Maite Azuela.
Los números de las
mujeres asesinadas y desaparecidas se incrementan día con día en el Estado de
México. Los hechos más recientes revelan la violencia impartida sobre una joven
defensora de los derechos de los animales: Elena Arlette Salas.
Después de seis meses
de desaparición, encontraron su cuerpo en el municipio de Coacalco. Había
cumplido apenas treinta y dos años. Ella y su esposo Omar Castañeda Viloria
desaparecieron el 8 de septiembre del año pasado, saliendo de su casa. Él
trabajaba como policía municipal y fue considerado uno de los principales
responsables de su desaparición. Las autoridades estatales dificultaron por
completo las investigaciones, de acuerdo con testimonios de la familia.
No sólo son mujeres, también son niñas.
De acuerdo con datos
de la Procuraduría General de Justicia Estatal, de 2011 a 2013 se registraron
840 asesinatos de mujeres en la entidad, de los cuales sólo 145 fueron
investigados como feminicidios. Además, entre 2011 y 2012 desaparecieron mil 258 mujeres de las cuales más de
53 por ciento tenía entre 10 y 17 años de edad. La violencia ejercida contra
estas menores ni siquiera se atiende con seriedad. Así los porcentajes de casos
resueltos con éxito por las autoridades, que apenas alcanzan el 5 por ciento.
Elecciones e indiferencia.
El proceso electoral que dará inicio en próximas fechas en
el Estado de México, tendrá la novedosa figura de dos mujeres contendientes
quienes buscarán llevar la alternancia política al sistema de gobierno de los
mexiquenses. Si consideramos que el reto no es menor, en tanto que la contienda
se desarrollará en el estado de mayor población de toda la República, la balanza podría estar determinada en
cierta medida por las mujeres votantes. El 51 por ciento de la población mexiquense son mujeres. Ello
lógicamente no implica que vayan a ser votantes o simpatizantes directas de una
u otra candidata. Ya las elecciones en Estados Unidos demostraron que inferir
un voto automático por identidad de género es equivocado. Sin embargo, la capacidad
que tengan los diferentes candidatos de visibilizar sin tapujos los
feminicidios y proponer estrategias que no resulten simuladoras, seguramente
tendría un efecto entre las potenciales votantes.
Candidatos silenciosos.
Ninguno de los tres
partidos fuertes que contendrán por la gubernatura se caracterizan por tener
sólidas propuestas contra la violencia de género. Si acaso las candidatas
de Delfina Gómez Álvarez de Morena y Josefina Vázquez Mota del PAN, decidieran
mostrar una importante diferencia para desmarcarse de la tradición de
negligencia y machismo en el Estado de México, tendrían que presentar una
agenda convincente y bien trabajada con especialistas de género. Difícilmente
encontrarán esa asesoría dentro de sus conservadores institutos partidarios,
así que es buen momento de que, si están comprometidas con derribar el
incremento de feminicidios de una vez por todas, vayan sentándose con quienes
puedan prepararles una plataforma que no sólo muestre su disposición, sino que
las comprometa a su ejecución.
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