Dolia
Estévez.
Por segunda vez en menos de tres
meses, la alta jerarquía militar de Estados Unidos y México volverán a reunirse
a puerta cerrada y lejos del escrutinio de los medios. El último encuentro fue en Tapachula
a fines de enero sobre el que sólo los estadounidenses informaron. Esta vez, los máximos encargados de la
seguridad de ambas naciones se encontrarán en Cozumel en el marco de la V
Conferencia de Seguridad en Centroamérica (CENTSEC), programada del 23 al 25 de
abril.
Para el Pentágono, la cumbre, que ha
sido catalogada de “cuatro estrellas” por el alto rango de los asistentes,
tiene un significado histórico ya que nunca antes México había aceptado ser
sede. EU espera que el patrocinio mexicano vaticine
el fin de la resistencia del Ejército y la Marina en asumir el liderazgo
regional en el combate al narcotráfico y la migración, una de las grandes asignaturas pendientes de la agenda geopolítica del
Pentágono.
La
conferencia será copresidida por la General Lori Robinson, jefa del Comando
Norte (NorthCom), el almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur (SouthCom),
el General Salvador Cienfuegos, titular de la Defensa Nacional, y el Almirante
Vidal Francisco Soberón, secretario de Marina. También asistirá la plana mayor castrense de todos los países de Centro
América, más representantes de Colombia, Chile y Canadá.
Una vocera del NorthCom en Colorado
me dijo no poder confirmar la celebración de la reunión en México, ya que no se
dan a conocer con anticipación las fechas y lugares específicos de los viajes
de la General Robinson. La Embajada de EU en México
informó que la Embajadora Roberta Jacobson, quien asistió a la reunión de
Tapachula, esta vez no irá. Claudia Algorri, vocera de la SRE, no respondió a
mi pregunta de si Luis Videgaray asistirá.
Los preparativos se han desarrolla en
medio de un gran hermetismo. Con base a entrevistas y documentos
internos de los dos gobiernos consultados, se puede saber que la conferencia
arrancará el domingo 23 de abril con una recepción en el hotel sede con “bar
abierto” de 7 pm a 9 pm. Lunes 24 y martes 25 habrá seminarios y reuniones privadas
en salones adyacentes al de la conferencia. Se esperan 90 participantes y un
staff de 25 administradores y técnicos. Los mexicanos cubrirán el grueso de los
gastos.
La isla de
Cozumel fue escogida porque es parte de la esfera de seguridad de Cancún, zona
en la que permanentemente hay un fuerte despliegue militar para proteger al
turismo internacional. Los entrevistados
declinaron identificar al hotel, dar a conocer la agenda o los nombres de los
participantes pretextando “fuertes sensibilidades” de la Sedena.
Fuentes no oficiales dijeron que los
temas serán el combate al narcotráfico, migración y seguridad fronteriza. Los
paneles serán conducidos por especialistas acreditados.
Derechos humanos, tema clave por
obvias razones, brilla por su ausencia. Las ONGs no fueron invitadas. No sólo eso. Se solicitó al hotel asegurar el área de la conferencia para impedir el
acceso a huéspedes y periodistas. El Ejército y la Marina creen que están
eximidos de rendir cuentas ante la sociedad. Lo suyo nunca ha sido la
transparencia, sino el secretismo.
El Ejército y la Marina llevan meses
trabajando en los preparativos. Con el fin de “consensuar y conciliar”
intereses con sus contrapartes sobre su participación en la CENTSEC, realizaron
dos giras a Belice, Honduras, Costa Rica, Colombia, Panamá, Guatemala,
Nicaragua y El Salvador entre el 5 y 15 de diciembre de 2016.
A principios
de mes, ante el Senado, la General Robinson destacó como un gran logro el que
“por primera vez en la historia institucional” México aceptó copatrocinar la
CENTSEC. Dijo que el evento, para el que no dio fecha ni lugar, “fortalecerá el
liderazgo regional” de las Fuerzas Armadas mexicanas en todo Centro América y
“catalizará” una mayor participación de los mexicanos en temas de seguridad regional.
Adam Isacson, especialista sobre
temas militares de la Oficina de Washington para América Latina, me dijo que
Washington desea que México sea la “primera etapa” en la interdicción de
migrantes y drogas. Para EU, señaló, la “seguridad fronteriza” no empieza en la
frontera con México, sino en los países exportadores de drogas y expulsores de
migrantes.
En 2002, México y Canadá fueron
incorporados al “área de responsabilidad” del Comando Norte, creado ese mismo
año en respuesta a las ataques terroristas de 2001. La misión del NorthCom es defender el
territorio, espacio aéreo y marítimo de EU a partir de los flancos sur (México)
y Norte (Canadá).
Desde
entonces, el Pentágono no ha dejado de
presionar para que el Ejército y la Marina asuman el papel de aliados
estratégicos.
Pero las alianzas entre desiguales
corren el riesgo de degenerar en sumisión del débil ante el fuerte. EU es la
potencia militar y nuclear número uno del mundo. El presupuesto militar de
México es un suspiro del estadounidense. Lo que más bien se pretende es que
México consolide y amplíe el trabajo sucio que realiza a nombre de EU en Centro
América.
Si el Ejército y la Marina no desean
hundirse más en el pantano de la sangrienta guerra a los cárteles, deben
negociar un quid pro quo con sus contrapartes estadounidenses. A cambio de
asumir el liderazgo regional en el combate al narco y los inmigrantes, deben
exigir que los militares estadounidenses tomen el control de la lucha contra el
consumo y el lavado de dinero en su país. Sin reciprocidad no hay alianzas. Proposición idealista pero justa.
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