Ricardo
Ravelo.
Ha comenzado
en las redes sociales y en los medios de comunicación la guerra política entre
el Gobierno de la Cuarta Transformación y la derecha. Desde la Presidencia de
la República, Andrés Manuel López Obrador afinó la estrategia de lanzar los
primeros misiles a través del testigo convenido Emilio Lozoya, exdirector de
Petróleos Mexicanos (Pemex) para destapar los drenajes de la corrupción que se
orquestó durante el Gobierno de Enrique Peña Nieto con el fin de entregar los
recursos naturales a los intereses extranjeros a través de la Reforma
Energética, la cual se aprobó mediante sobornos a diversos legisladores.
Para eso
trajeron a México a Emilio Lozoya, con quien la Fiscalía General de la
República (FGR) negoció su allanamiento para que renunciara a la batalla legal
que libraba en España y así poder integrar un expediente que permitiera sacar a
la luz pública buena parte del entramado de corrupción tejido durante el
sexenio anterior.
Para lograr
sus objetivos mediáticos y políticos, López Obrador ha puesto en evidencia que
la FGR no es autónoma sino una aliada de su proyecto, pues sin recato alguno
–sin considerar las violaciones al debido proceso ni a la secrecía de la
investigación– se han filtrado las piezas medulares de la carpeta que se
integró tras las primeras declaraciones de Lozoya en las que acusa al
expresidente Enrique Peña Nieto y a Luis Videgaray de la planeación estratégica
para concretar el saqueo a Pemex con la compra de la planta Agronitrogenados,
la recepción de los sobornos de Odebrecht y la compra de votos en el Congreso,
a través de pagos millonarios a los legisladores Así se logró la aprobación de
la Reforma Energética, el instrumento del entreguismo.
Videgaray,
además, formaría parte de otra investigación federal: la que implica por delito
electoral al exgobernador de Chihuahua, César Duarte, acusado de entregar
dinero público para apoyar las campañas de varios candidatos del PRI en 2016.
Según la investigación
a cargo de la FGR, el expresidente Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y Manlio
Fabio Beltrones, entonces dirigente del PRI, tramaron el plan. El entonces
Secretario de Hacienda fondeó dinero en varios estados –Veracruz, Chihuahua y
Quintana Roo, por citar sólo tres– y desde esas administraciones estatales se
hizo el despliegue de recursos que, supuestamente, se entregaron al PRI para el
financiamiento de las campañas de sus candidatos, donde fueron habilitados
hasta personajes del crimen organizado como abanderados de ese instituto
político.
Sigamos con
Lozoya. Al analizar el video con los paquetes de dinero, los cuales se cuentan
en una oficina del Senado de la República, se observan bolsas con billetes de
500 y de 200 pesos. Aquí se infiere que esa suma millonaria se entregó a varios
legisladores a cambio de su voto, pero lo cierto es que esos legisladores
beneficiados nunca aparecen en la videograbación. Aunque Lozoya asegure en su
declaración que el dinero fue precisamente para comprar el voto de los
senadores, pues en todo caso tendrá que probar su dicho, con otro video, con
documentos firmados u otras evidencias que acrediten que los recursos se
entregaron directamente a los interesados. Esto será difícil de probar.
Por ello,
cobra sentido que una un elemento –el video– que no es contundente para probar
un delito se filtre con tanta facilidad a los medios de comunicación, pues
cumple un cometido mediático y político. Dicha filtración se atribuye al
hermano de Lozoya. La FGR, por su parte, se deslindó de la filtración e informó
que inició investigaciones por ello. Sin embargo, la FGR y Lozoya eran los que
contaban con dicha evidencia, a menos que desde Palacio Nacional el Presidente
haya solicitado la difusión del video, como lo sugirió al decir que todo México
debía ver y escuchar las declaraciones de Lozoya. A López Obrador se le
quemaban las habas para que el video acusador fuera difundido y se exhibiera
cómo se entregan las bolsas de dinero en el Senado de la República.
Es decir, el
Presidente López Obrador –amante del escándalo mediático– era el principal
interesado en que se generara este incendio político y exhibir a senadores
panitas –hoy flamantes gobernadores– como parte de la corrupción sistémica del
poder político, como es el caso del panista Ricardo Domínguez, mandatario de
Querétaro, quien además arrastra señalamientos, desde meses atrás, por el
escándalo de la caja popular La Libertad, donde presuntamente se lavaba dinero
del narcotráfico, de Enrique Peña Nieto y de Carlos Salinas y cuyo defensor era
Juan Collado, el abogado de la mafia, actualmente preso por ese caso.
Se trataba
de exhibirlos con el video, tal y como el propio López Obrador fue exhibido y
cuestionado, siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, cuando René Bejarano
–entonces su secretario particular– fue videograbado recibiendo fajos de
dinero, los que se metía en las bolsas de su saco con todo y ligas cuando el
empresario Carlos Ahumada, el principal contratista del Gobierno perredista de
entonces y novio de Rosario Robles, pagaba sobornos o diezmo a gente de
confianza de López Obrador a cambio de millonarios contratos de obra pública.
Era evidente que Bejarano cobraba por su jefe, pero esto sólo se infiere del
hecho, pues no fue probado fehacientemente. En ese caso, López Obrador fue
raspado, aunque pudo librarse de ese escándalo.
No todo
termina en el video. Por si fuera poco, algunos días después de rendir sus
primeras declaraciones ante la FGR, Emilio Lozoya presentó una denuncia de
hechos en la que acusa al expresidente Peña Nieto, Luis Videgaray, Carlos
Salinas de Gortari, Felipe Calderón, José Antonio Meade, Ricardo Anaya,
excandidatos presidenciales, entre otras figuras políticas del pasado, de
formar parte de una estructura poderosa para entregar los recursos naturales a
intereses extranjeros.
En este
grupo también resultó implicado Daniel Cabeza de Vaca, Gobernador panista de
Tamaulipas, quien es investigado en Estados Unidos por sus nexos con el
narcotráfico. Tales vínculos no son nuevos: datan de 2010, cuando quiso ser
Gobernador. En ese tiempo ya se conocían sus andanzas en Estados Unidos, sus
negocios sucios y sus relaciones con el crimen organizado. Sin embargo, el
entonces Presidente Felipe Calderón lo cobijó.
Lozoya
señala a Salinas de Gortari de haber sido asesor del PAN en todo el proceso de
la Reforma Energética; de Anaya dice que recibió 6 millones de pesos de parte
de Videgaray por su silencio y también para operar con los diputados y
senadores panistas la aprobación de dicha reforma. Todo esto resultó un
verdadero salpicadero de estiércol. Cada uno de los acusados respondieron
negando los hechos. Los más elocuentes fueron Ricardo Dominguez, Ricardo Anaya,
Cabeza de Vaca y Luis Videgaray. Este último respondió a través de su cuenta de
Twitter negando los hechos; dio estar dispuesto a comparecer ante las
autoridades si es llamado a declarar. Carlos Salinas, quien presuntamente ahora
vive en Reino Unido, se ha mantenido hasta ahora replegado del escándalo,
agazapado ante la tormenta.
¿Quién filtró
la denuncia de hechos íntegra de Emilio Lozoya? Nadie lo sabe. Pudo haber
salido de la FGR –donde el exfuncionario federal la presentó– o bien fue una
orden del Presidente López Obrador que se filtrara a los medios para robustecer
el escándalo mediático y político.
Ante todo
este escenario confuso y revuelto cabe plantear si las evidencias conocidas
hasta ahora le alcanzarán a la FGR para llevar ante los tribunales a todos los
implicados en esta madeja de corrupción. Más allá que se puedan probar fehacientemente
las acusaciones de Lozoya sería muy lamentable que este asunto quedara sólo en
la denuncia pública, pues el Gobierno de la Cuarta Transformación sería blanco
de críticas por mantener en la impunidad a esta cauda de criminales de cuello
blanco.
Pero todo
indica que en este caso no se aplicarán los “abrazos y no balazos”, aquí parece
que habrá escándalo mediático, linchamiento político y consignación de la
carpeta de investigación para que todos sean llamados a cuentas. Todo dependerá
del trabajo que realice el Fiscal Alejandro Gertz Manero, quien no la tiene
fácil.
Lo ideal es
que el caso llegue a los tribunales, como ya se dijo, y se resuelva en las
autoridades judiciales. Los implicados en el escándalo tienen derecho a
defenderse y lo harán. Disponen de todos los recursos para ello. Esta será, sin
duda, la prueba de fuego para el Fiscal Alejandro Gertz Manero, quien se juega
su puesto como Fiscal
Pero la
derecha no se ha quedado paralizada por el golpe de Lozoya. Este jueves comenzó
a circular otro video, presuntamente filtrado a las redes sociales, donde
aparece Pío León López Obrador recibiendo dinero de parte de David León,
anterior Coordinador de Protección Civil, recientemente nombrado por el
Presidente López Obrador como responsable de la distribución de medicamentos en
el país.
La entrega
de dinero al hermano del Pesidente –se calcula que esto fue como en el año
2018– fue para reforzar las operaciones de Morena en Chiapas previo a la
elección presidencial de julio de ese año.
El video
muestra que ambos están en un restaurante, donde Pío recibe un paquete de
dinero, otro paquete le es entregado en una casa, presuntamente propiedad de
David León, en la que además se escucha que le dice: “Aquí te traigo 400”, le
dice David León a Pío. Y añade: “Hazle saber al licenciado que lo estamos
apoyando”. En ese año (2018) Pío León era operador de Morens en Chiapas.
Tras la
difusión del video, la respuesta de David León no se hizo esperar. A través de
su cuenta de Twitter dijo: “Respecto al video, debe tener aprox 5 años de antigüedad.
De nov de 2013 a nov de 2018 yo fui consultor, no servidor público. Mi manera
de apoyar al Movimiento fue recolectar recursos entre conocidos para la
realización de asambleas y otras actividades”.
Así la
guerra de los videos.
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