martes, 31 de octubre de 2017

La desilusión.

Javier Risco.

El próximo año votarán por primera vez 14 millones de jóvenes entre los 18 y 23 años, que han vivido más años bajo los gobiernos panistas que los del Revolucionario Institucional.

Jóvenes que se han enterado de la “dictadura perfecta” por libros de texto o por las pláticas dominicales de primos, tíos, padres y abuelos, que les dicen lo mismo: “Hubo un tiempo en el que el día de las elecciones era el día de la simulación, la verdadera incertidumbre se vivía en Los Pinos: ¿a quién señalaría el dedo presidencial? Poner el voto en una urna era un derecho ganado pero inválido”. Historias dolorosas y reales de un México extinto… o no.

Nuestra democracia evolucionó, se crearon partidos, instituciones para proteger el voto ciudadano, se fiscalizaron las elecciones, hubo alternancia en el gobierno y el tricolor se desdibujó de algunas zonas... ¿y? De pronto, 17 años después del 'triunfo de la democracia', cuando a los mexicanos se nos pregunta ¿qué prefieres?: ‘democracia’, ‘gobierno autoritario’ o ‘da lo mismo’, el resultado es devastador: 43 por ciento prefiere democracia, a 42 por ciento de los mexicanos les da lo mismo y 15 por ciento no ven con malos ojos el gobierno autoritario.

Los resultados de la encuesta de Latinobarómetro 2017 que mide, entre otras cosas, el apoyo que la población le otorga a las formas de gobierno democráticas sobre el régimen autoritario, revela que, pese a que nuestra democracia es una de las más costosas del mundo, la gente NO la ve como una solución o la mejor forma de ser gobernados.

Los hallazgos, publicados ayer, dejan ver una disminución de 15 puntos de apoyo a la democracia, sobre los 71 que se manifestaron en la encuesta de 2016.

Ante esta respuesta no sólo se exhibe la decepción, sino la desilusión. No se trata de un enojo por la democracia de papel en la que vivimos, sino la falta de ilusión de un proceso electoral que no tiene intenciones de cambiar las cosas.

El próximo año México tendrá una de las elecciones más costosas y complejas de su historia.

“De acuerdo con la edición 2017 de la encuesta, la preferencia por la democracia bajó de 50 a 42 por ciento en el último año. Esto no significa que las preferencias por un gobierno autoritario hayan aumentado, por el contrario, bajaron de 19 a 15 por ciento. Lo que subió fue la indiferencia hacia el tipo de régimen. Según el estudio, la proporción de mexicanos que dijo que le da lo mismo tener un régimen democrático que uno no democrático aumentó de 31 a 43 por ciento. Este es el nivel más alto de indiferencia política que se registra en el país desde 1995, cuando inició el estudio Latinobarómetro”, señala la encuesta de Alejandro Moreno.

Y no son los únicos datos de alarma: en el país, cuyas elecciones implicarán un presupuesto del Instituto Nacional Electoral de 25 mil millones de pesos, sólo dos de cada 100 mexicanos creen que en el país hay una democracia plena, y nada más el 12 por ciento se siente satisfecho con la forma de gobierno.

Y aunque el financiamiento a los partidos políticos es alto, este año registró el menor índice de confianza en los últimos 22 años: sólo 9.0 por ciento aún cree en estas instituciones políticas, que mucho han contribuido al dramático crecimiento de esta desilusión.

De los 18 países donde se hace este ejercicio estadístico, México tiene el menor índice de confianza en la democracia, por debajo de países como Guatemala o Brasil, donde la corrupción ha llevado a expresidentes a la cárcel. Y sí, la corrupción también entró en la encuesta y se percibe como el tercer problema más grave a resolver.


¿Qué país perciben estos 14 millones de jóvenes que elegirán más de tres mil representantes por primera vez? ¿Con qué argumentos podemos pedirles que en 2018 salgan a una urna a manifestar una elección si todo su panorama de opciones les parece un despropósito? ¿Cómo pedirles la confianza en un sistema que con cada primera plana de un periódico les refuerza esa desilusión?

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