Serán tiempo y circunstancias los que marquen el ritmo para
que el nuevo modelo educativo, presentado por el secretario de Educación,
Aurelio Nuño, y exaltado por el Presidente Enrique Peña Nieto, pueda empezar a
aplicarse bajo los cinco ejes en que estará basado, si se cuenta con los
presupuestos suficientes.
Éstos son: Cambio Pedagógico con el propósito de que los
alumnos “aprendan a aprender”, no sólo memorizar lo que se les enseñe; Escuelas
al Centro, que tendrán autonomía de gestión, recursos propios, infraestructura
digna y plantillas completas de maestros y Formación Profesional de Maestros
con evaluaciones constantes, basadas en el mérito y concentradas en el
aprendizaje del alumnado.
También: Equidad e Inclusión a fin de que niñas y niños
acudan a escuelas sin distinción étnica, económica o con alguna discapacidad y
Gobernanza, en la que participarán docentes, padres de familia, sociedad civil,
gobierno y Poder Legislativo, a los que el Ejecutivo federal convocó a
emprender una “revolución educativa” para superar los rezagos en que por décadas
quedó la educación pública en el país.
Todo “suena bien”,
como dirían algunos, pero habrá que ver cómo y cuándo se irán instrumentado
esas acciones y, sobre todo, si se dispondrá de los recursos públicos
suficientes para llevarlo a cabo en lo que resta del sexenio y en los que
sigan, para evitar que, como con otras grandes reformas, el nuevo modelo
educativo no quede en el camino.
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