Alejo Sánchez Cano.
La elección del Estado de México se
ha complicado para Alfredo del Mazo por varias razones, unas por pifias propias
y otras, por hechos exógenos que no pudo controlar.
El lastre que representa cargar con
los negativos que tiene el gobernador de la entidad, Eruviel Ávila, tienen a
Del Mazo contra la pared. Los grandes pendientes que arrastra Eruviel en
materia de inseguridad pública tienen a los mexiquenses muy irritados y
preocupados, toda vez que no hay municipio que se libre del azote de los delincuentes
y lo que ocurre en el oriente del estado, donde se vive un virtual estado de
sitio, por lo cual la gente ya no sale después de las 9 de la noche.
Ecatepec, tierra natal del
gobernador, es el vivo ejemplo del control que tienen los criminales y de la
corrupción que prevalece en los cuerpos policiacos.
El Estado de
México mantiene el primer lugar a nivel
nacional en el tema de los feminicidios y lejos de revertir esta tendencia, las
estadísticas apuntan lo contrario.
Las grandes obras, anunciadas como
concluidas, ahora se sabe que no hay tal y que particularmente en la
construcción de hospitales varios quedarán en proceso, no obstante que el
presupuesto autorizado para su conclusión, se devengó íntegramente.
Cuando
Eruviel Ávila asume la gubernatura, los niveles de aceptación de Enrique Peña
Nieto y del PRI estaban por las nubes y ese gran capital político, que le dejó
el ahora Presidente de la república, lo
desaprovechó a grado tal que ahora una buena parte de los mexiquenses lo
aborrecen.
Si Ávila
hubiera mantenido esa inercia de eficacia y de trabajo comprometido que le legó
su antecesor, hoy otra cosa estuviera ocurriendo con las preferencias
electorales.
El grave error de Del Mazo es no
haber roto con Ávila, quiso cargar sobre su hombro la pesada piedra del
desprestigio misma que pudiera ser su lápida política.
Como si esto no fuera suficiente para
impedir el triunfo del abanderado del PRI, PVEM, Nueva Alianza y PES, Eruviel
incorporó a la campaña varios de sus nefastos colaboradores que maniataron al
candidato, ya que ellos manejan los recursos de la campaña.
Erasto
Martínez Rojas y Carlos Aguilar tienen al candidato maniatado a una camisa de
fuerza a un nivel que sin su venia pocas cosas caminan.
De igual
manera, Alejandra Sota, la ex vocera del presidente Felipe Calderón y varios
miembros del gabinete del presidente Peña Nieto, impidieron que desarrollara el
potencial que tiene Del Mazo para ganar y, si me apuran, hasta con cierta
holgura.
Si no fuera por las grandes
limitaciones que tienen Delfina Gómez y Josefina Vázquez Mota, el exalcalde de
Huixquilucan ya estaría perdido desde ahora.
Los errores propios son los que han
apretado la elección y han abierto la puerta para que Andrés Manuel López
Obrador entre primero a la entidad con el mayor número de electores y de
presupuesto, y desde allí sólo hay un paso para sentarse en la silla
presidencial.
De los
errores propios, además de los ya citados, diríamos que precisamente Alfredo
del Mazo ha permitido la injerencia del gobernador y de miembros del gabinete
presidencial, mismos que en caso de la derrota enterrarán sus cabezas en la
arena para que no les carguen las pifias.
A dos
semanas de la cita que tienen los mexiquenses en las urnas y a una de que
concluyan las campañas, la incertidumbre prevalece, se va a requerir, por parte
del presidente Peña y de su partido, un análisis muy profundo y cambios
inmediatos para que el próximo 1 de diciembre del 2018 no le esté poniendo la
banda presidencial al candidato que postuló el PAN o peor tantito, al de
Morena.
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