los abultados gastos de consejeros y funcionarios, ajenos a cualquier idea de
austeridad.
Durante
largos años, el PRI y el PAN hegemonizaron la integración del Consejo
General del INE vía el nombramiento de consejeros afines. La presencia de la
izquierda en ese órgano fue marginal y simbólica. Fueron los partidos de la
derecha los que definieron el sentido de las más importantes determinaciones.
Con frecuencia, avalaron todo tipo de irregularidades. Así, durante varios
sexenios, y en complicidad con los gobernadores en turno, fueron controlando
también a los Oples para garantizar en las entidades federativas los intereses
de grupos locales.
Para los de
corta memoria, ahí están el fraude electoral de 2006 y la impunidad de los
Amigos de Fox o las tarjetas Monex.
Ese INE,
el de la sumisión frente al poder y las cuotas partidistas es el que defienden
quienes ahora sostienen que la institución se encuentra bajo ataque. En
realidad, lo que defienden son sus privilegios y los egos de sus estrategas,
que se creen dueños de la (fallida) transición.
En casos
como los señalados encontró inspiración un bloque conservador en el Comité
Técnico de Evaluación (CTE) que, integrado por siete personas, fue nombrado por
la Cámara de Diputados.
En ese
órgano, cuyas actividades se vieron pospuestas por la pandemia, se hicieron
evidentes filias y fobias políticas por parte de algunos de sus integrantes.
Pese al
interés público en el proceso, los trabajos fueron opacos hasta que el
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó publicar
las calificaciones de las y los aspirantes, así como los videos de las
entrevistas. Con una actuación facciosa, cometió una serie de irregularidades violando
el principio de igualdad de oportunidades, el de certeza jurídica; actuó con
dolo y sesgo durante las entrevistas, mantuvo en la opacidad parte del
procedimiento hasta que el TEPJF le ordenó transparentarlo, ejerció violencia
política de género cuando menos en contra de una de las candidatas y evitó la
paridad de género en la composición final del conjunto del Consejo General del
INE.
Por si fuera
poco, ese bloque filtró a los medios información que antes no había
entregado a la Jucopo y denostó a aspirantes por supuestos nexos políticos.
De las 20
propuestas, en 16 casos se trata de perfiles con filias priista o panista,
que tienen o han tenido nexos con consejeros electorales adictos al viejo
régimen. Otros en sus entidades federativas de origen han convalidado o
defendido diversas infamias políticas y atropellos a la voluntad popular.
Disfrazados en su perfil académico y en una falsa independencia partidista, de
llegar a ocupar el cargo en el INE asegurarían la continuidad e incluso la
profundización de los vicios antidemocráticos prevalecientes en este Instituto.
Y, claro está, no serían árbitros sino parte militante en las competencias
políticas por venir. Estamos frente a una operación política continuista del
conservadurismo.
Las
maniobras en el CTE se acompañaron de un despliegue de ataques mediáticos y en
redes sociales, arguyendo un supuesto ataque al INE.
Los más
destacados miembros de la opinocracia se lanzaron contra las mayorías que
Morena y aliados tenemos en las Cámaras (y de paso, contra los 30 millones de
mexicanos que dieron su voto a una nueva mayoría). Eso los tiene confundidos
desde 2018. Nosotros no tenemos confusión alguna: sabemos que ellos no
defienden la democracia, sino los privilegios de la cúpula del INE, que no
es lo mismo.
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