martes, 31 de octubre de 2017

Los papeles ocultos de las corporaciones.

Alejandro Calvillo.

La Universidad de California San Francisco (UCSF) ha creado una biblioteca virtual que llegará a millones de documentos internos y que muestran las prácticas de engaño, manipulación, mentira, compra de científicos y estrategias que diversas corporaciones han realizado para evitar que sus productos sean regulados en aras de la salud pública.

La biblioteca inició con los archivos de la industria del tabaco y ahora comienza a incorporar documentos internos de la industria química y farmacéutica.

Se espera que la biblioteca incorpore una serie de documentos de la industria del azúcar de los años sesenta que muestran cómo desvió la atención, por más de 50 años, de la responsabilidad de este producto en las enfermedades y muertes cardiovasculares que se han convertido en la principal causa de muerte en muchos países. También estarán los documentos de la industria petrolera y sus estrategias para negar su relación con el cambio climático, para bloquear los compromisos internacionales y, especialmente, su compra de científicos, legisladores y funcionarios estadounidenses para negarse a cualquier compromiso de reducción de emisiones.

El doctor Stanton Glantz es uno de los principales responsables de esta biblioteca que sirve de consulta en todo el mundo y que revela la práctica de la industria del tabaco y de diversas corporaciones que fabrican productos que representan un daño a la salud o al ambiente, para negar el daño de sus productos comprando científicos a modo, metiendo en el gobierno, órganos reguladores y comités científicos a sus aliados.

Cuando el doctor Glantz tuvo acceso a los documentos de la industria del tabaco que con los años son ya 14 millones de papeles internos, enfrentó un problema: miles de personas de todo el mundo querían revisarlos, saber quiénes habían servido a los intereses de esta industria mintiendo en sus propios países en relación a los daños del tabaco, quiénes recibieron dinero para defender a esta industria en los comités científicos, quiénes fueron financiados por British Tobacco o por Philip Morris.

Glantz abordó el problema que estaba generando la alta demanda de consulta de estos documentos con la administración de la UCSF y propuso algo muy simple, digitalizarlos y subirlos a internet. ¿Qué es eso?, aún no se conocía lo que ya se estaba generando en otras universidades. El proyecto recibió dinero del gobierno federal a través de los Institutos Nacionales de Salud y se hizo realidad.

La biblioteca está respaldada por un grupo experto en el análisis de documentos internos de la industria, en el conocimiento del conflicto de interés y de las estrategias de las grandes corporaciones, estrategias que son muy similares. Lo que han encontrado es que de la misma forma que ha actuado la industria del tabaco, lo ha hecho la industria del alcohol, la química, la farmacéutica, las de alimentos y bebidas, las petroleras, etc.

Laura Smith, colaboradora del doctor Glantz es una de las personas que ha estudiado los documentos internos de la industria del azúcar y revelado como en los años sesenta esta industria atrajo a científicos de la Universidad de Harvard con el fin de que “evaluaran” la evidencia existente sobre las causas del aumento de las enfermedades cardiovasculares que habían aumentado de manera extraordinaria. Los estudios epidemiológicos demostraban una relación tanto de las grasas saturadas como de la azúcar añadida a los productos con el aumento de estas enfermedades. El estudio financiado por la industria del azúcar tenía el objetivo, junto con otras estrategias a nivel del gobierno federal, de centrar la responsabilidad en las grasas saturadas y exonerar al azúcar. La estrategia tuvo éxito, para la industria azucarera no para la salud pública, y durante más de 50 años las políticas de salud pública frente a las enfermedades cardiovasculares se centraron en las grasas saturadas. Los documentos internos muestran cómo la industria del azúcar evaluó, incluso, que al plantearse recomendaciones para bajar el consumo de grasas saturadas aumentaría la demanda y presencia de azúcar en los productos.

Más recientemente, estudios clínicos han demostrado que con el consumo de una sola lata de refresco al día se registran efectos en los marcadores de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Es difícil imaginar cuántos casos de enfermedades y muertes pudieran haberse evitado si también se hubiera desarrollado una política para bajar el consumo de azúcar añadida en los productos, no sólo reducción en muertes y enfermedades cardiovasculares, sino también en obesidad, diabetes y algunos tipos de cáncer. ¿Cuál fue el costo de la captura de la ciencia y la política en la salud pública en este caso?

¿Cuál es el costo en nuestro país de la captura de la política contra la obesidad por parte las corporaciones de alimentos y bebidas? ¿En qué medida contribuye a la epidemia de obesidad y diabetes el hecho de que la autoridad no haga cumplir la regulación de alimentos y bebidas al interior de las escuelas? ¿Cuánto contribuye el que tengamos un etiquetado inentendible por los consumidores en alimentos y bebidas, un etiquetado que en vez de advertirles que el producto tiene altos contenidos de azúcar, grasas, sodio, los induce a consumir niveles de azúcar muy altos que representan un alto riesgo a la salud? ¿Cuánto contribuye el que la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas no saludables a la infancia sea una farsa, no regule los programas más vistos por los niños, los horarios donde hay mayor audiencia infantil, la publicidad en los espacios abiertos, en internet, los regalitos, las promociones? ¿Cuánto contribuye el que la Secretaría de Salud haya creado un Observatorio de Enfermedades no Transmisibles para evaluar la política contra la obesidad y que tenga en ella a la industria sentada y a organismos financiados por ella? ¿Cuánto contribuye el que esta Secretaría mantenga estas regulaciones en las condiciones descritas de inefectividad e, incluso, contraproducentes, como el etiquetado?


Los archivos con documentos internos de las corporaciones que generan daños a la salud y el ambiente confirman lo que durante mucho tiempo se denunció, pero los intereses económicos mezclados con los políticos bloquearon las medidas que requerían tomarse. Hasta que la evidencia fue tal que no hubo manera de seguir protegiendo las ganancias de las empresas, los daños estaban ahí y ya no había manera de seguir diciendo que otras eran las causas, que las causas eran múltiples, que era una responsabilidad de los individuos, etc. Ha pasado con el tabaco, con el DDT, con el asbesto, con el alcohol y ahora llega el turno a las bebidas azucaradas y la comida chatarra: la evidencia está ahí.

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