Julio Astillero.
La temprana
muerte impidió a Juan Camilo Mouriño Terrazo avanzar en una carrera política
impulsada con cuidado por Felipe Calderón Hinojosa (quien, muy probablemente,
habría intentado hacerlo candidato presidencial panista, a pesar de haber
nacido en Madrid), pero no impide que hoy estén bajo la lupa algunas de las
acciones emprendidas por quien fue subcoordinador de la campaña presidencial
del citado Calderón y, durante el sexenio tan accidentado y funerario de éste,
jefe de la oficina de la Presidencia y secretario de Gobernación.
Mouriño
Terrazo se había consolidado como el socio ideal para Calderón Hinojosa en la
Secretaría de Energía que éste ocupó durante el foxismo y, posteriormente, en
la campaña electoral de 2006 y en la fraudulenta ocupación de la Presidencia de
la República. Asentado en Campeche, donde su familia tenía y tiene ne-gocios,
el joven Juan Camilo (llamado Iván en su círculo cercano) fue apoyado por el
michoacano, entonces panista, para que fuera diputado local y luego federal,
presidiendo en San Lázaro la comisión de energía, donde mantuvo conflictos de
interés que se prolongaron en el historial polí-tico que se truncó a sus 37
años de edad, al caer de manera anómala el avión en que regresaba a la Ciudad
de México, tras una gira de trabajo.
Entre otros
conflictos de interés, fue apoderado y accionista del familiar Grupo
Empresarial del Sureste, dueño de estaciones de gasolina, al que adjudicó
beneficios siendo representante y funcionario público. En su entorno se hablaba
del entreveramiento sistemático del ejercicio del poder público con intereses
económicos particulares. De todo esto se habló en abundancia y con firmeza en
esta columna mientras Mouriño vivía y cuando estaba en la plenitud de su poder.
El 18 de
julio de 2007, según publicó La Voz de Galicia y retomó el columnista Carlos
Fernández-Vega en su entrega de México SA en La Jornada, “el jefe de la Oficina
del Presidente, Juan Camilo Mouriño Terrazo, hijo del actual presidente del
Celta de Vigo, Carlos Mouriño, contactó la pasada semana en Vigo con
empresarios del sector para valorar el inicio de negociaciones a corto plazo.
Mouriño Terrazo declaró que su gobierno está muy interesado en el
establecimiento de acuerdos con el sector naval gallego, situado entre los
mejores del mundo. Queremos encargar nuestros barcos en Galicia, pero también
que inversores gallegos puedan entrar en México para ayudarnos a desarrollar
este sector. (https://bit.ly/2PANSpx).
El
calderonismo no pudo concretar esos peculiares negocios de ayuda para rescatar
dos astilleros gallegos, Hijos de J. Barreras y Navantía, pero sí lo hizo el
agradecido peñismo (Calderón había dado paso a Peña para que llegara a Los
Pinos y no Josefina Vázquez Mota, la panista indeseada por el vengativo Felipe,
que no le perdonó que hubiera desplazado a Ernesto Cordero). En noviembre de
2013, Emilio Lozoya, como director de Pemex, propuso al consejo de
administración de PMI Internacional la compra de 51 por ciento de las acciones
de la empresa naviera Hijos de J. Barreras, en condiciones desventajosas (como
en el caso de Agronitrogenados), pues estaba a punto de la quiebra. Además,
encargó a esa misma firma la construcción de dos floteles (hoteles flotantes),
con costo de 145 millones de euros, los cuales luego no se pudieron revender
por la enorme disparidad entre el costo oficial y el valor real de mercado.
Santiago
Nieto Castillo, director de la hacendaria Unidad de Inteligencia Financiera, ha
hablado de pérdidas por unos 50 millones de euros. Finalmente, el mes pasado,
Pemex se deshizo de sus acciones, recuperando la inversión inicial pero
arrastrando una enorme pérdida acumulada.
Y, mientras
la Fiscalía General de la República pone en entredicho la designación que en su
momento hizo Claudia Sheinbaum de Jesús Orta como jefe de la policía de la
Ciudad de México, ahora acusado de desvío de recursos y adquisiciones a
sobreprecio cuando fue funcionario de la Policía Federal durante el peñismo,
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